La mansión Montreux estaba preparada para una velada impecable.
Las luces del jardín se encendieron al caer la tarde, bañando las fuentes y los senderos de piedra con un brillo sobrio. No era una fiesta ruidosa, sino una reunión cuidadosamente calculada: música suave, copas de cristal fino, conversaciones que se movían entre negocios, política y alianzas futuras.
Elara bajó las escaleras con el corazón inquieto.
El vestido que llevaba era elegante, discreto, de un tono profundo que resaltaba su piel clara y el color cambiante de sus ojos. Margaux la había observado durante largos minutos antes de asentir, satisfecha.
—Recuerda quién eres —le había dicho—. Y lo que representas.
Elara sabía que esas palabras nunca iban dirigidas a ella como mujer, sino como apellido.
Cuando entró al salón principal, lo sintió.
No lo vio primero.
Lo sintió.
El ambiente cambió apenas un grado, como si el aire se hubiera vuelto más denso. Algunas conversaciones se apagaron. Otras bajaron de volumen sin que nadie supiera explicar por qué.
Rayan Al-Zahir estaba allí.
Vestía con sobriedad absoluta. Traje oscuro, líneas limpias, sin joyas visibles. No necesitaba adornos. Su sola presencia imponía una jerarquía que no pedía permiso.
Sus ojos encontraron a Elara de inmediato.
No fue una mirada larga.
No fue pública.
Fue directa.
Elara sostuvo el contacto sin bajar la vista. Sintió ese tirón interno, esa mezcla peligrosa de recuerdo y presente. Nada había cambiado entre ellos… y, sin embargo, todo era distinto.
Gabriel se movió a su lado casi al instante.
—Quédate tranquila —murmuró—. Observa antes de reaccionar.
Ella asintió.
Henri y Margaux avanzaron para recibir al jeque.
—Alteza —saludó Henri—. Es un honor tenerlo en nuestra casa.
—El honor es mío —respondió Rayan—. He seguido el trabajo de su familia desde hace años.
Sus palabras eran correctas. Medidas.
Pero cuando volvió a mirar a Elara, algo en su expresión se volvió más firme. Más personal.
—Gracias por recibirme —añadió—. He venido en persona porque no me gusta delegar lo que considero importante.
Gabriel dio un paso al frente.
—Mi hermana no es una moneda de cambio —dijo con voz tranquila, pero firme.
El silencio fue inmediato.
Margaux contuvo la respiración. Henri frunció apenas el ceño.
Rayan no se ofendió.
Al contrario.
—No la considero así —respondió—. Precisamente por eso estoy aquí yo, y no un intermediario.
Gabriel lo observó con atención, evaluándolo como evaluaba a cualquier hombre poderoso que se acercara demasiado a lo que era suyo.
—Entonces entenderá —continuó Gabriel— que seremos cautelosos.
—Lo espero —dijo Rayan—. Y lo respeto.
Elara sintió algo apretarse en su pecho.
Nadie había hablado así por ella antes.
No en público.
No frente a alguien como él.
La llegada de los invitados cerró el círculo.
Camille apareció del brazo de Julien, impecable, recién casada, con una sonrisa que se tensó apenas al ver a Elara en el centro del salón. Julien, en cambio, se quedó rígido al reconocer al jeque.
Camille lo notó.
—¿Es él? —susurró.
Julien asintió, con el orgullo herido.
La cena avanzó con cortesía perfecta. Conversaciones cruzadas. Sonrisas medidas. Y miradas que decían más que las palabras.
Fue entonces cuando Rayan hizo una seña discreta.
Un asistente se acercó con una caja alargada, forrada en terciopelo oscuro.
—Esto es para usted —dijo Rayan, entregándosela a Elara.
El silencio fue absoluto.
Elara dudó un segundo antes de abrirla.
Dentro, la pulsera.
Diamantes perfectamente engastados, brillando con una luz fría y poderosa. No era una joya para presumir. Era una joya que declaraba territorio.
Margaux contuvo un gesto de asombro.
Henri parpadeó, calculando cifras.
Gabriel apretó la mandíbula, sorprendido.
Camille sintió que el estómago se le hundía.
—Eso vale millones… —murmuró, sin poder ocultar la rabia.
Julien lo entendió de inmediato.
Si el jeque estaba allí, en esa casa, ofreciendo algo así a Elara… no era un capricho. Era intención.
Y él nunca había sido suficiente para provocarla.
Rayan sostuvo la mirada de Elara mientras ella cerraba la caja con cuidado.
Editado: 22.01.2026