Bajo la luna de Seúl

“Así empezó todo… y así termina el destino

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Recordando cómo inició todo

El santuario lunar estaba silencioso mientras Valentina y Min-jun descansaban después del entrenamiento.

Ella, sudando, con el cabello hecho desastre, tiró la cabeza hacia atrás y suspiró.

—Esto es una locura… —dijo—. Hace un mes mi mayor preocupación era si me quedaba shampoo suficiente para la semana.

Min-jun la miró y soltó una risita suave.

—Y yo… —se acomodó la capa como si fuera influencer— …solo esperaba que no descubrieras quién era yo cada vez que me quedaba viendo más de la cuenta.

Ella lo miró con los ojos entrecerrados.
—Ah sí, cierto… mi stalker misterioso

—¡No era stalking! —se defendió él—. Era… vigilancia protectora.

—Claro, claro.
¿ También era vigilancia cuando casi te caes encima de mí ese día en la cafetería?

Min-jun se llevó la mano a la cara.
—No lo recuerdes, por favor.

Pero ella ya estaba en modo comedia.

—Literalmente entró el “guardián lunar” con su aura brillante futurista y se resbaló porque no vio el charco de café. ¡El charco!
Y luego yo te dije: “¿Estás bien, extraño dramático?”

—Me marcaste de por vida con ese apodo —gruñó él, pero estaba sonriendo.

—¿Y qué querías? —ella se encogió de hombros—. Un hombre guapísimo cae del cielo, se tropieza, me mira como si yo fuera la única humana existente… ¿qué se supone que piense?

—…que estaba cumpliendo mi misión.

—¿Cuál? ¿Seducirme con torpeza?

Min-jun abrió la boca para responder, pero no supo cómo defenderse.
Ella rió.
Él también.

Era un momentito dulce… como cuando la historia apenas estaba floreciendo.

Pero entonces el ambiente cambió.

La luz de la luna se volvió más fría.
Más seria.

El recuerdo dulce quedó atrás.

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Retorno al presente – El conflicto se reabre

La voz del destino apareció otra vez.

> “El eclipse se acerca.
> El equilibrio debe elegir su camino.”

Valentina se quedó quieta.
Min-jun frunció el ceño.

—No queda tiempo —susurró él—. La Sombra Mayor no esperará el eclipse… atacará antes.

—Y yo aún no estoy lista —admitió Valentina, con la voz insegura—. Mi luz y mi sombra siguen chocando.

Min-jun tomó sus manos.
—Pero ya no estás sola.
La alianza está completa.
Y tu origen… por fin se despertó.

Ella respiró hondo.
—Bien.
Entonces vamos a terminar esto.

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Primer ataque serio de la Sombra Mayor

El santuario tembló.
El aire se llenó de ceniza.
Las antorchas se apagaron de golpe.

Y allí estaba ella:

La Sombra Mayor.

Pero no venía sola.

Venía con formas oscuras, más grandes que antes, con ojos blancos como lunas muertas.

—Qué conmovedor —dijo la Sombra—. Recordando sus días mortales antes de que el destino los rompa.

Valentina dio un paso adelante.
Su símbolo brilló dorado y negro al mismo tiempo.

—No vamos a permitir que completes tu eclipse.

La Sombra sonrió con calma.

—Tu linaje fue creado para mí, pequeña luz.
Y aunque creas que lo controlas… tu sombra interior me pertenece.

Las criaturas se lanzaron.

Min-jun activó su energía lunar y cubrió a Valentina mientras ella concentraba luz en sus manos.

Pero su luz… tembló.

Y su sombra interna… respondió.

Un aura oscura estalló alrededor.

Min-jun se quedó helado.

—Valentina… tu sombra está peleando por salir.

Ella apretó los dientes.

—Entonces déjala… pero a mi manera.

Y por primera vez, en lugar de resistirla, usó ambas

Luz y sombra salieron como dos alas opuestas.

Las criaturas retrocedieron.

Pero la Sombra Mayor sonrió.

—Así es…
Así empieza tu caída o tu ascenso.

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La confesión amorosa completa

Cuando por fin lograron repeler a las criaturas, Valentina cayó de rodillas, agotada.

Min-jun la sostuvo, temblando.

—No vuelvas a hacer eso —susurró él, con la voz rota.

—No tenía otra opción —respondió ella, aún temblando.

Él tomó su rostro, esta vez sin miedo.

—Valentina…
No sé cómo termine esta guerra.
No sé si el eclipse nos va a separar… o matarnos.
Pero quiero que lo sepas ahora.
Antes de que algo más pase.

Ella lo miró con los ojos grandes, respirando rápido.

—Min-jun…

—Te amo —dijo él, firme—. Desde antes de entender por qué. Desde el día que te vi reír de mí cuando me resbalé en la cafetería.
Desde antes de saber que éramos parte de la misma profecía.

Ella se quedó muda.
Y con lágrimas, lo abrazó fuerte.

—Yo también… —susurró contra su cuello—. Por eso tengo miedo.

Él apoyó su frente en la de ella.

—Entonces enfrentemos ese miedo juntos.

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La traición de alguien cercano

Cuando creían que tenían un segundo de calma…

Una figura apareció en la entrada del santuario.

Valentina se levantó rápido.

—¿Mamá…?

Sí.
Su madre adoptiva.
La que la había criado toda su vida.
La que sabía que ella era “diferente”.

Pero su expresión no era amorosa.

Era vacía.

Detrás de ella… una sombra sostenía sus hilos como marioneta.

Min-jun palideció.

—No…
La Sombra Mayor la marcó… la controla.

Valentina sintió su corazón romperse.

—¡Mamá! —corrió hacia ella.

La mujer levantó la mano… y una lanza de sombra salió disparada directo al pecho de Valentina.

Min-jun se lanzó frente a ella y tomó el golpe.

El aire se cortó.

Valentina gritó.

—¡MIN-JUN!

Él cayó al suelo, la sangre brillando plata.

La Sombra Mayor rió.
—El equilibrio siempre exige un sacrificio.




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