Bajo la lluvia florece la Fe

Capítulo 10: Donde Dios me llame, allí iré

Hemos corrido mucho sin encontrar dirección. Ha llovido mucho desde que te fuiste. Supongo que sigues sonriendo, pero para mi desgracia no puedo ver tu sonrisa...
Un Gero melancólico conduce la moto bajo la lluvia, cuando está a pocos kilómetros de su destino. A lo largo de la carretera, sin razón alguna, solo ha tenido recuerdos de Melody.
—Yo creo que no solo era esa hermana que yo quería tener. En el fondo la amaba más allá de una amistad. Cuando se enfermaba me preocupaba demasiado y cuando hablaba con otros chicos sentía un celo por ella que no podía explicar— sonríe Gero mientras habla en su mente— Ahora entiendo, después de tantos años, que estaba enamorado. Solo que no sabía lo que era el amor. Porque me sentía tan bien que hice del amor mi pan de cada día.
Media hora después, Gero llegó al pueblo donde lo estaban esperando los hermanos de la iglesia. Al verlos, se sorprendió que tantos lo estuvieran esperando:
—Hola, hermanos ¿Ustedes me estaban esperando a mí? —pregunta con un poco de dudas y medio nervioso.
—Pues sí, predicador. Todos los que estamos aquí presentes queríamos darle la bienvenida—le responde el pastor y luego añade— Sé que vienes un poco cansado, pero necesitamos ahora hacer una pequeña reunión para ultimar los últimos detalles de estas dos campañas evangelísticas.
—No hay problema con eso, pastor. Solo necesito un trago de agua— le respondió Gero, mirando a todos sonriendo.
Media hora después, terminaron la reunión; y ese mismo día por la noche comenzó la primera campaña que tenía. Gero se asombró al ver que a la campaña fueron 40 visitas en una noche sin contar a los niños.
—Realmente aquí hay hambre y sed de la palabra de Dios. Señor, utilízame con el poder de tu Espíritu Santo, y que sean tus palabras y no las mías— le dijo a Dios en una oración en su mente.
La campaña fue un éxito para la Gloria de Dios. 25 personas decidieron entregarse a Cristo en las aguas bautismales.
—Descansa hoy tu voz, amigo mío; que mañana estaremos viajando hacia la escuela para que comiences la otra campaña— le dijo el pastor sonriendo.
—Dónde Dios me llame, allí iré— respondió Gero lleno de gozo. Lo que él no sabía era que en la escuela su pasado se encontraría con su presente sin darse cuenta.
Al día siguiente el pastor y Gero salieron cada uno en su moto. Cuando llegaron a la escuela, un comité de alumnos los estaba esperando, y apenas bajaron de sus motos los recibieron con himnos de alabanza a Dios y una cadena de oración. Gero estaba feliz. Era su primera vez en una escuela netamente cristiana. A los dos los llevaron a sus habitaciones y luego al comedor para darles almuerzo.
Mientras Gero estaba comiendo, algo en su interior le dijo:
—Mira hacia tu derecha...
Gero giró su cabeza lentamente hacia su derecha y vio a una mujer por la ventana de vidrio del comedor. Ella era linda, con el pelo suelto de color miel, el cual se movía por el aire. Gero quedó como hipnotizado y en ese instante el pastor chasqueo sus dedos haciéndolo volver en sí.
—¿Te pasa algo amigo, que te veo medio ido?
Gero, medio embobado, mira al pastor y le dice: —¿Usted sabe quién es esa chica? —En ese momento se gira de nuevo, pero ya por la ventana no se veía a nadie.
—¿Dónde? No veo nadie por ahí afuera.
Gero se levanta y sale del comedor, pero no había nadie por todo el lugar.
—¿Qué me está pasando, Señor? —le pregunta a Dios en su mente.
—Son muchas horas de camino. Lo mejor es que te bañes y duermas un rato. — le sugiere el pastor, que lo había seguido hasta afuera.
Luego los dos se fueron cada uno a su habitación, se bañaron y tomaron una siesta para descansar del viaje.
...
—El predicador es realmente lindo. —dice emocionada una de las amigas de Melody,
—Siii. Hoy en la noche comienza. Vamos a ver, cuando se presente, si dice que está soltero para conocerlo. —añade la otra.
—Melody, aprovecha. Quizás ese sea el hombre que Dios tiene para ti. No pierdas el tiempo, que de las tres eres la más vieja. Ya es tiempo de que te cases, ¿No crees?
Melody sonriendo les dice a sus dos amigas:
—Ustedes saben que realmente no me importa casarme. Lo único que quiero es servirle a Dios. El predicador no lo he visto aún, y no sé si pueda verlo, porque estoy un poco enferma. Así que no creo poder estar en los cultos de por la noche.
—Melody, él es un siervo de Dios que anda sin su ayuda idónea, tú quizás seas esa ayuda que el necesita.
—Ya les dije que yo…
En ese momento llegó un anciano de la iglesia apresurado a donde ellas estaban.
—Melody, necesito de ti. La niña que teníamos para la parte especial de hoy está enferma con el virus del dengue. Necesito que tú tomes su lugar.
—Claro que sí, hermano. Estamos para servir— respondió Melody firmemente.
—Muchas gracias. A las 7:45 pm nos vemos en la capilla para organizarnos y orar por el predicador.
—¿Lo ves? Ahora no tienes excusa para conocerlo. —dijo la otra amiga en cuanto el anciano se fue.
—Ustedes son terribles— les dice Melody y todas comienzan a reír.




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