Elara, desde niña, fue criada con los valores de su familia: las rígidas tradiciones de los Thorne y, por supuesto, el odio hacia los Wilder. Ese rencor era tan profundo que a veces estallaba en peleas; tanto ella como Cassian solían terminar lastimados. Era algo tan común que todo el mundo en el pueblo adivinaba la razón detrás de sus constantes heridas. Y si de pequeños sus heridas eran rasguños, al crecer y comenzar a usar sus poderes con mayor fuerza, sus enfrentamientos se volvieron más violentos y peligrosos.
Un día, como cada año, Elara fue invitada a la popular fiesta de disfraces. En ese evento, estaban estrictamente prohibidos el uso de poderes y, por supuesto, revelar a qué familia pertenecían —era una regla necesaria para evitar que el lugar se convirtiera en un campo de batalla. Al principio, ella no quería asistir, pero finalmente la convencieron. Sin saberlo, estaba a punto de conocer al chico de sus sueños... o al menos, eso creyó.