Bajo la lluvia florece la Fe

Capítulo 5: Todo tiene su tiempo

Gero se encontraba en la granja bien temprano ordeñando las vacas. Luego de terminar regresa a la casa, y cuando le lleva el desayuno a su abuelo se lo encuentra tirado en el piso. Rápidamente lo socorre y se da cuenta de que tiene el pulso muy débil, con ayuda de un trabajador de la granja que logró llamar en medio del desespero. Lo montan en la camioneta y él conduce hacia donde vivía, pues allí es donde estaba el hospital más cercano.
Luego de unas horas en el hospital logran controlar el pulso de su abuelo, pero no le dan el alta por seguridad.
—Tú abuelo debe estar aquí unos días más hasta que logramos saber que tiene— le dice una doctora que lo conocía desde pequeño— Aprovecha, da una vuelta por el pueblo, que hace años que no venias por aquí. Yo cuido de tu abuelo.
—Muchas gracias, Carmen. Iré a comprar algunas cosas y aprovecharé para decirle a los trabajadores de la granja que todo está bien; que me demoraré unos días, pero que todo está bien.
Así, para liberar un poco el estrés del susto, Gero sale del hospital y comienza a pasear por el pueblo mientras busca algunas cosas que comprar. Cuando menos lo pensó a su mente vinieron recuerdos de cuando era niño y corría con Melody por las calles.
—¿Por qué vienen a mí mente esos recuerdos? —se preguntaba.
Aunque no quería se dejó llevar por dichos recuerdos y llegó al parque de la ciudad, en donde encontró un árbol que aún conservaba en su tronco sus dos nombres grabados. Gero los toca, y al tocarlos recuerda el momento en que ellos habían puesto esos nombres allí como si lo estuviera volviendo a vivir. Queriendo dejar de ilusionarse, corta el recuerdo drásticamente y se dice a di mismo:
—No. No tienes por qué volver al pasado.
Se levanta y se va; pero cada esquina, cada lugar le recuerda a ella. Apresurado por volver al hospital, para ver si así se olvidaba de ella, pasa por delante de la oficina de correos del pueblo y en eso alguien lo reconoció:
—¡Gero!... ¡Gero! — le grita alguien desde dentro de la oficina. Gero mira desorientado y reconoce a quien lo llama.
—Pedro, mi hermano. Hace mucho que no te veía.
Pedro era uno de los mejores amigos de Gero en la primaria antes de que llegara Melody. Este, al ver que Gero le responde, sale apresurado de la oficina y lo saluda con un fuerte abrazo:
—Tu eres alguien que desapareció totalmente del mapa. Nadie en el pueblo sabía nada de ti. ¿Dónde estabas? Algunos decían que te habías ido con tus padres y otros que estabas en la granja con tu abuelo. Más nadie sabía a ciencia cierta donde estabas porque ni redes sociales tienes. Yo me cansé de buscar tu nombre y nunca lo hallé.
—Desde que se fue mi familia del país estoy cuidando de la granja de mis abuelos. Las redes sociales no las utilizo porque allá no hay cobertura, y tampoco sé cómo usarla— le dice Gero algo apenado porque no sabe qué son las redes sociales.
—Te comprendo, eso es algo novedoso en el pueblo y pocos lo entienden. Si vienes un poco más seguido al pueblo yo te puedo enseñar a usarlas— le dice Pedro animado.
—¿Para qué utilizaría yo el Internet? — pregunta Gero con dudas.
—Para hablar con tu familia y para buscar a cualquier persona en el mundo.
—Con mi familia no tengo problemas porque ellos nos llaman regularmente, pero tengo una duda. ¿Con Internet puedo hallar a cualquier persona del mundo?
—A menos que esa persona no tenga redes sociales como tú, pero si las tiene sí la puedes encontrar.
Esta declaración de Pedro dejó a Gero pensando y le dio una idea para después cuando tuviera tiempo libre.
—Debo volver al hospital, que estoy con mi abuelo enfermo. Fue bueno verte, amigo mío. Quizás cuando mi abuelo mejore llegue un día por aquí para que me enseñes eso del Internet.
Los dos se despiden con otro fuerte abrazo. Al entrar Pedro a la oficina de correos su jefa le dice:
—Pedro, ve a revisar el correo, que llegó correspondencia; para que luego salgas a repartirla.
Pedro asiente con la cabeza y va a hacer lo que su jefa le mandó. Allí revisa lo que había llegado y le llamó la atención algo:
—¿Una carta? — se preguntó incrédulo—¿Quién envía una carta en este tiempo?
Cuando Pedro lee el nombre del remitente le llamó mucho la atención, y cuando leyó para quien era dio un saltó en su silla y salió corriendo de la oficina.
—¡Geroooooo! — gritó con todas sus fuerzas, más Gero ya no estaba por ahí.
Así que se alistó, agarró su bicicleta de repartidor y fue hasta el hospital; pero llegó primero que Gero, ya que este se había vuelto a entretener en el camino. Pedro entró a la sala donde estaba el abuelo de Gero sedado. Al no encontrar a su amigo, ni nadie por allí, tomó la decisión de dejar la carta adentro de una Biblia; la cual estaba sobre una mesita que estaba en la esquina de la sala.
Cuando Pedro iba saliendo del hospital tomó la salida de adelante mientras que Gero entró por la parte de atrás. Gero llegó a donde estaba su abuelo y le agradeció a la doctora por haberlo cuidado mientras él no estaba; la cual no estaba cuando Pedro entró por que había ido al baño. Gero, cuando tuvo un momento a solas con su abuelo, se arrodillo junto a su cama y oró por él. Cuando terminó de orar una voz interior le decía:
—Toma tu Biblia y ábrela en Eclesiastés capítulo 3.
Gero obedeció y abrió su Biblia, encontrando el versículo subrayado que decia:
"Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora." (Eclesiastés 3:1)
Meditando en este texto le preguntaban a Dios:
—¿Qué tiene esto que ver conmigo, Señor?
En un descuido por el cansancio, sus ojos se le cerraron y quedó medio dormido. Su Biblia casi cae de sus manos, pero logró agarrarla antes de que cayera al suelo. Sin embargo, lo que había dentro de ella sí se salió. Se agachó a recogerlo. Entonces notó algo diferente a lo que acostumbraba a guardar dentro de su Biblia; encontró la carta que Pedro le había dejado, la cual tenía como remitente un nombre conocido pero olvidado para él: Melody...




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.