Hubo un tiempo en que Noxhar no era más que cenizas disfrazadas de vida. La tierra no daba fruto, el hambre se instalaba en cada hogar como una sombra inevitable y la enfermedad... elegía sin misericordia.
Los inviernos eran más largos. Las noches, más silenciosas. Y los días, cada vez menos.
Nadie esperaba ya un milagro.
Hasta que él llegó.
No lo vieron venir. No hubo trompetas ni anuncios. Solo una presencia que cambió el aire, y después, todo lo demás.
Las cosechas volvieron a crecer.
El ganado dejó de morir.
Los niños nacieron sanos.
Por primera vez en mucho tiempo el reino respiró. Y por primera vez tuvo esperanza.
Nadie preguntó cómo. Nadie quiso hacerlo.
Porque cuando la vida regresa de la nada...
hay cosas que es mejor no cuestionar. El tiempo pasó y el reino floreció.
Fuerte.
Próspero.
Intocable.
Como si la miseria nunca hubiera existido. Como si la muerte hubiera sido olvidada, pero algunas cosas no desaparecen.
Solo esperan.
Porque incluso los milagros... tienen un precio.
Y cuando llega la luna de sangre, el reino recuerda que nada fue gratuito.
Editado: 04.05.2026