Después de aquella extraña mirada en el aula, Elena intentó convencerse de que no significaba nada, pero durante el resto del día no pudo dejar de pensar en Adrián y Matteo.
Mientras caminaba por los pasillos de la Universidad Blackwood, escuchaba constantemente a los estudiantes hablar de ellos, mezclando admiración, curiosidad y temor.
Decidida a concentrarse en sus estudios, se dirigió a la biblioteca, pero al doblar un pasillo chocó accidentalmente con alguien y todos sus libros cayeron al suelo.
Antes de que pudiera recogerlos, una mano apareció frente a ella. Era Matteo, que le dedicó una sonrisa amable mientras la ayudaba a levantarlos.
Elena sintió cómo los nervios regresaban de inmediato.
En ese momento apareció Adrián, observándola en silencio con su característica expresión seria.
Aunque intentó agradecerles y marcharse rápidamente, Matteo comenzó una conversación inesperada y Adrián no pareció tener intención de irse.
Por primera vez desde que llegó a Blackwood, Elena sintió que era el centro de atención, algo que siempre había querido evitar.
Sin embargo, mientras se alejaba de ellos, tuvo la extraña sensación de que aquel encuentro no había sido una coincidencia y que los secretos que rodeaban a los dos jóvenes estaban a punto de arrastrarla a una historia mucho más grande de lo que imaginaba.