Bajo la sombra de De Luca

Capítulo 1 "La sombra de De Luca"

La noche en Sicilia tenía un aroma espeso, mezclado entre sal marina, gasolina y tabaco viejo.
Cielo Moretti caminaba con los hombros tensos, abrazándose a sí misma como si el aire fuera demasiado frío… aunque en realidad no lo era. No era el clima lo que le helaba la piel.

Era la sensación de estar siendo observada.
Las luces anaranjadas de las farolas caían sobre las calles angostas, iluminando apenas los adoquines húmedos. Su bolso apretado contra el pecho parecía más pesado de lo normal.

Y no era por el maquillaje que llevaba dentro.
Era por el sobre.
Un sobre que no debía existir.
Un sobre que tenía nombres, fechas y números… y que pertenecía a alguien que no perdonaba errores.
Cielo tragó saliva.
No quería estar ahí.
Ella no era una chica de problemas. No era de fiestas, ni de secretos, ni de peligros. Era tímida, reservada… la clase de persona que prefería quedarse en casa con un libro antes que discutir con alguien.
Pero había cosas que te obligaban a cambiar.
Y esa noche… esa noche era una de esas cosas.

Se detuvo frente a un restaurante elegante, con ventanales oscuros y guardias vestidos de negro en la entrada. No llevaban uniforme oficial, pero sus posturas lo decían todo.
Eran hombres armados.
Cielo sintió que el corazón se le subía a la garganta.
Miró el cartel: Ristorante Belladonna.
Su amiga Giulia le había dicho que allí encontraría a un hombre capaz de ayudarla.
“Si querés sobrevivir, Cielo… pedí hablar con De Luca.”
Solo escuchar ese apellido le daba miedo.
De Luca.
El nombre era conocido incluso por quienes fingían no saber nada. En Sicilia, De Luca era sinónimo de silencio. De poder. De sangre.
Cielo apretó el sobre en su bolso y dio un paso hacia la entrada.
Los guardias la miraron de arriba abajo.

—¿Perdida, signorina? —preguntó uno, con una sonrisa sin humor.

Cielo intentó hablar, pero su voz se quedó atrapada en el pecho.
Respiró profundo.
Valiente, se recordó.
Tenés que ser valiente.

—Necesito hablar con… Alessandro De fútbol más serios.

—¿Quién sos?

—Cielo Moretti.

El hombre la observó por un segundo, como si evaluara si era una amenaza o una simple tonta. Luego se giró hacia el otro guardia y murmuró algo en italiano.
Cielo no alcanzó a escuchar.
Lo único que notó fue que la puerta se abrió.

—Pasá —ordenó el guardia—. Pero no hagas estupideces.

Cielo entró.
El restaurante era demasiado lujoso para ser real. Arañas de cristal colgaban del techo. Las mesas estaban impecables, con manteles blancos y copas brillando.
Pero el lujo no ocultaba lo evidente:
La tensión se sentía en el aire como un arma cargada.
Había hombres en cada esquina, discretos pero atentos. Algunos bebían vino, otros hablaban bajo… todos con el mismo aura peligrosa.
Y en el centro del salón, en una mesa apartada, estaba él.

Alessandro De Luca.

No era como Cielo se lo había imaginado.
No era un viejo gordo con anillos dorados y risa asquerosa, como en las películas.
No.
Era… hermoso.
De una manera peligrosa.
Alto, hombros anchos, traje negro perfectamente ajustado. Cabello oscuro peinado hacia atrás con elegancia. Barba corta, prolija. Sus ojos eran fríos, intensos, de un marrón tan oscuro que parecía negro.
Y cuando la miró…
Cielo sintió que se le apagaba el mundo.
Porque esos ojos no miraban como un hombre común.
Miraban como alguien que podía destruirte sin pestañear.
Alessandro no dijo nada al principio. Solo la observó, apoyando un brazo sobre la mesa, con la calma de quien sabe que todo le pertenece.
Cielo caminó hacia él, sintiendo las piernas temblar.

—Señor De Luca… —susurró.

Él inclinó apenas la cabeza.

—¿Quién te mandó? —preguntó con una voz grave y controlada.

Cielo abrió la boca.

—Nadie… yo…

Alessandro levantó la mano, cortándola.

—No me hagas perder el tiempo, signorina.

Su tono no era agresivo.
Era peor.
Era tranquilo.
Como si no necesitara gritar para que el mundo le obedeciera.
Cielo respiró hondo.

—Tengo algo que le pertenece.

Alessandro la miró fijamente, y por primera vez algo cambió en su expresión. No mucho. Apenas un detalle.
Un interés.

—¿Ah, sí? —preguntó.

Cielo abrió el bolso con manos temblorosas y sacó el sobre.
Lo puso sobre la mesa.
Alessandro no lo tocó al instante. Primero la miró a ella, como si estuviera leyendo su alma.

—¿Sabés lo que estás trayendo a mi mesa? —dijo.

Cielo tragó saliva.

—Sí…

—Entonces sabés lo que puede pasar si esto es una trampa.

Ella negó rápidamente.

—No lo es. Lo juro.

Alessandro finalmente tomó el sobre y lo abrió con calma. Sus dedos eran largos, firmes. Cada movimiento suyo parecía medido, como si nunca actuara impulsivamente.
Sacó los papeles.
Leyó.
Y mientras lo hacía… el ambiente cambió.
Los hombres alrededor se pusieron tensos. Cielo lo notó.
Alessandro levantó la mirada, y sus ojos ya no eran solo fríos.
Eran peligrosos.

—¿Dónde lo encontraste? —preguntó.

Cielo dudó.

—Mi padre… trabajaba para alguien. Antes de morir. Esto estaba escondido en su estudio.

Alessandro no parpadeó.

—¿Tu padre era un idiota?

La frase fue cruel… pero no fue dicha con crueldad.
Fue dicha como un hecho.

Cielo sintió un nudo en el pecho.

—Él… intentó protegerme.

Alessandro la miró largo rato. Luego dejó los papeles sobre la mesa y se reclinó en su silla.

—Esto no es solo información —dijo—. Esto es una sentencia de muerte.

Cielo se quedó inmóvil.

—¿Para quién? —preguntó, con la voz quebrada.

Alessandro la miró como si la respuesta fuera obvia.

—Para vos, Cielo Moretti.

El aire se le fue de los pulmones.



#4888 en Novela romántica

En el texto hay: romance y mafia

Editado: 12.02.2026

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