Ximantsi 2. Bajo la luna de Ximantsi

La zorra y el lobo

Ximantsi

Vol. II

Bajo la luna de Ximantsi

El libro de Banxu

C.C. Uctari.

 

Ximantsi. Mayo, 2014.


Todos los derechos reservados ©. Queda prohibida cualquier copia total o parcial de esta obra.

Tomo 1. Los secretos de la isla de la hechicera

Tomo 2. Bajo la luna de Ximantsi

Tomo 3. El amante de la sacerdotiza

Tomo 4. La guerra de los mboho

 

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La zorra y el lobo

Ndomi caminaba entre el bosque, buscando el camino de regreso hacia el mar en el Hemi, zona baja de la luna en forma de rosquilla que es Ximantsi. La geografía de la zona era idéntica a la de Notse, la parte superior de la luna, pero por ser más frío y húmedo, había muchas más coníferas, y el sol apenas penetraba por la densa vegetación.

Había perdido de vista a sus compañeros de viaje, pero no se atrevía a llamarlos, sentía una incomodidad que no podía explicar, era la sensación de estar siendo observado, pero el bosque era tan oscuro y espeso que no podía ver nada a más de tres metros. Continuó su camino vigilando de soslayo cuando una sombra pasó rápidamente entre los árboles. Él se quedó quieto por unos segundos, sin voltear más que al suelo, reanudó su camino lentamente y la sombra se movió justo delante de él, de nuevo no se perturbó, continuó caminando más lentamente y de pronto desenvainó una espada que llevaba a la cintura, de un salto cayó encima de una criatura muy extraña, que rugió clavando sus uñas en las costillas de Ndomi, él se sentó a horcajadas apuntando con su espada al cuello de la bestia.

―¿Qué demonios eres? ― preguntó Ndomi al verla de cerca, era una zorra de pelaje azul, pero con cuerpo humano.

―No es mi intención hacerte daño ― dijo la criatura ―, no me amenaces o no podré resistir mis instintos y te atacaré.

Ndomi se quitó de encima de ella y se levantó aun apuntándole con su espada, la zorra también se levantó, llevaba puesto un vestido blanco, y se veía más como un mboho que como un animal.

―¿Hechicera Xingu? ―preguntó Ndomi, bajando lentamente la espada.

―¡No hagas preguntas! ―rugió ella

―Pero tengo que hacerlas ¿Por qué me seguías?

―Pensé que no tenía esperanza ―la criatura se tornó sumisa―, es muy extraño ver a un mboho en el Hemi. Yo… esperaba hace mucho encontrar a uno.

―No has respondido.

―Sígueme ―dijo la zorra. Ndomi caminó tras ella con la espada baja, pero desenvainada.

Caminaron hasta un claro en donde se levantaba una rústica cabaña de madera, un lugar humilde, pero acogedor. Un pequeño de no más de dos años observaba desde la ventana.

―Necesito que lo salves ―dijo la zorra con lágrimas en los ojos.

―¿Salvarlo? ―Ndomi volteó a ver al niño que lo observaba con curiosidad.

―Está en grave peligro. ¡Por favor!, llévatelo de aquí, a donde nadie le haga daño.

―¿Quién quiere hacerle daño?

―¡Te dije que no hagas preguntas! ―rugió la criatura.

La zorra levantó al niño en sus brazos y se lo entregó a Ndomi, el pequeño lloraba estirando los brazos hacia la zorra y Ndomi comprendió entonces que ese pequeño, era hijo de ella. Debía ser un peligro demasiado grande como para que una madre deje a su propio hijo con un extraño así que no lo dudó más, Ndomi lo tomó entre sus brazos y ella se quedó en el pórtico de la cabaña, llorando en silencio.

Ndomi reanudaba su camino justo desde donde se había quedado, comenzaba a oscurecer y el niño había caído dormido por el llanto y el cansancio de intentar liberarse de Ndomi.

Al fin escuchó voces a lo lejos, voces conocidas, los llamó y en pocos minutos su sonriente amiga Handi y el matemático Mongui aparecieron recibiéndolo con un abrazo.

―¿Banxu ya está en la aldea de los Tuki? ―preguntó el matemático.

―Ya está allá, pero no me permitió continuar hasta la aldea, sólo vimos las casa a lo lejos y me pidió que regresara, por alguna razón ella deseaba continuar sola.

―¿Y ese bebé? ―preguntó Handi.

―No estoy seguro, pero me pidieron que lo salvara, creo que era la hechicera Xingu. Los rumores eran ciertos, fue poseída, pero de algún modo puede conservar su consciencia. Ella me lo entregó, dice que está en grave peligro.

―Que extraño. Por la edad, debió nacer algunos meses después de que se perdieron en el Hemi ―dijo Mongui al ver al pequeño dormir en brazos de Ndomi―, ¿el padre será el agrónomo Bosthi?

―Pero ¿qué peligro lo amenaza? ―preguntó Handi.

―No lo sé, no quiso responderme.

Ndomi se reunió con los otros seis miembros del círculo que lo habían acompañado en su viaje para dejar a su mejor amiga, Banxu, cerca de un pueblo tuki. Encendían una fogata para asar algo de carne cuando un aullido hizo eco entre los árboles.

―¿Qué fue eso? ―preguntó el electrónico Boja.

―Parece el aullido de un nogo ―dijo el mecánico Za.

―Pero suena demasiado fuerte para ser un nogo. ―Mongui volteó a su alrededor,  sacó unas notas y comenzó a escribir números en ella.

Luego de algunos minutos, el matemático analizó sus números, dos aullidos más se escucharon, cada vez más cerca.

―No sé mucho de biología, pero por la intensidad del sonido y el tono, deduzco que el animal que emite este aullido debe ser al menos cuatro veces más grande que un nogo promedio. La velocidad con la que se acerca es incierta, pero casi puedo decirles que debe estar en unos ciento noventa kilómetros por hora. Es increíblemente rápido.




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