Melody era una chica fan a la lectura. Se había leído casi todos los libros que su padre tenía en su biblioteca. Un día se percató que había uno que aún no había leído, porque estaba en inglés. Sin embargo, ella estaba aprendiendo el idioma y decidió echarle una ojeada a ver si podía entender algo. El libro se llamaba "Steps to Christ".
Enseguida notó que adentro del libro había algo que no pertenecía a él. Encontró la carta con fecha de hace unos cuantos años atrás. Ya había olvidado por completo a su amigo de la infancia y no veía sentido en revivir el pasado. Así que sin remordimiento pensó en quemarla y cerrar por completo ese capítulo de su vida que tanto le había costado superar. Buscó algo para encender fuego, mas no encontró nada. Entonces, sin dudarlo tiró la carta a la basura y siguió con su vida. Sin embargo, alguien la vio y a escondidas agarró la carta de la basura, la limpió y la escondió.
Melody se había convertido en una persona diferente a la que era antes. Después de tanto tiempo su corazón se había endurecido; y ya no era la persona atenta, cariñosa y amable que era cuando aún esperaba con ansias noticias de Gero. El tiempo lo cura todo, dicen algunos; mas en Melody el tiempo no la había curado, sino que había convertido su amor en una especie de rencor y odio hacia Gero.
Se mantenía yendo a la iglesia, no faltaba. Pero su vida y su relación con Dios estaban rotas.
Con veinticinco años trabajaba como profesora de matemáticas en una secundaria. Era algo que no le gustaba, pero lo hacía porque no tenía nada más que hacer. En cierto sentido sí le gustaba su profesión, pero la falta de interés de sus estudiantes la hacían perder el amor por su profesión.
Un día tuvo problemas en su trabajo. La desesperación por hallar la solución a su dificultad la hizo mirar hacia el cielo, y recordó que tenía a Dios en los cielos. Clamó a Él y halló la paz interior que hace tiempo no tenía.
En medio del llanto de arrepentimiento recordó que en su momento de tibieza había desechado una carta por cual había orado mucho tiempo. Entonces corrió, pero ya era demasiado tarde, no quedaba rastro de ella en la basura. Habían pasado unos cuantos días y ya se la habían llevado.
—Señor. que sea tu voluntad. Que siempre sea tu voluntad... —suspiró en oración.
Entró a su casa, tomo agua y luego volvió a su cuarto; en donde encontró encima de la cama la carta que había echado a la basura.
—¿Cómo es posible? —se preguntó a sí misma. Mas no dudó estaba vez y la abrió:
"En estos cinco meses mi vida ha cambiado por completo. Si lograras verme: ya no me hago esos cortes de cabello extraños; ni digo palabras fuera de lugar. De cierto modo Cristo ha trasformado mucho mi vida y le doy gracias a Dios por haberte utilizado para eso. Ya he estudiado la mitad de los versículos bíblicos que me dejaste señalados. He aprendido mucho en las clases de escuela sabática, y tenías razón, la alimentación sana es lo mejor para el cuerpo. En algunas ocasiones los días se han tornado difíciles porque no estás aquí para darme ese abrazo de hermana que tanta calma me daba. Tengo fe de que pronto te voy a volver a ver. Casi lo olvido, aún no encuentro la respuesta a mi pregunta: ¿Por qué sonríes en los días de lluvia?"
Muchos sentimientos se encontraron dentro de Melody. Le pidió perdón a Dios por haber juzgado a Gero. Lloró y sonrió más de una vez de la felicidad. Mientras leía recordaba todo aquello que hicieron juntos cuando eran niños y un llamado en su interior se encendió. De cierto modo, Dios le estaba dando una razón por luchar un propósito por el cual vivir. Se dio cuenta de que por su influencia podía llevar personas a Jesús, y fue entonces cuando comenzó a hallarle sentido a la vida.
La vida no se trata de luchar para ser recordado. La vida tampoco se trata de sólo vivir. Vinimos a este mundo a glorificar a Dios. Vivimos por Él y debemos vivir para Él. Estamos aquí para glorificar a Dios en todo lo que hacemos. Cuando entendemos esto, nuestra vida tiene sentido. Porque sabemos de dónde venimos, para qué estamos aquí y a dónde vamos.