Gero, junto al pastor, llevaba ya una media hora de viaje y unos cuantos kilómetros recorridos, cuando su corazón le dijo que volviera.
—Señor ¿será la correcto volver? Si vuelvo pensará que estoy loco, pero si no vuelvo mi corazón va a estallar. Al fin lo entiendo, Señor: es ella la que tienes para mí. ¿Quién mejor que ella? Nadie....
Gero conversaba con Dios indeciso, parado en una esquina del camino sin saber si volver o no. Hasta que...
—¿Después de tanto tiempo te irás, tan fácil, sin esa respuesta que buscas? —le dijo su conciencia.
—Señor, si es ella, te pido que me des una señal clara en cuanto vuelva a verla dentro de unos minutos. Quiero que al llegar empiece a llover y ella salga a recibirme sonriendo, sonriendo bajo la lluvia...
Gero, sin saber qué estaba haciendo decidió volver atrás. El pastor no se dio ni de cuenta cuando Gero dio la vuelta y se fue, hasta que en un instante miró hacia atrás y no lo vio. Sonrió y se dijo a sí mismo.
—Mucho demoró en virar.
Gero le apretó el acelerador como nunca antes a su moto. Mientras, el cielo se oscurecía por nubes negras, pero Gero no notaba esto; él solo quería llegar luego de una media hora. Llegó en medio de un intenso aguacero.
Melody estaba feliz como nunca, al fin había vuelto a encontrar al amor de su vida. Cuando vio que comenzó a llover quiso celebrarlo. Salió a jugar con los charcos y darse un baño bajo la lluvia, mientras sonreía.
En ese momento escuchó el sonido de una moto y se acercó a la cancha de fútbol para ver hacia el parqueo, a ver quién era. Para su sorpresa, era Gero que había vuelto. Gero guardó la moto en el parqueo al llegar en donde que había techo, pero al mirar afuera vio a Melody que lo miraba desde la cancha de fútbol. Se quitó la chaqueta apresurado y se quedó con un pullover. También se quitó los zapatos, y corrió hacia donde ella estaba.
Con ganas, pero sin valor, se quedó al frente de ella, como a un metro. Tantos kilómetros que lo habían separado por años de esa respuesta y todos los kilómetros se redujeron a un solo metro en ese mismo momento.
—No podía esperar más, quiero saber el ¿por qué? —sonríe Gero de felicidad, pero esta sonrisa se convierte en un llanto alegre.
—¿Qué quieres saber en realidad? —preguntó Melody, a quien las gotas de lluvia casi no la dejaban ver.
—¿Por qué el primer día en que te vi sonreías en un día tan lluvioso como ese? ¿Por qué incluso hoy sonríes bajo la lluvia?— pregunta Gero impaciente.
—Recuerdo que tenía siete años cuando le dije a Dios por primera vez que quería conocer a mi príncipe a azul. A ese caballero que pasaría la vida conmigo cuando fuese grande para tener novio. Le dije a Dios: “Dios, sé que soy muy chiquita para enamorarme, pero quiero que me muestres quien será ese príncipe azul que me cuidará en un futuro. Solo quiero saber quién es, y te prometo, Dios, que esperaré el tiempo que sea preciso por él” … Ese día me habían cambiado de escuela, y como en mi nueva aula no había profesores decidí quedarme con mi hermano. En medio de la lluvia floreció mi Fe, porque esa fue la primera vez que Dios me habló. Recuerdo que escuche su voz decirme: “Sonríe, tu príncipe azul está en la puerta”. Fue entonces cuando te vi y sonreí. No sabía quién eras, pero si sabía que Dios no se equivoca. Hoy en cuanto te fuiste agradecí a Dios por volverte a ver. Cuando dudaba de su promesa llegaste aquí, y mientras pedía perdón por dudar comenzó a llover otra vez. Entonces salí y te encontré.
Después de decirle esto, Gero se quedó sin palabras. Melody lo amaba más de lo que él esperaba.
—Yo siempre tuve miedo a enamorarme de ti y que me rechazaras. No era cristiano, tampoco era la gran cosa. Y aunque pasé mucho tiempo pensando en ti, cuando llegue aquí seguí teniendo miedo de decirte lo que siento. Mas Dios no se equivoca, porque le pedí una señal antes de volver aquí y Él me respondió.
Melody sonríe como si fuera la primera vez que lo hiciera como niña pequeña, como una feliz. Gero sonríe también. Los dos se acercan, se abrazan… y luego se besan. Se sentía extraño para los dos, sin embargo, era lo mejor que habían experimentado.
Luego de esto la lluvia cesó; los dos sonrieron al ver que un arcoíris había salido en el cielo. Y juntos se fueron.
—Mírala, que feliz me hace verla así... —comentaban las amigas de Melody, que la veían desde una ventana a lo lejos.
…
Cinco años después.
—¿Nervioso?
—Es mi primera graduación, Justin ¿Cómo no estarlo?
—La mía también, Gero, pero no puedes tener pena si vas a ser pastor— ambos ríen y caminan juntos por un pasillo junto a otros graduados, a quienes les entregan el título de Licenciados en Teología. Todo el público presente aplaude.
—Justin, debo confesarte algo— le susurra Gero.
—Bueno, hazlo rápido, porque cuando me baje de aquí, mi familia va a querer tirase fotos en todos los lugares de este semanario— ambos se ríen— Dime ¿Qué te preocupa?
—Me aterra la idea de ser padre. No sé si lo podré hacer bien.
—Recuerda: “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.”
—Santiago 1:5— sonríe— pensé que solo aplicaba a los exámenes.
—Aplica a todo, Gero. Además, Melody será una buena madre. Se le nota en la cara.
Después de un minuto todos van con sus familiares a capturar el momento en una fotografía. Melody, embarazada de seis meses, posa con Gero abrazada para una foto, la cual termina en la pared de su casa frente a su título de teólogo.
A veces las señales de Dios llegan rápido, sin embargo, la bendición demora. Porque Dios nos da la promesa, pero sus promesas no van acorde con nuestro tiempo, sino con el suyo. El tiempo de Dios es perfecto. Dios le hizo una promesa a Abraham cuando esté tenía 75 años, sin embargo, la respuesta llegó 25 años después, cuando cumplió y vio nacer a su hijo Isacc.
Dios cuando promete cumple. Dios no se demora, llega en el momento exacto. ¿Quién es tu Melody o quien es tu Gero? Confía en Dios en el momento exacto, él o ella llegará a tu vida. Dios no falla.
Dios te bendiga hoy y siempre
Hzles