Bajo la lluvia florece la Fe

Capítulo 8: Una nueva vida

A veces los sueños no se cumplen, y solo queda la decepción de saber que no se pudieron cumplir nuestros más grandes anhelos.
Melody tenía un sueño: poder volver encontrar a Gero antes de cumplir 17 años, pero ese sueño no se pudo cumplir. Luego se propuso encontrarlo o al menos saber de él antes de su cumpleaños número 18. Mas tampoco fue así. Aunque se seguía poniendo metas para encontrarlo, llegó el momento en que se rindió, y decidió olvidarlo. Poco a poco fue cayendo en la tibieza de su vida espiritual. Dios ya no era la solución a sus problemas y las dudas se apoderaba de ella.
—Si realmente existes ¿por qué no puedo ser feliz? —le preguntaba a Dios.
Hasta que un día se encontró con Jesús y se dio cuenta de que la felicidad no radicaba en otra persona, sino solo en Jesús. Cuando entendió esto fue que Dios respondió su oración.
La carta que había desechado apareció milagrosamente sobre su cama. Dios utilizó esa carta para darle a Melody el sabor que había perdido para que volviera a brillar como la luz que era. (Mateo 5:13-16) Ella estaba feliz, porque no fue olvidada por su amigo y también porque él había conocido a Jesús. Mas en su corazón no sintió el impulso de ir a por él. Sino más bien que en su interior creció un deseo inmenso de servir a Dios por completo.
Sin pensarlo dos veces, dejó su trabajo y decidió trabajar para Dios. Con el apoyo de su familia se aventuró en la vida misionera y comenzó una vida nueva, en la cual, de lunes a jueves dedicaba ocho horas del día a la predicación del evangelio en varios lugares de la zona en que vivía. Al principio no recibía paga alguna, pero Dios siempre recompensa a sus hijos fieles.
Un día le llegó una oferta para que trabajara en una escuela adventista de su país como profesora. Ella lo puso en oración y Dios le respondió con que debía ir. La escuela quedaba a 500 km de su casa. Ella se mudó con todas sus cosas para ese pueblo donde estaba la escuela y logró conseguir un alquiler, comenzando así una nueva vida.
Por primera vez su trabajo le encantó. No sólo les enseñaba a los niños matemáticas, también les enseñaba de la Biblia y juntos oraban cada día. Sin saberlo, estaba viviendo un sueño que no había soñado.
A pesar de vivir una vida maravillosa y guiada por Dios, Melody quizás sintió lo que Adán cuando le puso nombre a todos los animales y no se halló ayuda idónea para él. (Génesis 2:16-20)
Todos tenemos una media naranja, o al menos eso dicen los románticos.
—¿Quién será mi media naranja? Mejor dicho, Señor: ¿Quién es mi ayuda idónea? Ya casi cumplo 27 años y solo me he enamorado una vez. Mas como siempre digo, Señor: Que sea tu voluntad… tu voluntad, Señor.

Cinco meses antes:
Gero había recorrido 100 km desde que había salido del taller. Ya era casi de noche y debía buscar un lugar para refugiarse. Vio un cartel en la autopista con una flecha grande que decía: "Motel a 3 km". Sin pensarlo, decidió ir allí a refugiarse. Cuando llegó se sorprendió al ver el gran pueblo donde se ubicaba el motel, mas no decidió recorrerlo por el cansancio. Se hospedó en el motel y aseguró bien su moto para que no le pasara lo mismo que le había sucedido anteriormente.
Al otro día temprano fue a comprar gasolina para llenar su tanque para el próximo viaje, y se encontró una Iglesia Adventista del Séptimo Día. Cuando llegó estaba abierta, porque había una limpieza. Llegó, se presentó y comenzó a relacionarse con los que allí estaban. Como adventistas al fin, algunos de esa iglesia conocían a algunos de la iglesia de Gero. Él sonreía con algunas historias que le contaban acerca de unos amigos de él que una vez visitaron esa iglesia. Mas el punto detonante fue cuando alguien dijo:
— Aquí, al igual que en tu iglesia, estuvo el pastor Pedro Rodríguez y su familia.
—¿Cuál Pedro Rodríguez? — pregunta Gero emocionado.
—El único, el que tiene cuatro hijas, la mayor se llamaba… déjame ver si recuerdo...
— Melody— la interrumpe Gero emocionado.
—Si, Melody, y la otra...
Mientras la persona continuaba hablando, a Gero ya no le interesaba más nada, solo lo que en su mente estaba pensando: —Dios me trajo hasta aquí.
—¿Y dónde están ellos hoy en día? —vuelve a interrumpir Gero a la persona que hablaba.
—Ellos, después de esta iglesia, fueron para la Unión, que está en la capital; y después, según tengo entendido, los llevaron hace unos tres meses de misión para otro país.
—¿Para otro país? — pregunta Gero con el corazón roto.
—Sí, para otro país, pero no se cual es.
—Muchas gracias— el corazón de Gero se rompió en dos. Si encontrarla en su propio país era difícil, en otro país lo sería aún más.
Después de llenar su tanque de gasolina desistió y decidió regresar a casa. Sin embargo, tuvo que esperar un día más, porque una fuerte lluvia se hizo presente en el pueblo lo que restó de la mañana y la tarde. En la noche, el cielo se despejó y no llovió más.
Gero recordó que los hermanos lo habían invitado a la iglesia, pues esa noche había un evento especial, así que se vistió y asistió al culto. Después de terminar el culto, algunos le rogaron que se quedara hasta el sábado y el pastor le ofreció predicar. Gero, confiando en que Dios tenía un plan con todo, decidió quedarse y predicar.
El culto del sábado fue de bendición para todos. Dios utilizó a Gero y el Espíritu Santo se derramó en ese lugar. Luego de disfrutar de un rico almuerzo junto a los hermanos de la iglesia, el pastor se acercó a Gero y le dijo:
—¿Te gustaría, dentro de cinco meses, tener una semana de evangelismo aquí en esta iglesia y en la iglesia de la escuela que tenemos a unos 20 km de aquí?
—Por supuesto que me encantaría. El problema es que mi abuelo está enfermo, pero si es la voluntad de Dios, aquí estaré.
—No te preocupes, Dios está al control de todo. ¿Me permites orar por ti?
—Por supuesto pastor— respondió Gero emocionado.
—Señor que estas en el cielo. Santificado sea tu nombre. Confiamos en tu propósito. No sé, Señor, por qué Gero llegó a este pueblo; pero tu sí, Dios. Tú conoces todo, por eso te pido que le bendigas con tu Espíritu Santo y que lo que ande buscando en ti lo pueda hallar. Que se cumpla tu voluntad en su vida y que pronto pueda estar de vuelta con nosotros para seguir compartiendo tu palabra. Utilízalo en tu obra y no lo dejes volver atrás. Cuida a su familia y protégelo de vuelta a casa. En el nombre de Jesús. Amén"
Luego del pastor terminar de orar lo abrazó, y Gero se marchó a su apartamento. Al otro día bien temprano alistó su moto y comenzó su viaje de regreso a casa.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.