Bajo La Luna

No fue coincidencia

El martes empieza raro.

No porque pase algo.

Sino porque no pasa nada.

Liam está más callado que de costumbre.

No hace chistes.

Ni uno.

Luke intentó hacer uno sobre que ahora Liam tendría que ir en monopatín y casi lo fulmina con la mirada.

Dana me mira como diciendo que esto no está bien.

En el descanso, Clara aparece otra vez.

Pero esta vez no va directo a Liam.

Primero me mira a mí. Como si midiera algo.

Después sí, se acerca a él.

—¿Podemos hablar? —le dice.

Liam suspira.

—Rápido.

Se van unos metros.

No demasiado lejos.

Lo suficiente para que no escuche, pero sí vea.

Clara parece tranquila.

Demasiado tranquila.

Habla con las manos.

Liam, no.

Está quieto.

Serio.

En un momento ella se acerca más. Y le toca el brazo.

Mi estómago hace algo feo.

—No la mires así —dice Dana de repente.

—¿Así cómo?

—Como si quisieras empujarla mentalmente por las escaleras.

—No estoy haciendo eso.

Dana sonríe.

—Claro.

Luke se mete.

—A ver, votemos. ¿Es ex tóxica o ex dramática?

—Luke —decimos las dos al mismo tiempo.

Él levanta las manos.

—Solo intento aliviar la tensión.

No lo logra.

Liam vuelve.

—¿Y? —pregunta Luke.

—Nada.

—Esa palabra ya está prohibida —dice Dana.

Liam se pasa una mano por el pelo.

Se nota que está frustrado.

—Dice que no tuvo nada que ver con lo del auto.

Silencio.

Yo no había dicho su nombre.

Pero él sí.

—¿Le preguntaste? —pregunto.

—Sí.

—¿Y le crees?

Liam me mira.

No responde enseguida.

—No sé.

Eso es peor que un no.

—Dice que vio mi auto esa mañana —agrega.

Mi piel se eriza.

—¿Dónde?

—Cerca del edificio viejo.

Ese no era el lugar donde lo había dejado.

—¿Te dijo a qué hora? —pregunto.

—Temprano.

Muy temprano. Antes de clases.

Luke deja de bromear.

—Eso ya es raro.

—¿Por qué no dijo nada antes? —pregunta Dana.

—Dice que pensó que yo lo había movido.

Conveniente.

Demasiado conveniente.

—¿Y por qué estaba ahí? —pregunta Dana.

Liam duda.

—Porque vive cerca.

Ah.

Eso no lo sabía.

—¿Desde cuándo? —dice Luke.

—Desde hace dos semanas.

Silencio.

O sea. Ella aparece. Se muda cerca. Y su auto termina chocado.

Mi cabeza no para.

Tal vez ella no tenga nada que ver, pero la mayor parte de mis pensamientos dicen que sí.

—Hay cámaras —digo de repente.

Los tres me miran.

—En la avenida. Siempre hay cámaras.

Luke abre los ojos.

—Es verdad.

Liam parpadea.

Como si no lo hubiera pensado.

—Podríamos preguntar.

—Podrías —corrige Dana.

—Nosotros no vamos a interrogatorios policiales —dice Luke.

Pero ya se nota que sí iría.

Liam me mira.

—¿Vendrías?

No lo pienso.

—Sí.

No es por el misterio.

Bueno.

Un poco sí.

Pero más porque él no debería estar solo en esto. Y él parece entender eso.

Horas después estamos frente a la oficina de tránsito.

Luke se queja de todo.

Dana dice que si terminamos en una sala de interrogatorios, ella no piensa confesar nada.

Yo estoy nerviosa.

Liam golpea la puerta.

Un hombre nos atiende.

Explicamos lo del auto.

Lo de que estaba mal estacionado, pero no lo estaba.

El hombre revisa algo en su computadora.

—Sí hay cámaras —dice.

Mi corazón late más fuerte.

—¿Podemos verlas? —pregunta Liam.

El hombre duda.

—No es tan simple.

Claro que no.

—Pero… —agrega— el vehículo aparece en grabaciones antes del impacto.

Todos nos miramos.

—¿Antes? —pregunto.

—Sí. Lo movieron.

Silencio.

Liam aprieta la mandíbula.

—¿Quién?

El hombre gira la pantalla un poco.

La imagen es borrosa.

Pero se ve claro que alguien abre la puerta del auto.

Alguien se sienta.

Lo enciende.

Y lo mueve.

No se ve la cara.

Tiene gorra. Capucha. Demasiado cubierto.

—¿Es ella? —susurra Dana.

No sabemos.

No se distingue.

El hombre pausa el video.

—Luego lo dejan ahí.

Y veinte minutos después ocurre el accidente.

Veinte minutos.

Eso no fue casualidad.

Todos sabemos que no.

Eso fue planeado.

Y algo me dice que estuvo siendo planeado mucho tiempo.

El aire se vuelve pesado.

—¿Pueden identificar a la persona? —pregunta Liam.

—No con esta calidad —responde el hombre.

Claro.

Demasiado perfecto.

Salimos en silencio.

Nadie bromea ahora.

—Eso no fue un accidente —dice Luke.

—No —dice Dana.

Liam no dice nada.

Yo lo miro.

Está más pálido.

Más serio.

—¿En qué estás pensando? —le pregunto.

Me mira.

Y esta vez no intenta fingir.

—En que alguien quería que yo estuviera en ese auto.

Mi corazón se cae.

Porque si él hubiera ido diez minutos antes… No quiero terminar esa frase.

El viento sopla frío.

Y por primera vez… Ya no es solo celos.

Ni ex incómoda.

Ni drama universitario.

Es algo más grande.

Y alguien nos está mirando desde algún lugar.

Sin que sepamos quién.

Nos sentamos en un banco frente a la oficina de tránsito.

Nadie habla por unos segundos.

Es como si todos estuviéramos pensando lo mismo, pero nadie quisiera decirlo primero.

Luke rompe el silencio.

—Bueno… eso no fue muy “accidente de mala suerte”.

Dana cruza los brazos.

—Alguien movió el auto a propósito.

Yo miro a Liam.

—Y Clara dijo que lo vio ahí temprano.

Él no responde. Está mirando el suelo.

Pensando.

—¿Le crees? —pregunta Luke denuevo.

Silencio.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.