Bajo La Luna

Reflejo

No dormí. O dormí y soñé que no dormía. Que es peor. El techo de mi habitación tiene una mancha con forma de dinosaurio aplastado. No sé desde cuándo está ahí, pero hoy parece mirarme como si supiera algo. Cuarenta y dos segundos. Cuarenta. Y dos.

Mi celular vibra a las 7:12. Mensaje de

Liam: “Soñé con la moto.”

Respondo: “Yo soñé con un dinosaurio que sabía editar videos.”

Tarda tres segundos.

“No es momento, Ellie.”

“El humor es mi mecanismo de defensa.”

“Bueno. Defiéndete rápido y venite.”

Me visto en tiempo récord. Me ato el pelo mal. Me lo desato. Me lo vuelvo a atar peor. Perfecto. Cuando llego al punto de encuentro detrás del gimnasio, ya están todos. Luke tiene ojeras nivel científico loco. Dana está sentada en el suelo con la notebook abierta y una cara que dice: "Voy a hackear algo aunque no sepa hackear".

Y Liam… Liam está más callado que ayer. Eso me asusta más que cualquier moto fantasma.

—Bueno —dice Dana apenas me ve—. Tengo noticias.

—Dime qué buenas —respondo.

—Depende de tu definición de “buenas”.

Genial. Luke gira la pantalla. Es el archivo del video. Pero ampliado. Congelado justo antes del corte.

—Miren el reflejo —dice.

Nos acercamos. En el lateral del auto de Liam. En el brillo oscuro de la pintura… Se ve algo. Una luz. Redonda. Alta. No es un farol de auto. Es más angosta.

—La moto —susurra Liam.

—La moto —confirmo.

Dana hace Zoom. La imagen pierde calidad, pero se distingue algo más. Un detalle. Un casco. Negro. Con una línea blanca vertical. Luke se queda rígido.

—Eso no es casual.

—¿Qué? —pregunto.

Luke traga saliva.

—Ese casco es de un equipo.

Silencio.

—¿Qué equipo? —dice Dana.

Luke mira a Liam.

—Los Halcones.

Se me cae el estómago. Los Halcones no son amigos del barrio que juegan a las carreras. Son adultos. Con patrocinadores. Con talleres. Con dinero. Mucho dinero.

—¿Estás seguro? —pregunta Liam.

—Mi primo corrió con ellos un verano —dice Luke—. Todos usaban ese diseño. Negro con franja blanca. Era como marca registrada.

Mi cerebro intenta ordenar piezas. Apuestas. Dinero. Hermano mayor de Mateo. Equipo profesional metido en carreras ilegales. Esto ya no es adolescentes jugando a ser rápidos. Esto es otra cosa.

—Entonces… —empiezo.

—Entonces alguien de ese equipo estaba ahí —termina Dana.

Liam se pasa una mano por el pelo.

—Yo escuché la moto antes de que Mateo se me acercara.

—¿Antes? —pregunto.

—Sí.

Eso cambia todo. Si la moto ya estaba ahí… Entonces no apareció por accidente. Estaba esperando. Luke respira hondo.

—Capaz estaban apostando fuerte por Mateo.

—¿Y si la moto iba a asegurarse de que ganara? —dice Dana.

—¿Cómo? ¿Empujándome? —dice Liam, medio incrédulo.

—O cerrándote el paso —respondo.

Silencio. Y ahí pasa algo raro. Liam frunce el ceño.

—Yo frené.

—Sí —digo—. Eso dijiste.

—Pero no frené solo por Mateo.

Nos miramos.

—Frené porque vi algo adelante.

Se me eriza la piel.

—¿Qué cosa?

Liam cierra los ojos, concentrado.

—Una luz.

No atrás. Adelante. El aire se vuelve pesado.

—¿Otra moto? —susurra Dana.

—No sé.

—¿Un auto?

—No.

Abre los ojos.

—Era chica. Como si alguien estuviera parado.

El mundo se inclina un poco.

—¿Un espectador? —dice Luke.

—En medio de la ruta no —respondo.

Liam se queda quieto.

—No estaba en la ruta.

—¿Dónde?

—Al costado.

Mi corazón late fuerte. Al costado. Esperando.

—¿Y si la moto no iba a hacer que Mateo ganara? —digo despacio.

Todos me miran.

—¿Y si iba a provocar que algo pasara?

Silencio.

Un accidente genera más ruido que una victoria. Más apuestas. Más dinero moviéndose. Más caos. Luke suelta una risa nerviosa.

—Estamos en una película malísima.

—Sí —dice Dana—. Pero sin presupuesto.

Mi celular vibra.

Otra vez número desconocido.

Mi corazón hace un triple salto mortal sin red.

Abro. Solo texto. “No investiguen lo que no pueden entender.” Me río. No porque sea gracioso. Porque si no me río, grito.

—Bueno, qué considerados —digo—. Ahora también dan consejos de vida.

Liam no se ríe. Me saca el celular suavemente. Lee el mensaje. Aprieta la mandíbula.

—Ya entendimos demasiado.

Luke mira alrededor.

—¿Y si nos están mirando ahora?

Todos levantamos la vista al mismo tiempo. Nada. Solo el gimnasio. Un árbol torcido. El cielo demasiado azul para tanta tensión. Dana cierra la notebook.

—Necesitamos algo más que reflejos y recuerdos.

—Necesitamos el video completo —dice Liam.

—O al que lo tiene —agrego.

Silencio. Y entonces Luke dice algo que no esperaba.

—Capaz no lo tiene alguien de afuera.

Lo miro.

—¿Qué querés decir?

—Que tal vez… alguien de acá lo pasó.

El aire cambia.

—¿De acá dónde? —pregunta Dana.

Luke duda.

—Del campus.

Mi estómago cae directo al subsuelo.

—Eso es ridículo —digo rápido.

Demasiado rápido. Liam me mira. No acusando. Pensando.

—Rook estaba filmando —dice.

—Sí, pero él no editó nada —respondo—. Y además, no tiene relación con los Halcones.

—Que sepamos —dice Luke.

Mi cabeza empieza a girar.

—Pará. No podemos empezar a desconfiar de todos —digo.

—No —dice Dana—. Pero tampoco podemos asumir que esto viene solo de afuera.

Silencio incómodo.

Liam me mira fijo.

—Ellie.

—¿Qué?

—¿Quién más sabía que ibas a buscar cosas en el archivo digital ayer?

Se me seca la boca. Repaso mentalmente. Yo. Luke. Dana. Liam. …

Y Clara. El nombre aparece en mi cabeza como un golpe. No. No quiero que sea eso. Pero la idea ya está ahí. Clara estaba esa noche. Clara escuchó la moto. Clara siempre aparece cuando el tema se acerca demasiado.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.