Me desperté porque alguien gritó:
—¡ESO NO ERA SHAMPOO!
Abrí los ojos.
Silencio.
Luego risas en el pasillo.
Bien. Nada raro. Solo una residencia femenina despertando.
Me quedé mirando el techo unos segundos, tratando de recordar dónde estaba.
Nueva ciudad. Nueva habitación.
Nueva compañera que dormía como si el mundo no existiera.
Giré la cabeza.
Dana estaba dormida boca arriba, con un brazo colgando fuera de la cama como si hubiera perdido una pelea en sueños.
Sonreí.
Me levanté despacio para no despertarla y fui hasta la ventana.
Corrí apenas la cortina. El cielo estaba gris claro, silencioso.
La residencia aún parecía dormida.
Había algo especial en ese momento.
Sophia decía que las mañanas eran como empezar una hoja nueva. “Todavía no la arruinaste”, decía riéndose.
Apoyé la frente contra el vidrio frío.
—Página nueva —susurré.
—Si sigues hablando sola, voy a preocuparme —murmuró Dana desde la cama.
Me giré.
—No estaba hablando sola.
—Estabas mirando el cielo como protagonista de película triste.
—No era triste.
—Era dramática.
Le lancé una mirada.
—Son las siete de la mañana, Dana.
—Exacto. Nadie debería reflexionar a esa hora.
Me fui al baño riendo en silencio.
Veinte minutos después ya estábamos listas.
Bajamos al comedor en modo “no nos hablen hasta el café”.
Había una chica discutiendo con la máquina de tostadora.
Otra estaba intentando peinarse con el reflejo de una cuchara.
Dana agarró una bandeja y me miró seria.
—Tengo información importante.
—Eso suena peligroso.
—Hoy volvemos a la cafetería.
La miré.
—¿Volvemos?
—Con Liam y Luke. Acostúmbrate, iremos muy seguido.
Intenté mantener la expresión neutral. Creo que me salió más sospechosa de lo que quería.
—Ah.
—No hagas ese “ah”.
—¿Qué “ah”?
—Ese que dice “no me importa”, pero sí te importa.
—No me importa.
Dana tomó una tostada.
—Perfecto. Entonces no te molestará que Liam preguntara si ibas a ir.
Casi dejo caer la taza.
—¿Preguntó?
—Relájate. Lo dijo casual. Tipo: “¿Ellie va a ir también?” Como si no le interesara. Pero le interesaba. Yo sé que si.
—Eres insoportable.
—Lo sé.
Tomé mi café.
Miré la espuma unos segundos.
Con la punta de la cucharita dibujé una curva pequeña.
Una luna.
Ya me había acostumbrado a hacer formas de luna en el café.
No era perfecta.
Sophia las hacía mejor.
La miré apenas un segundo más.
Dana se inclinó.
—¿Eso es una sonrisa rara o estás planeando algo?
—Estoy dibujando una luna.
—Ah. Pensé que era una papa flotando.
—Qué obsesión con las papas.
—Es el hambre.
Le di un sorbo al café.
—Hoy es la charla de bienvenida oficial en el auditorio de la universidad. Al frente está la residencia masculina, donde está Liam y Luke osea que ellos irán con nosotras.—Dijo Dana.
Mi estómago hizo una pequeña pirueta.
Primer día real.
—Vamos —dijo ella levantándose—. Antes de que nos manden al fondo.
Salimos hacia el campus.
El cartel en la puerta decía claramente: RESIDENCIA FEMENINA — ACCESO RESTRINGIDO A VARONES.
Dana lo señaló.
—Nunca olvides que tenemos territorio propio.
—¿Planeas defenderlo?
—Si hace falta.
El aire afuera estaba fresco, con ese olor a hojas y asfalto tibio.
Caminamos entre estudiantes medio despiertos hasta que los vimos.
Liam y Luke estaban cerca de la entrada principal.
Liam sostenía un café gigante.
—Buenos días, habitantes del edificio misterioso —saludó.
—Buenos días, persona que definitivamente no tiene permiso para entrar ahí —respondió Dana.
—Jamás lo intentaría. Me gusta estar vivo.
Luke rió bajito.
Caminamos juntos hacia el auditorio.
—¿Sobreviviste a la primera noche? —preguntó Liam, caminando a mi lado.
—Sí. Solo hubo un intento de homicidio con tostadora.
—Eso suena intenso.
—Las mujeres somos criaturas complejas.
—Lo sospechaba.
Entramos al auditorio lleno de estudiantes y nos sentamos en la mitad.
El director empezó a hablar.
A los cinco minutos ya había dicho “salir de la zona de confort” cuatro veces.
A los diez, “futuro brillante”.
Liam inclinó la cabeza hacia mí.
—¿Esto viene con examen?
—Sí. Si sobrevives sin dormirte, apruebas.
—Estoy en peligro.
—Lo noto.
El discurso terminó oficialmente veinte minutos después de que todos dejáramos de escuchar.
Salimos al pasillo en una masa desordenada de estudiantes con energía falsa.
—Si vuelvo a escuchar “salir de la zona de confort”, me cambio de carrera —dijo Dana.
—¿A qué? —preguntó Luke.
—A algo donde pueda quedarme en mi zona de confort.
—Eso no existe —respondió Liam.
—Entonces exijo reembolso.
Yo iba a decir algo cuando lo escuché.
—Elizabeth.
Me quedé quieta.
Solo habían 2 personas que me llamaban por mi nombre. Una ya no estaba. Y la otra estraba detrás de mí.
Dana frunció el ceño.
—¿Quién te dijo así?
Me giré.
Clara estaba detrás.
Con sus tres amigos
. Los cuatro mirándonos como si hubieran estado esperando el momento exacto.
—Hola —dijo Clara.
—Hola.
—No sabía que estabas acá.
—Y yo no sabía que tú...
Dana intervino.
—Es Ellie.
Clara sonrió apenas.
—Ah. ¿Ahora es Ellie?
No respondí.
Clara dio un paso más cerca.
—Me sorprende verte tan tranquila después de todo
. —¿Después de qué? —preguntó Dana.
—Nada —dije rápido.
Pero Clara no se detuvo.
—Su mejor amiga se enfermó. Murió. Y ella desapareció.
Silencio.
—No hables de eso —dije.
—¿Por qué? No es un secreto. Fue una enfermedad. Pasa.