Me despierto antes de que suene la alarma.
Y eso es raro.
Abro los ojos y por un segundo no entiendo qué día es.
Después recuerdo.
Domingo.
Hospital. Hamburguesas. Risas raras a las once de la noche.
Me quedo mirando el techo.
No debería estar sonriendo.
Pero lo estoy.
Agarro el celular.
Un mensaje.
Liam.
“Mi mamá está mejor. Ya está en casa.”
Suelto el aire que no sabía que estaba reteniendo.
Respondo.
Me alegra. Dile que no puede asustarnos así otra vez.”
Tarda poco.
Le voy a decir. Gracias por ayer.”
Me quedo mirando esa frase.
Dana se mueve en la cama de al lado.
—¿Por qué estás despierta tan temprano un domingo?
—No sé.
—Eso es sospechoso.
No respondo.
—¿Es Liam?
Le tiró la almohada.
—Cállate.
—Es Liam —dice riéndose.
Me levanto antes de que empiece a analizar mi cara.
Necesito café.
Más tarde, estoy sentada en el patio de la residencia femenina.
Hay sol.
Domingo tranquilo.
Algunas chicas llaman a sus casas.
Otras estudian con cara de sufrimiento.
Mi celular vibra.
Liam: ¿Planes hoy o vas a fingir que estudias?
Sonrío.
Ellie: Ofendida. Estoy estudiando mentalmente.
Liam: Eso no cuenta.
Pausa.
Liam: Voy a la cafetería del campus. ¿Vienes?
Domingo.
No hay prisa.
No hay excusa.
Ellie: Voy.
La cafetería está más vacía que ayer.
Lo veo primero.
Está apoyado en el mostrador, hablando con el chico que atiende.
Se le ve más tranquilo que anoche.
Cuando me ve, levanta la mano.
—Pensé que ibas a tardar más.
—Pensé que ibas a pedir sin mí.
—Lo consideré.
—Qué traidor.
Pedimos café y nos sentamos cerca de la ventana.
El sol entra de lado.
Se siente… normal.
Y eso me gusta.
—¿Cómo está tu mamá hoy? —pregunto.
—Mejor. La obligué a quedarse en cama.
—¿La obligaste?
—Lo intenté.
—¿Y te hizo caso?
—Más o menos.
Me río.
Hablamos de cosas simples.
De lo tarde que volvió Luke.
Que Dana mandó un audio diciendo que odia los hospitales.
Es tranquilo.
Hasta que él dice:
—Mi mamá preguntó por ti.
Levanto la vista.
—¿Por mí?
—Sí.
—¿Qué dijo?
Bebe un poco de café antes de responder.
—Dijo que parecías importante.
Mi corazón hace algo raro.
—¿Y qué le dijiste?
Se encoge de hombros.
—Que somos amigos.
Amigos.
La palabra no está mal.
Pues es la verdad.
Pero se siente pequeña comparada con lo que fue anoche.
—Claro —digo—. Somos amigos.
Me mira.
—No pongas esa cara.
—¿Qué cara?
—La de que eso no te gustó.
—No dije eso.
—No tienes que decirlo.
El aire cambia.
No estamos peleando.
Pero ya no es tan ligero.
—No quiero apresurar nada —dice él, más serio—. Ayer fue intenso. Y me gustó que estuvieras. Pero no quiero hacerlo raro.
Eso no suena a rechazo.
Suena a miedo.
—No lo estoy haciendo raro —respondo.
—Un poco sí.
—Bueno, perdón por tener sentimientos normales.
Él suspira.
—No soy bueno en esto.
—¿En qué?
—En decir lo que siento sin arruinarlo.
Eso baja un poco la tensión.
—Entonces no lo arruines —digo.
Me mira.
Y sonríe apenas.
—Estoy intentando.
No resolvimos todo.
Pero tampoco lo rompimos.
Cuando salimos de la cafetería, caminamos uno al lado del otro.
No tan cerca como anoche. Pero tampoco lejos.
Y creo que eso es lo que da miedo.
Que algo está creciendo.
Y ninguno sabe todavía cómo llamarlo.
Salimos y el sol pega más fuerte que antes.
Caminamos unos pasos en silencio.
No incómodo.
Pero tampoco como ayer.
—Luke dijo que hoy iba a organizar algo —dice Liam de repente.
—Eso nunca termina bien.
—Lo sé.
—¿Qué quiere hacer?
—Dijo algo de ir a las canchas del campus. Fútbol, básquet… no entendí mucho.
—Luke organizando deporte suena peligroso.
—Luke organizando cualquier cosa suena peligroso.
Sonrío un poco.
Eso ayuda.
—¿Vas a ir? —me pregunta.
—No sé. No soy buena en deportes.
—Yo tampoco.
Lo miro.
—Eso es mentira.
—Depende del deporte.
Seguimos caminando hasta las canchas.
Desde lejos ya escuchamos a Luke gritar.
—¡TARDARON DEMASIADO!
Dana está sentada en el suelo con cara de que ya se arrepiente.
—¿Qué es esto? —pregunto.
—Actividad saludable de domingo —dice Luke.
—Tú nunca dices esa frase en serio —responde Dana.
—Hoy soy otra persona.
—Ayer también eras otra persona.
—Evoluciono rápido lo que pasa. Es mi poder.
Hay más chicos del campus.
No muchos.
Un partido improvisado de fútbol en una mitad de la cancha.
Luke ya está dividido equipos.
—Liam conmigo. Ellie con Dana.
—¿Por qué yo no elijo? —digo.
—Porque confío en tu espíritu competitivo.
—No tengo espíritu competitivo.
—Lo desarrollas en el proceso.
El partido empieza caótico.
Nadie sabe bien las reglas.
Luke grita como si fuera el final del mundo.
Dana juega mejor de lo que esperaba.
Yo intento no estorbar.
En un momento la pelota viene hacia mí.
La pateo sin pensar.
Le pega directo a Luke. En la cara.
Silencio.
Un segundo enterno.
Después Dana se empieza a reír.
Yo también.
Luke se lleva la mano a la nariz.
—¿Eso fue personal?
—Fue destino —digo entre risas.
Liam se está riendo.
Y no poco.
—Te lo merecías —le dice a Luke.
—Traidor.
El ambiente se afloja.
Se vuelve ligero otra vez.
Corremos.
Nos empujamos.