Bajo La Luna

25 de diciembre

Me desperté antes que la alarma. Por un segundo no entendí por qué el corazón me latía distinto. Después lo recordé. 25. Navidad. Casa. Ya extrañaba a papá, mamá y Daniel. Giré la cabeza. Dana todavía dormía en la otra cama, boca abajo, abrazando la almohada como si estuviera en coma profundo. La habitación estaba medio desordenada. Ropa doblada sobre la silla. El bolso vacío al lado de mi cama. Hoy me voy. Me incorporé despacio para no despertarla y me quedé sentada un momento. Respiré. Sophia odiaba madrugar en Navidad. Decía que era inhumano. Sonreí sola.

—Bueno —murmuré—. Vamos.

Armar la maleta fue más raro de lo que esperaba. No era solo meter ropa. Era decidir cuánto tiempo me iba. Un par de remeras más. El buzo azul. El libro que no terminé. El collar. Lo sostuve un segundo antes de guardarlo. Dana se movió.

—¿Ya es hoy? —preguntó con voz dormida.

—Sí.

Se dio vuelta y me miró.

—Qué raro.

—Un poco.

Se sentó en la cama, despeinada, todavía medio perdida.

—¿Estás bien?

Pensé la respuesta.

—Sí. Nerviosa. Pero bien.

Asintió. Después se levantó y vino a sentarse en mi cama.

—Va a estar todo bien.

La miré.

—¿Ahora sos la sabia del grupo?

—Desde que tengo novio soy más madura.

—Mentira.

Se rió. Y después me abrazó. Fuerte. No exagerado. Real.

—Manda mensaje cuando llegues.

—Obvio.

—Y si tu mamá hace algo dramático, me avisás.

—Dana…

—Bueno, tu papá. O quien sea. Vos entendés.

Entendía.

A las diez bajé la maleta. Luke y Liam ya estaban afuera. Daniel todavía no había llegado. Luke fue el primero en hablar.

—Bueno, si no volvés, me quedo con tus libros.

—Ni en pedo.

—Lo intenté.

Dana salió detrás mío y se colgó del brazo de Luke. Eso todavía me causa ternura. Liam estaba un poco más callado. Me miraba como si estuviera memorizando algo.

—No me voy para siempre —dije.

—Ya sé —respondió.

Pero su tono decía otra cosa. Me acerqué.

—Son unos días.

—Lo sé.

Silencio pequeño.

—Igual te voy a extrañar.

Eso lo dijo bajito.

—Yo también.

Luke hizo un ruido exagerado.

—¿Podemos evitar el momento novela mexicana?

—Callate —dijimos Dana y yo al mismo tiempo.

Nos reímos. Pero después volvió ese silencio suave. Liam se acercó un poco más.

—Prometeme algo.

—¿Qué?

—Que si en algún momento te sentís mal… no te lo guardes.

Asentí.

—Prometido.

Me dio un beso. No largo. No dramático. Pero sí de esos que dejan marca.

Y después apoyó su frente en la mía un segundo.

—Volvé —murmuró.

—Siempre.

El sonido del auto interrumpió todo. Miré hacia la esquina. Daniel. Ahí estaba. Bajó del auto con esa energía de hermano mayor que intenta parecer serio pero no puede.

—¡Ellie!

Sonreí. Se acercó y me abrazó fuerte.

—Estás más alta.

—Eso no es físicamente posible.

—Déjame exagerar.

Saludó a los demás. Luke levantó la mano como si estuviera en una conferencia. Dana fue más normal. Liam estrechó su mano. Daniel lo miró con esa mirada evaluadora de hermano. Yo rodé los ojos.

—No empieces.

—No dije nada.

—Pero lo pensaste.

—Tal vez.

Me reí y Liam sonrió. Los abracé a los tres otra vez antes de irme. Miré a Liam

—Te estaré llamando. ¿Si?

—Está bien, yo igual.— Dijo sonriendo.

—Te amo.— Le dije en voz baja.

—Te amo más.—Me dijo en voz baja también.

Les sonreí, y ya era momento de irme. Sabía que los iba a extrañar muchísimo aunque vaya a volver otra vez. Subí al asiento del copiloto y Daniel se subió al asiento del conductor, obvio.

Daniel arrancó el motor y los ví a los tres haciendose cada vez más diminutos.

—Te extrañé mucho, Ellie. Fué raro no tener a nadie a quien molestar estos meses.

Le sonreí.

—Yo también.

Daniel puso música baja en la radio y seguía manejando tranquilamente.

—Oye, yo te había dicho que tenías que ser más sociable y dejarte a tí misma tener más amigos. Pero tampoco era para que aparezcas teniendo novio.

Me reí de verdad

—Tengo 18 años, no exageres.

—No exagero.—Dijo mientras seguía manejando.

—Claro.

Luego de una hora llegamos a casa. Me pareció raro no ver a mamá corriendo hacia mí, sinceramente. Pero entré a casa de igual forma y Daniel caminaba detrás de mí. Cuando entré ví en la pared globos que decían “Bienvenida a casa” Mamá vino hacia mí y me abrazó muy fuerte.

—¡Ellie! Te extrañé muchísimo cielo, bienvenida otra vez!!

—Yo te extrañé más mamá, gracias.—Dije con una sonrisa grande.

Luego ví a papá luchando con un tubo de los que tiran papelitos de colores.

—Esto no anda.—Dijo sin paciencia.

—Si anda.—Respondió Daniel acercandose a él y haciendo que funcione.

Me reí, extrañaba a mi familia, de verdad.

—Ellie, te eché de menos.—Dijo papá acercandose y abrazandome fuerte.

—Yo también te extrañé papá.

—Estás tan grande y bonita hija.—Me dijo papá mientras me miraba.

—A mi núnca me dicen eso.—Protestó Daniel rodando los ojos.

—Estás tan grande y bonita Daniel.—Le dijo papá bromeando.

—Ay gracias.

Mamá puso los ojos en blanco. Yo me reí.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.