Al día siguiente, toda la magia de anoche se esfumó, pues lo primero que escuchó fue el golpe en su puerta:
—Elara, el consejo matutino ya va a empezar. Tu padre no tolerará retrasos de más de diez minutos —la voz de su sirvienta fue educada, con un tono gélido y eficiente.
Rápidamente Elara guardó el pergamino debajo de su cama, ya que en su casa estaba prohibido usar artefactos mágicos, y si eso lo descubría su padre, su castigo sería muy duro. Cinco minutos después, ya estaba sentada en la larga mesa del salón, con un poco de nerviosismo, fingiendo que escuchaba, cuando en realidad ni siquiera sabía de qué hablaban, hasta que mencionan a los Wilder:
—Los informes han demostrado que los Wilder han estado muy activos en la frontera que colinda con la de ellos —dijo uno de sus tíos, Zareth, quien tenía un odio muy profundo hacia los Wilder.
Mientras, su padre asintió con comprensión:
—Son unas alimañas, contaminan nuestra frontera con su asquerosa magia, que solo me da náuseas. Tal vez su plan sea invadirnos o incluso hacer una emboscada.
—Tenemos que prepararnos —comentó Sóleya, la comandante de la familia. Elara la observó. No todos eran familiares de sangre, un ejemplo: Sóleya. Ella ni siquiera tenía ningún vínculo sanguíneo, sino que se decía "familiar" a todas las personas que sean del mismo clan cosa que ella no entendía del todo pues para ella era confuso.
Elara solo quedó escuchando mientras discutían qué harían, pues según su padre todavía era muy inmadura para opinar, cosa que no entendía, si se supone que ella algún día sería la líder de la familia Thorne
—Sí, es cierto, comandante Sóleya. Es muy importante prepararnos, pues serán unas ratas, pero son muy poderosos. Además, usan artefactos mágicos como ayuda. ¡Qué tan cobardes deben ser para que incluso necesiten esa porquería de artefactos mágicos! Por eso, desde hoy, registraremos toda la casa y el territorio para deshacernos de cualquier indicio de esos artefactos, y lo quemaremos. Mientras que la persona que lo estuvo usando tendrá un gran castigo —comentó gélidamente
En ese momento, Elara asintió con un poco de nerviosismo, pues todavía tenía el pergamino debajo de su cuarto, y si lo descubrían, todo sería mucho más difícil, pues muy probablemente su castigo sería la deshonra