—Si chocas, yo digo que no te conozco —dice Luke apenas Liam prende el auto.
—Ni arrancamos todavía —dice Dana.
—Estoy previniendo.
Yo me pongo el cinturón y miro a Liam.
—¿Siempre es así?
—Hoy está tranquilo —responde él.
—¿TRANQUILO? —grita Luke desde atrás—. Estoy siendo una persona estable.
—Si eso es estable, estamos mal —dice Dana.
Liam empieza a manejar y Luke narra todo.
—Está doblando… está mirando el espejo… Esto es tensión pura.
—Bájate —dice Liam sin mirarlo.
Yo me río.
—No te rías —me dice Liam—. Lo motivas.
—No hago nada.
—Tu risa lo alimenta.
Luke se inclina entre los asientos.
—Ellie entiende el arte.
Dana lo empuja hacia atrás.
—Si te caes arriba mío en una frenada, te dejo en la rambla.
El viaje pasa entre peleas por la música.
Luke quiere poner algo horrible.
Dana amenaza con tirar el celular por la ventana.
Liam sube y baja el volumen como si nada.
Cuando llegamos, el cielo está naranja y el agua se ve tranquila.
Luke baja primero.
—Sobrevivimos. Aplausos para el conductor.
Liam hace una cara seria.
—Gracias, soy profesional.
—No exageres —digo.
—Jamás exagero.
Dana ya está caminando hacia el borde.
—Si alguien cae, no me miren a mí.
—Eso se avisa antes —le digo.
Luke empieza a tirar piedras al agua.
—Miren esto.
La piedra rebota una vez y se hunde.
—Eso fue triste —digo.
—Era artística —responde él.
Nos sentamos en el borde.
Dana y Luke discuten si una gaviota los está mirando feo.
—Nos quiere atacar —dice Luke.
—Eres tú el que parece sospechoso —dice Dana.
Yo me río y miro el agua.
Liam se sienta a mi lado.
—¿Te gusta venir acá? —le pregunto.
—Sí. Está bueno. Nadie molesta.
—Excepto nosotros.
—Ustedes son ruido aceptable.
—Qué amable. El viento me mueve el pelo otra vez.
—Te está ganando el viento —dice él.
—Sí, ya me rendí.
—Cámbiate de lado. Ahí pega menos.
—¿Eso es ayuda o te molesta mi pelo?
—Un poco de las dos.
Le doy un pequeño golpe con el hombro.
Nos cambiamos de lugar.
Luke aparece de nuevo.
—Necesito opinión. Si salto desde ahí, ¿caigo bien?
—No —decimos los tres.
—Cero apoyo.
Dana lo agarra del buzo.
—Si te rompes algo, no te cargo.
—Confía en mí.
—No.
Luke finalmente se sienta más lejos.
Quedamos más tranquilos.
El agua hace ese sonido suave contra el cemento.
—Venía a lugares así cuando era chico —dice Liam de repente.
Lo miro.
—¿Sí?
—Bueno… no como este. No había agua. Pero me escapaba a la terraza del edificio.
—¿Para qué?
—Para estar solo.
Lo dice normal.
Como si fuera cualquier cosa.
—¿No podías estar solo en tu casa?
Niega con la cabeza.
—Éramos muchos en un espacio chico. Siempre había ruido. Siempre alguien hablando, peleando, algo. Siempre algo.
No lo dice triste.
Solo lo dice.
—Entonces te molestaba.
—A veces. A veces no. Pero si quería pensar, tenía que irme arriba.
—¿Y nadie te decía nada?
—No se daban cuenta.
Eso me deja pensando.
—¿Te querías ir de ahí? —pregunto.
Se queda mirando el agua.
—Sí.
Simple.
—¿Y fue difícil?
Se encoge de hombros.
—Sí.
—Eso no explica nada.
—No quiero explicar todo.
Sonríe un poco cuando lo dice.
—Está bien —le digo.
Nos quedamos en silencio un segundo. Luke vuelve.
—¿Están teniendo conversación secreta?
—Estamos hablando de gaviotas —dice Liam.
—Ah, perfecto. Tema serio.
Dana se sienta al otro lado mío.
—Luke cree que las gaviotas atacan en grupo.
—Solo si hueles a comida —dice Liam.
Luke se huele la remera.
—Estoy en peligro.
Nos reímos.
Después vuelve el silencio tranquilo.
—¿Y ahora? —le pregunto a Liam bajito, volviendo al tema de antes—. ¿Extrañas ese lugar?
Piensa un momento.
—Extraño a mi mamá ahí.
No dice más.
Pero eso ya es mucho.
—¿Ella sigue allá? —pregunto.
—Sí.
—¿Vas seguido?
—Cuando puedo.
Lo dice corto.
Pero no frío.
—Supongo que crecer no es tan fácil como parece —digo.
—No. Pero vale la pena.
Me mira cuando dice eso.
Y no sé si habla del lugar.
O de estar acá.
O de otra cosa.
Pero ya no pregunteré.
Luke grita porque casi se resbala.
Dana le pega un pequeño empujón.
—Algún día vas a aprender.
—Jamás.
Liam se levanta para ir al auto.
—Voy por las bebidas. ¿Quieres?
—Sí.
—¿Cuál?
—La que tú quieras.
Asiente y se va.
Dana me mira.
—Te cae bien.
—No es insoportable.
—Eso es mucho viniendo de ti.
Luke aparece por detrás.
—Yo también soy agradable.
—No —decimos las dos.
Cuando Liam vuelve, me pasa la botella.
Nuestros dedos se tocan un segundo.
Nada de otro mundo.
Pero ninguno aparta la mano rápido.
Nos quedamos ahí hasta que el cielo se vuelve más oscuro.
Hablamos de tonterías.
De clases.
De planes ridículos.
Pero algo es distinto.
Ahora sé que cuando él se queda callado no es porque no tenga nada que decir.
Es porque elige qué decir.
Y yo ya no siento que soy la única contando cosas de mi vida.