Es lunes. Hoy el campus está raro.
Más silencioso de lo normal.
Estoy en la cafetería con un café frío que ya ni tomo.
Estoy pensando en el mensaje
“Pregúntale a Clara qué perdió esa noche”
No “qué hizo”.
Perdió.
La luna todavía está en mi cabeza, aunque sea de día.
Anoche estaba enorme.
Como si mirara todo.
Como si supiera todo.
—¿Pensando demasiado? —dice una voz atrás mío.
Me doy la vuelta.
Clara.
Perfecto, lo que me faltaba.
Pero no la Clara segura de siempre.
Está pálida.
Ojeras marcadas.
Y lo peor: no sonríe.
—¿Qué querés? —le pregunto, firme.
Ella se sienta sin permiso.
La miro desconfiada.
—Sé que están investigando.
Mi corazón se acelera.
—No sé de qué hablás.
—Sí sabes —dice. Y me mira directo—. Y también sé que alguien les está escribiendo.
Se me eriza la piel.
¿Cómo sabe eso?
—¿Sos vos? —le digo.
Clara suelta una risa corta.
—Si fuera yo, no estaría acá.
Silencio pesado.
Después mira a los costados y baja la voz.
—No fue un accidente.
La frase me golpea.
—¿Qué?
—Esa noche… Mateo no perdió el control solo.
La cafetería parece quedarse sin olor a café.
—¿Qué estás diciendo?
Clara aprieta los dedos contra la mesa.
—Alguien estaba ahí antes que ellos.
Mi cabeza empieza a correr.
Algo me dice que no le crea, y otra me dice que sí.
—¿Quién?
Ella me mira.
Duda.
Y ahí veo algo real por primera vez en ella. Miedo.
—No lo sé con certeza… pero escuché una moto.
Una moto.
—¿Y por qué nunca lo dijiste?
Su mirada cambia.
Se vuelve dura.
—Porque si lo decía… Liam iba a arruinar su vida.
No entiendo.
Pero a la vez eso me deja sin palabras.
—¿Cómo?
—Porque él discutió con Mateo antes de salir. Fuerte. Muy fuerte.
Mi corazón cae.
—¿Por qué?
—Por mí.
Ahí está.
Pero no como celos.
Como culpa.
—Mateo estaba enamorado de mí —dice Clara, casi en un susurro—. Y Liam lo sabía.
La información cae pesada.
Demasiado pesada.
—¿Estás diciendo que…?
—Estoy diciendo que esa noche nadie estaba pensando con claridad.
Silencio.
Mi cabeza gira.
Entonces lo veo.
Algo en su muñeca.
Una cicatriz vieja.
Pequeña.
—¿Eso…?
Clara baja la manga rápido.
—Nada.
Pero es obvio que no es nada.
Y lo sé.
—¿Qué perdiste esa noche, Clara?
La frase se me escapa sola.
Yo quedo quieta.
Ella también se queda quieta.
Como si el mundo se hubiera detenido.
Sus ojos se llenan de algo que no esperaba.
No rabia.
Dolor.
—No era mi secreto para contar.
Se levanta.
—Si querés saber la verdad… preguntale a Liam qué pasó después de la discusión.
Y se va.
Yo me quedo ahí.
Temblando.
Porque esto ya no es solo un caso.
Es un triángulo roto.
Una carrera.
Una discusión.
Una moto.
Y un secreto que nadie quiso decir.
La luna todavía no salió.
Pero siento que esta noche va a estar roja.
Y cuando la luna se pone roja… algo siempre se rompe.
No le digo nada a Liam.
Ni a Dana.
Ni a Luke.
A veces el silencio revela más que una pelea.
Clara dijo: “Preguntale qué pasó después de la discusión.”
No pregunté.
Porque quiero ver si él lo dice solo.
***
Esa tarde vamos al antiguo galpón donde guardaban motos hace años.
Está cerrado ahora, casi abandonado.
Luke consiguió la llave del encargado con una excusa.
No sabemos exactamente qué buscamos.
Pero sabemos que algo pasó esa noche que nadie contó completo.
El lugar huele a polvo y aceite viejo.
La luna todavía no salió.
Pero el cielo ya está oscuro.
Liam camina adelante.
Se mueve como si estuviera recordando cada paso.
—Discutimos acá —dice señalando una esquina.
Su voz no tiembla.
Pero tampoco está tranquila.
—¿Sobre Clara? —pregunta Dana.
Liam asiente.
—Mateo dijo que yo la estaba usando. Yo le dije que él estaba obsesionado.
Silencio.
Eso no suena a pelea leve.
Luke apunta con la linterna al suelo.
—¿Y después?
Liam tarda.
—Después él se fue. Yo me quedé unos minutos más.
Mi corazón late más rápido.
—¿Solo? —pregunto.
—Sí.
Y ahí es donde algo no encaja.
Porque Clara dijo que escuchó una moto.
Recuerdo la frase exacta. “Escuché una moto.”
Pero no dijo de quién.
Mientras ellos revisan unas cajas viejas, yo me muevo hacia el fondo.
Hay un pequeño cuarto que casi no se ve.
La puerta está medio trabada.
La empujo.
Cruje.
Adentro está oscuro.
Paso la linterna del celular.
Polvo.
Herramientas viejas.
Y algo más.
Una cámara.
No una profesional.
Una cámara deportiva, vieja.
En el suelo.
Mi corazón da un salto.
La levanto.
Está rota en una esquina.
Pero la tarjeta SD sigue adentro.
El aire se vuelve más pesado.
No llamo a nadie todavía.
Me quedo mirando ese pequeño rectángulo negro.
Porque si esto estuvo acá desde esa noche… significa que alguien volvió.
O que alguien la escondió.
La luna empieza a aparecer por la ventana alta.
Y pienso: Los secretos no desaparecen. Se guardan donde nadie mira.
—¿Ellie? —escucho la voz de Liam afuera.
No respondo de inmediato.
Siento algo raro.
No desconfianza.
No miedo.
Algo más complejo.
Si le muestro la cámara ahora… todo cambia.
Si no la muestro… estoy guardando algo.
Respiro.
Salgo del cuarto.
La cámara en la mano.
Luke la ve primero.
—¿Eso es lo que creo?