Bajo La Luna

Cosas que pasan cuando nadie está mirando

—No entiendo por qué acepté venir —dijo Luke, mirando el lago como si lo hubiera traicionado personalmente.

—Porque fue tu idea —respondió Dana sin mirarlo.

—No, fue una sugerencia estratégica que ustedes interpretaron mal.

—Dijiste “vamos al lago que es re romántico” —aclaré.

Liam se rió a mi lado.

—Eso dijo —confirmó.

Luke nos miró indignado.

—Ustedes son pésimos amigos.

Estábamos los cuatro sentados sobre una manta que Liam trajo “porque somos gente or-ga-ni-za-da”, según él.

Había facturas, una botella de jugo, y Dana insistía en que aquello era un picnic decente, aunque Luke había traído papas fritas como único aporte nutricional. El sol de la tarde caía suave. No hacía calor insoportable, solo ese clima perfecto de diciembre que parece prestado. Yo estaba apoyada en el hombro de Liam. Natural. Tranquila. A veces todavía me sorprende lo fácil que es estar con él ahora. Dana estaba cruzada de piernas, riéndose bajito de algo en su celular. Luke la miraba. No el lago. No las papas. No el cielo. A ella. Y yo lo noté. Claro que lo noté. Yo noto todo.

—¿Qué? —me susurró Liam cuando me vio sonreír sola.

—Nada —le dije—. Mirá a Luke.

Liam lo miró un segundo.

—Ah.

Ese “ah” lo dijo todo.

Un rato después empezamos a jugar a decir cosas ridículas del otro. Una especie de “verdades exageradas”.

—Dana —empezó Luke—, sos tan obsesiva con el orden que si el universo se desalineara un milímetro, lo acomodarías.

—Y vos —respondió ella— sos tan dramático que si te quedaras sin wifi escribirías una carta de despedida.

—Eso es válido.

—No lo es.

Nos reíamos tanto que en un momento casi tiro el jugo encima de la manta. Liam me sostuvo el vaso antes de que cayera.

—Siempre salvándome —le dije.

—Es mi nuevo hobby.

Luke se quedó mirándonos un segundo. No con celos. Con algo más serio. Después se levantó de golpe.

—Bueno. Necesito caminar.

—¿Solo? —preguntó Dana.

—Sí. No. O sea… no sé.

Lo miré. Ese no era el Luke que hacía chistes para todo. Ese era el Luke que estaba a punto de hacer algo grande o huir corriendo.

—Voy contigo —dijo Dana, levantándose también.

Y se fueron caminando bordeando el lago. Liam me miró.

—¿Creés que…?

—Sí.

—¿Finalmente?

—Sí.

Nos quedamos en silencio mirando cómo se alejaban. Los vimos discutir. Bueno, no discutir. Mover las manos mucho. Luke se pasaba la mano por el pelo. Dana lo miraba fija. Él hablaba. Se detenía. Volvía a hablar. Y después pasó algo raro. Luke dejó de moverse. Se quedó quieto. Como si hubiera soltado algo que llevaba mucho tiempo guardando. Dana no dijo nada durante unos segundos. Desde lejos parecía que lo estaba evaluando. Yo sentí el corazón apretarse un poquito. Por ellos. Por lo que sea que estuviera pasando ahí. Y entonces… Dana dio un paso hacia él. Y lo abrazó. No un abrazo rápido. Uno de esos que dicen “estoy acá”. Luke tardó medio segundo en reaccionar. Y después la abrazó fuerte.

—Bueno —murmuró Liam—. Creo que tenemos pareja oficial número dos.

Sonreí.

—Ya era hora.

Volvieron caminando más lento. Luke tenía esa sonrisa que intenta disimular felicidad pero fracasa. Dana parecía tranquila. Demasiado tranquila.

—¿Y? —pregunté apenas llegaron.

Luke me señaló.

—Vos no podés preguntar nada.

—¿Por qué?

—Porque me mirás como si fueras una periodista investigando un escándalo.

Liam se cruzó de brazos.

—Confirmamos o no confirmamos.

Dana miró a Luke. Luke la miró a ella. Y suspiró.

—Está bien —dijo él—. Sí. Le dije.

—¿Le dijiste qué? —insistí solo para molestarlo.

—Ellie.

—Bueno, bueno, ya.

Respiró hondo.

—Le dije que me gusta. Desde hace bastante. Que no era joda. Que no era por pasar el rato. Que no quiero que sea solo “mi mejor amiga divertida”.

Silencio. Dana tomó su mano.

—Y yo le dije que sí.

Me tapé la boca.

—¡No puede ser!

—Sí puede —dijo ella riéndose.

Luke la miró como si todavía no lo procesara.

—¿Te das cuenta que ahora soy un hombre comprometido emocionalmente?

—Tranquilo, Romeo —dijo Liam—. No te cases todavía.

Nos reímos los cuatro. Pero algo había cambiado. No era pesado. No era raro. Era… correcto. Más tarde, cuando el sol empezó a bajar y el cielo se pintó de naranja, nos quedamos sentados mirando el agua. Luke tenía el brazo alrededor de Dana. Liam tenía su mano entrelazada con la mía. Cuatro personas. Dos parejas. Cero misterios. Cero tragedias pendientes. Y por primera vez en mucho tiempo, sentí que la vida no estaba esperando romper algo. Solo estaba pasando. Levanté la vista. La luna empezaba a asomarse, tímida.

—Miren —dije.

Los tres miraron hacia arriba.

—Siempre apareciendo cuando nadie la llama —murmuró Liam.

Apoyé la cabeza en su hombro. Y pensé que si alguien me hubiera dicho hace meses que íbamos a estar así, tranquilos, riéndonos por confesiones al lado de un lago… no lo habría creído. Pero acá estamos. Bajo la luna. Un poco más valientes que antes. Un poco menos solos. Y definitivamente más felices.




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