Bajo La Luna

Comisaría

No dormí. Otra vez.

La luna estuvo toda la noche pegada a mi ventana como si estuviera vigilando algo.

Sophia decía que la luna no aparece para asustar.

Aparece para iluminar lo que uno evita mirar.

Y hoy… Liam no puede evitar nada.

La comisaría huele a café viejo y papeles.

Luke intentó hacer un chiste antes de entrar.

Nadie se rió.

Dana camina rígida.

Yo voy al lado de Liam.

No le suelto la mano.

No hablamos de eso.

Simplemente no la suelto.

Él tampoco.

—No van a meterme preso por una carrera vieja —murmura.

—No —le digo—. Y si lo intentan, me pongo dramática.

Eso le saca una sonrisa pequeña.

Me alivia.

Entramos.

Un oficial nos guía a una sala pequeña.

No es película.

No hay luz apuntando a la cara.

Es peor.

Es normal.

Un hombre entra con una carpeta.

—Liam Torres.

Mi corazón late.

—Sí.

—Se reabrió el expediente del accidente ocurrido hace dos años.

El aire pesa.

—¿Por qué? —pregunta Liam.

El hombre abre la carpeta.

—Nueva declaración.

Silencio.

—¿De quién? —pregunto sin poder evitarlo.

El hombre me mira.

—Clara Méndez.

Mi pecho se hunde.

Claro.

Claro que fue ella.

—¿Qué dijo? —pregunta Liam.

—Que usted manipuló la escena.

Silencio absoluto.

—¿Qué? —mi voz sale sola.

El oficial continúa, calmado.

—Que movió pruebas. Que presionó a testigos para que no hablaran.

Eso no estaba antes.

Eso es nuevo.

Eso es inventado.

Miro a Liam.

Está quieto.

Pero lo conozco lo suficiente para saber que está hirviendo por dentro.

—Eso no es cierto —dice.

Firme.

Sin titubear.

El oficial asiente.

—Lo sabemos.

Tardó un segundo en entender.

—¿Qué?

El hombre cierra la carpeta.

—Revisamos las grabaciones originales y los informes médicos. Nada coincide con lo que declaró ella.

Mi cerebro tarda en procesar.

—Entonces… —Empieza Liam.

—Entonces su declaración generó sospechas.

Silencio.

—¿Sospechas de qué? —pregunto.

El oficial lo mira directo.

—De por qué alguien intentaría reabrir un caso cerrado con información falsa.

Mi corazón empieza a latir diferente ahora.

No miedo.

Otra cosa.

—¿Están diciendo que…? —empieza Liam.

—Estamos diciendo que la persona que declaró podría enfrentar cargos por falsa denuncia.

El mundo se inclina.

Clara pensó que podía arruinarlo.

Y terminó señalándose sola.

—Pero hay más —dice el oficial.

Nunca es solo una cosa.

—La declaración fue enviada desde un correo anónimo.

Silencio.

—¿No fue ella directamente? —pregunta Liam.

—No.

Mi piel se eriza.

—Pero la firma digital coincide con un dispositivo vinculado a ella.

Eso es frío.

Calculado.

Eso no suena impulsivo.

Eso suena como… Mateo.

El oficial continúa.

—Además, detectamos actividad reciente relacionada con su caso. Alguien estuvo solicitando acceso a archivos antiguos desde esta ciudad.

La ciudad.

Aquí.

—¿Quién? —pregunta Liam.

El oficial lo mira.

—Mateo Ruiz.

El nombre cae pesado.

Pero ahora no suena como amenaza.

Suena como error.

Error calculado.

Demasiado confiado.

—¿Entonces no van a arrestarlo? —pregunto directo.

El oficial casi sonríe.

—No.

El alivio me golpea tan fuerte que casi me mareo.

Liam exhala por primera vez en diez minutos.

—Pero —continúa el hombre— le recomendamos mantenerse alerta. Esto no fue un acto aislado.

Claro que no.

Nunca lo es.

Salimos de la comisaría.

El sol está alto.

Demasiado brillante para todo lo que pasó.

Luke suelta el aire.

—Ok. Eso fue intenso.

Dana me abraza sin avisar.

Yo miro a Liam.

Él me mira.

Y en sus ojos no hay miedo ahora.

Hay claridad.

—No fue solo Clara —dice.

—No —respondo.

—Mateo la empujó.

Tiene sentido.

Frío y calculador.

Usó a Clara como pieza.

—¿Por qué? —pregunta Dana.

Liam mira el cielo.

Y por un segundo, también lo hago.

La luna no está ahora.

Pero sé que va a volver.

—Porque quiere que me quiebre solo —dice.

Silencio.

—¿Y lo estás? —pregunto bajito.

Me mira.

Se acerca un poco más.

—No.

Su voz es firme.

Real.

—Ya no estoy solo.

Mi corazón hace algo peligroso.

Luke hace una mueca.

—Ok, eso fue casi romántico.

—Cállate —decimos Dana y yo al mismo tiempo.

Pero el momento queda.

Y algo cambió.

Porque ahora no estamos huyendo.

No estamos reaccionando.

Ahora sabemos.

Clara mintió.

Mateo movió las piezas.

Y la policía ya está mirando.

Eso significa que el juego cambió.

Y cuando el juego cambia…

Los que se creen más inteligentes suelen cometer errores.

El celular de Liam vibra otra vez.

Mensaje nuevo.

Número desconocido.

" Esto recién empieza".

Levanto la vista.

Pero esta vez no siento solo miedo.

Siento algo más fuerte.

Determinación.

—Entonces que empiece —murmuro.

Liam me mira.

Y sonríe.

Pero no como antes.

Ahora es diferente.

Más firme.

Más seguro.

Más nuestro.

Pensé que después de la comisaría todo iba a bajar.

Que el miedo iba a aflojar un poco.

Error.

Esa noche no puedo dormir otra vez lo que hace que lentamente bajo mis ojos se forme una clara sombra negra.

La luna está enorme.

Redonda.

Brilla tanto que parece más cerca de lo normal.

Mi celular vibra.

Miro la hora.

02:17.

Número desconocido.

Se me hiela la sangre.




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