A la mañana siguiente, Elena se despertó en la habitación de invitados de la casa de la familia de Adrián y Matteo.
Durante unos segundos se quedó observando el techo, recordando todo lo que había vivido el día anterior.
Conocer a Damián y Marco y a su esposa Esther había sido mucho más fácil de lo que esperaba. La habían tratado con cariño desde el primer momento y eso había logrado que se sintiera cómoda en una casa que hasta entonces le parecía enorme y desconocida.
Mientras se estiraba, algo llamó su atención. Sobre una pequeña banqueta junto a la cama había una elegante caja blanca decorada con un lazo azul oscuro.
Elena frunció el ceño. Estaba segura de que aquella caja no había estado allí la noche anterior. Con curiosidad, se levantó y la tomó entre sus manos. Encima había una tarjeta escrita a mano.
Al abrirla encontró un mensaje sencillo: "Esperamos que te guste. —Adrián y Matteo". Elena sonrió inmediatamente.
Con cuidado desató el lazo y levantó la tapa. Sus ojos se abrieron de sorpresa. Dentro había tres bikinis perfectamente doblados.
Uno rojo, uno negro y uno celeste. Cada uno tenía detalles delicados y elegantes que demostraban que habían sido elegidos con atención.
Elena los observó durante varios segundos sin saber qué decir. No esperaba un regalo. Mucho menos uno pensado especialmente para ella.
Tomó el bikini celeste entre sus manos y sonrió. Era su color favorito. Aquello hizo que su corazón se acelerara un poco. Significaba que los hermanos realmente prestaban atención a las pequeñas cosas que ella decía.
Después de unos minutos decidió probarse el celeste. Cuando terminó de arreglarse, se miró en el espejo y no pudo evitar sonreír. Bajó las escaleras intentando no llamar demasiado la atención y salió hacia la zona de la piscina.
El sol brillaba sobre el agua cristalina y, al otro lado, Adrián y Matteo estaban terminando su rutina matutina.
Cuando la vieron acercarse, ambos se quedaron en silencio durante un instante. Elena sintió cómo sus mejillas se calentaban. Matteo fue el primero en reaccionar.
—Sabía que elegirías ese. Adrián asintió con una pequeña sonrisa.
—El celeste te queda muy bien. Elena bajó la mirada, avergonzada pero feliz.
—Gracias por el regalo. No tenían que hacerlo.
—Queríamos hacerlo —respondió Matteo
. —Porque eres importante para nosotros —añadió Adrián. Aquellas palabras hicieron que Elena sonriera.
Pasaron el resto de la mañana junto a la piscina, hablando, riendo y disfrutando del tiempo en familia.
Por primera vez desde que llegó a la mansión, Elena sintió que realmente formaba parte de aquel mundo.
No como una invitada temporal, sino como alguien que estaba construyendo recuerdos junto a las personas que quería.
Y mientras observaba el agua brillar bajo la luz del sol, comprendió que aquel regalo era mucho más que unos simples bikinis. Era una muestra de cariño, de confianza y de todo lo que habían compartido hasta ese momento.