Bajo La Luna

Esto recién empieza

El mensaje sigue en la pantalla de Liam.

"Esto recién empieza".

No hay video.

No hay gritos.

Solo esa frase.

Simple.

Fría.

Calculada.

Estamos sentados en las gradas del patio.

Dana y Luke discuten algo en voz baja.

Yo miro la luna que empieza a aparecer entre los edificios.

No es redonda.

No es enorme.

Pero está.

Siempre está.

—Quiere que reaccionemos —dice Liam.

—Quiere que tengas miedo —agrega Dana.

Luke se pasa la mano por el pelo.

—O quiere que hagamos algo impulsivo.

Silencio.

Liam no aparta la vista del mensaje.

—No voy a firmar.

Lo dice sin rabia.

Sin orgullo.

Con decisión.

Eso cambia todo.

Porque antes actuaba desde culpa.

Ahora actúa desde claridad.

—Entonces van a subir la apuesta —dice Luke.

—Que la suban —responde Liam.

Lo miro.

No está temblando.

No está dudando.

Está firme.

Y eso me da algo que no sentía desde que empezó todo: Calma.

La luna se refleja en el vidrio del edificio.

Y pienso: A veces el peligro no viene para destruirte. Viene para ver si te doblás.

Liam se inclina hacia mí un poco.

—¿Estás bien?

Asiento.

—Sí.

Y es verdad.

Porque esta vez no nos sorprendieron.

Sabemos que están jugando.

Y cuando sabes que están jugando…

Puedes aprender las reglas.

El celular vibra otra vez.

No es número desconocido.

Es un audio.

Remitente: Mateo.

Nos miramos los cuatro.

Luke hace una mueca.

—Esto ya es cine.

Liam abre el audio.

Lo pone en altavoz.

La voz de Mateo suena tranquila.

Demasiado tranquila.

—No te pedí que firmaras por miedo. Te lo pedí por estrategia. La policía no va a soltar el caso tan fácil. Y cuando empiecen a revisar todo… no solo vas a quedar expuesto vos.

Silencio.

El audio sigue.

—Hay cosas que no sabés. Y cuando las sepas… vas a desear haber firmado.

El audio termina.

Nada más.

Eso es lo que más pesa.

Dana frunce el ceño.

—¿A qué se refiere con “no solo vos”?

Liam está quieto.

Demasiado quieto.

—No lo sé.

Pero algo en su mirada dice que sí.

Y yo lo noto.

—¿Hay algo más? —pregunto bajito.

Él tarda en responder.

No es mentira.

Es duda.

—La noche del accidente… no solo estábamos Mateo y yo.

Silencio.

—¿Quién más? —pregunta Luke.

Liam mira el suelo.

Luego me mira a mí.

Y dice:

—Había alguien grabando.

El aire se vuelve pesado.

—¿Qué? —susurra Dana.

—Un chico de otro colegio. Siempre filmaba las carreras. Para subirlas.

Mi estómago se hunde.

—¿Y ese video…? —pregunto.

Liam traga saliva.

—Nunca apareció. S

ilencio absoluto.

La luna sube un poco más.

Y la frase cae sola en mi cabeza: Los secretos no desaparecen. Solo esperan el momento correcto.

Mateo no quiere que firme por orgullo.

Quiere que firme antes de que algo salga a la luz.

Algo que ni siquiera Liam sabe si todavía existe.

Y eso es peor.

Porque no podés defenderte de lo que no conocés.

Liam se levanta.

Respira hondo.

—Si ese video aparece… va a estar editado.

—Entonces tenemos que encontrarlo antes —dice Dana.

Luke asiente.

—O encontrar al que grabó.

Silencio.

Yo miro la luna.

Y siento algo distinto.

No miedo.

Tampoco rabia.

Algo más firme.

Si alguien está guardando ese video desde hace dos años… no es casualidad.

Es espera.

Y la gente que espera tanto tiempo… no improvisa




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.