La rambla ya está casi vacía.
El cielo se volvió azul oscuro y las luces de la calle se reflejan en el agua.
Luke está intentando grabar un video diciendo que “sobrevivió a una salida extrema”.
—Extrema fue tu coordinación —dice Dana.
—Estoy creando contenido.
—Estás creando vergüenza —responde Liam.
Yo estoy sentada en el borde otra vez, balanceando los pies.
—¿Tienes frío?
—me pregunta Liam.
—Un poco.
Sin decir nada, se saca la campera y me la pasa.
—No es necesario.
—Ya lo hice.
—Después no te quejes.
—No me quejo tanto.
—Te quejas bastante.
—Eso es mentira.
Se ríe.
Me pongo la campera.
Huele a él.
Eso me distrae más de lo que debería.
Luke aparece de repente.
—¿Interrumpí algo?
—Sí —dice Liam.
—Perfecto.
Dana lo arrastra de vuelta.
—Ven, deja de molestar.
Quedamos otra vez solos. Más tranquilos.
—Gracias —le digo bajito.
—¿Por la campera o por traerlos?
—Por todo.
Se queda mirándome un segundo.
No es incómodo.
Es… distinto.
—No siempre tuve muchas cosas —dice de repente.
No lo dice mirándome.
Mira el agua.
—Pero cuando tenía algo… lo cuidaba mucho.
No entiendo al principio.
Después, sí.
Y no habla de la campera.
—¿Y ahora? —pregunto.
—Ahora estoy aprendiendo a no perder lo que sí quiero.
Eso no es una confesión directa.
Pero se siente como una.
Mi corazón hace algo raro.
Antes de que pueda decir algo… El celular de Liam suena.
Mira la pantalla.
Su expresión cambia.
No es exagerado.
Pero se nota.
—¿Todo bien? —pregunto.
Duda.
Contesta.
—Hola.
Se levanta y camina unos pasos más lejos.
No escucho todo.
Solo fragmentos.
—¿Ahora?
—¿Está…?
—Sí, voy.
Cuando vuelve, ya no está sonriendo.
—Tenemos que irnos —dice.
Luke deja de hablar por primera vez en la noche.
—¿Qué pasó?
Liam duda un segundo.
—Mi mamá.
Eso es todo lo que dice.
Pero alcanza.
El aire cambia.
—¿Está bien? —pregunto.
—No sé. Me llamaron del hospital.
Mi estómago se aprieta.
—Vamos —dice Dana sin dudar.
Liam niega con la cabeza.
—No, yo los dejo y después voy.
—Ni loco —dice Luke—. Vamos contigo.
—No es necesario.
—No estamos preguntando —dice Dana.
Yo ya me saqué la campera.
Se la devuelvo.
—No tienes que llevarnos primero.
Me mira.
Y por primera vez desde que lo conozco… Se ve perdido.
No dramático.
No llorando.
Solo… asustado.
—Vamos contigo —repito.
No discutimos más.
Caminamos rápido al auto.
Nadie hace chistes ahora.
Luke no habla.
Dana tampoco.
Yo miro a Liam mientras maneja.
Tiene las manos firmes en el volante.
Pero sé que está pensando mil cosas.
Le apoyo la mano en el brazo.
No digo nada.
Solo eso.
Él no me mira.
Pero tampoco se aparta.
Y en ese momento entiendo algo: A veces lo lindo no es una frase perfecta. Es quedarse. Aunque el día cambie. Aunque todo se vuelva más serio.
Y cuando el hospital aparece a lo lejos… Sé que algo va a cambiar.
Las luces del hospital hacen que todo se vea más blanco de lo normal.
Liam estaciona rápido.
Nadie dice nada.
Y bajamos.
Las puertas automáticas se abren y el aire frío nos pega en la cara.
—Puedes esperar aquí si quieres —me dice Liam.
—No —respondo.
No voy a dejarlo solo ahora.
En la recepción, una mujer pregunta el nombre.
—Laura Méndez —dice Liam.
Se nota que intenta sonar tranquilo.
La mujer revisa algo en la computadora.
—Sala 3. Fue un episodio de presión alta, pero está estable.
La palabra estable cae como aire.
Liam asiente.
—Gracias.
Caminamos por el pasillo.
—Si quieren… pueden quedarse aquí —dice Liam a Luke y Dana.
—Cállate —dice Dana—. Vamos.
Luke asiente en silencio.
Por primera vez no tiene un comentario.
Cuando llegamos a la sala, Liam entra primero.
Yo me quedo en la puerta.
Una mujer está sentada en la camilla.
Se ve cansada, pero consciente.
—Mamá —dice Liam.
Ella sonríe apenas.
—No pongas esa cara. No me estoy muriendo.
Incluso así, su voz es débil.
Liam se acerca.
—¿Qué pasó?
—Nada. Me mareé. Exageraron.
—Te llevaron en ambulancia.
—Drama innecesario.
Luke me mira como diciendo “ok, me cae bien”.
La mamá de Liam nos ve.
—¿Y ustedes?
—Amigos —dice Liam.
—Hola —dice ella con una sonrisa suave—. Perdón por arruinar la noche.
—No arruinó nada —dice Dana rápido.
—Fue un paseo diferente —agrega Luke, más bajo que de costumbre.
Yo me acerco un poco.
—Soy Ellie.
Ella me mira un segundo más de lo normal.
—Gracias por venir.
No sé qué responder a eso.
Un médico entra y explica que fue un pico de presión.
Estrés. Cansancio. Nada grave.
Pero necesita descansar más.
Liam escucha todo atento.
Hace preguntas.
Más serio de lo que lo había visto antes.
Cuando el médico se va, su mamá lo mira.
—No pongas esa cara.
—¿Qué cara?
—Esa. La que pones cuando quieres arreglar todo.
Él baja la mirada.
—Estoy bien —dice ella—. Solo me mareé.
—No estabas contestando el teléfono.
—Estaba en el suelo, genio.
Luke se ahoga intentando no reír.
La tensión baja un poco.
Después de unos minutos, la enfermera dice que solo uno puede quedarse un rato más.
Liam nos mira.
—Vayan. Yo después los alcanzo.
—No tienes que hacerlo —le digo.
—Quiero hacerlo.
Dana toca mi brazo.
—Vamos a darle espacio.