La biblioteca del instituto ocupaba la última planta del edificio principal, un espacio enorme iluminado por ventanales que iban del suelo al techo y dominado por el olor a papel y madera pulida. A las cinco en punto, el lugar estaba prácticamente vacío, salvo por un par de estudiantes concentrados en sus ordenadores.
Mika ya estaba sentado en una de las mesas del fondo, la más alejada de la entrada. Frente a él había un portátil abierto y dos carpetas ordenadas al milímetro. No miraba el reloj ni mostraba impaciencia.
Lewin llegó tres minutos tarde. No porque se le hubiera hecho tarde, sino porque no pensaba darle a Mika la satisfacción de verlo esperar con prisa. Caminó entre las estanterías arrastrando la silla de enfrente con un ruido seco que hizo que la bibliotecaria levantara la vista con desaprobación. Lewin ignoró la mirada y se dejó caer sobre el asiento, apoyando los codos en la mesa y lanzando una libreta sobre la madera.
-Tres minutos -dijo Mika sin levantar la vista de la pantalla, tecleando con un ritmo constante.
-El tráfico en el pasillo estaba imposible -respondió Lewin con una sonrisa torcida, inclinándose hacia delante-. Pensé que un Enigma sabría gestionar la flexibilidad temporal.
Mika detuvo los dedos sobre el teclado. Alzó la mirada y sostuvo el contacto visual con una serenidad que a Lewin comenzó a resultarle exasperante desde el segundo uno.
-La puntualidad no es cuestión de género secundario, Lewin. Es educación. Pero ya que estás aquí, hablemos del trabajo.
Mika giró el ordenador hacia él. En la pantalla había un esquema detallado sobre la reestructuración financiera y el impacto de las tasas de interés en el sector corporativo durante la última crisis. Era un trabajo pulido, lógico y técnicamente impecable.
Lewin echó un vistazo rápido, leyendo por encima los puntos clave. Su mente analítica detectó de inmediato la estructura, pero su orgullo se negó a asentir sin más.
-Es demasiado conservador -dictaminó Lewin, echándose hacia atrás en la silla y cruzando los brazos-. Te has enfocado solo en la contención de daños de las entidades bancarias. Si no incluyes la agresividad de las fusiones de capital privado en el segundo trimestre, el análisis se queda a medias. Parece un informe estándar, no un trabajo de nivel.
Mika no se inmutó por la crítica.
-El margen de riesgo de esas fusiones fue especulativo -replicó Mika en un tono bajo y medido, adecuado para el silencio de la sala-. Incorporarlo sin los datos auditados del trimestre posterior distorsiona el equilibrio del modelo económico que pidió el profesor.
-El riesgo es lo que hace que un modelo funcione en el mundo real, Vance -interrumpió Lewin, inclinándose de nuevo sobre la mesa. Esta vez redujo la distancia entre sus rostros a apenas medio metro. Sus ojos fijos en los de Mika, desafiantes-. En la práctica, si no te arriesgas a meter esas variables, la competencia te come vivo. Pero supongo que en tu mundo prefieres tener todo bajo control antes de mover un solo pie.
-Prefiero no construir un análisis sobre supuestos volátiles -respondió Mika.
La conversación técnica se había convertido en un terreno de combate personal. Lewin podía sentir cómo la atmósfera entre los dos se volvía cada vez más pesada. Como Alfa, estaba acostumbrado a que la gente ceda espacio cuando él marcaba territorio, a que la tensión hiciera parpadear o dudar a cualquiera. Pero Mika ni parpadeaba ni retrocedía.
De hecho, a esa distancia tan corta, Lewin notó algo sutil. No era un olor obvio ni una presión agresiva, sino una presencia física densa, una especie de peso invisible en el aire que solo un Enigma podía proyectar sin alzar la voz ni mover un solo músculo. Era la sensación de estar frente a un muro que no se iba a mover por mucho que empujara.
Esa compostura absoluta incomodó a Lewin más de lo que estuvo dispuesto a admitir. Un calor repentino le subió por el cuello, alimentado por la rabia de no poder romper esa grieta de autocontrol.
-Está bien -dijo Lewin, bajando el tono de voz hasta convertirlo en un murmullo raspado, casi confidencial, sin romper el contacto visual-. Pon tu modelo conservador en la primera parte. Yo redactaré el apartado de integración de activos y estrategia de riesgo. Mañana comparamos los resultados antes de clase y vemos cuál de los dos enfoques sostiene mejor el argumento.
-Me parece bien -asintió Mika con calma-. Si tus datos son sólidos, los incluiremos.
-Lo serán -aseguró Lewin, tomando su libreta y poníendose de pie bruscamente, rompiendo la cercanía que comenzaba a sofocarlo-. Nos vemos mañana, Vance. Intenta no aburrirte demasiado manteniendo todo en orden.
Mika lo vio alejarse por el pasillo entre las estanterías. Solo cuando la puerta de la biblioteca se cerró tras los pasos de Lewin, Mika soltó un ligero suspiro, cerró la pantalla del portátil y se quedó mirando el asiento vacío de enfrente durante unos segundos.