Bajo la sombra de De Luca

Capítulo 9 "Bajo Llave"

La puerta de la habitación se cerró con un golpe seco.
Cielo apenas alcanzó a respirar cuando Alessandro la dejó con suavidad sobre la cama, como si fuera algo frágil… algo sagrado.
Pero él no se alejó.
No lo hizo ni un paso.
Se quedó frente a ella, mirándola con una intensidad que la ponía nerviosa y, al mismo tiempo, la hacía sentir protegida.
Su pecho subía y bajaba con fuerza, como si la rabia aún le quemara por dentro.
Cielo se acomodó el cabello temblando un poco.

—Alessandro…
Él levantó la mano y le acarició la mejilla con los nudillos.
Era un gesto lento.
Cuidadoso.
Pero sus ojos seguían oscuros.
Peligrosos.

—No quiero que vuelvas a salir sola —dijo.
Cielo tragó saliva.

—Yo… pensé que era solo una charla.
Alessandro apretó la mandíbula.

—Ella sabía exactamente lo que hacía.
Cielo sintió un nudo en la garganta.

—Me quería entregar…
Alessandro se inclinó un poco, y su voz bajó, cargada de furia contenida.

—Y si lo hubiera logrado, habría muerto gente esta noche.
Cielo lo miró, impactada.

—¿Me iban a matar?
Alessandro no respondió enseguida.
La miró fijamente, como si odiara decirlo.
Luego asintió.

—Sí.
El silencio cayó pesado.
Cielo sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Alessandro se sentó a su lado en la cama y tomó sus manos.
Sus dedos eran grandes, fuertes.
Las envolvían por completo.

—Escúchame, Cielo.
Ella lo miró.
Él respiró profundo.

—Tú no estás hecha para este mundo. Y yo no debí meterte en esto.
Cielo negó rápido.

—No digas eso…
Alessandro apretó sus manos.

—Es la verdad. Este mundo es sucio. Es cruel. Te rompe.
Cielo sintió que el corazón se le apretaba.

—Pero yo… yo no quiero irme.
Alessandro la miró con sorpresa.
Como si esas palabras le hubieran dado un golpe.

—¿Por qué?
Cielo bajó la mirada.
Su voz salió pequeña.

—Porque contigo… me siento segura.
Alessandro se quedó inmóvil.
Luego llevó una mano al rostro de Cielo y le levantó el mentón.

—Yo no soy un hombre seguro.
Cielo lo miró directo.

—Para mí sí lo eres.
Alessandro soltó una exhalación lenta.
Como si estuviera perdiendo el control.
Como si su autocontrol se estuviera quebrando.
Y entonces la abrazó.
De golpe.
Fuerte.
Como si la necesitara pegada a él para asegurarse de que seguía viva.
Cielo se quedó quieta un segundo, sorprendida.
Luego lo abrazó también.
Sintió el calor de su pecho, su perfume, su respiración en su cuello.
Alessandro hundió el rostro en su cabello.

—No puedo perderte —murmuró.
Cielo sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas.

—No me vas a perder.
Alessandro se separó un poco, la miró con intensidad.

—No lo entiendes… yo no sé amar despacio.
Cielo sintió que el cuerpo se le erizó.

—Entonces… no lo hagas despacio.
Alessandro se quedó en silencio.
Sus ojos se oscurecieron aún más.
Y en un segundo, la besó.
No fue un beso suave.
Fue un beso hambriento.
Desesperado.
Como si Alessandro estuviera conteniéndose desde hacía días.
Cielo soltó un pequeño gemido contra sus labios.
Y él, al sentirlo, apretó más su cuerpo contra el de ella.
Sus manos recorrieron su cintura.
Su espalda.
Su cuello.
La besaba como si quisiera dejarle su marca en el alma.
Cuando se separó, su voz fue ronca.

—Cielo…
Ella respiraba agitada.

—¿Qué?
Alessandro apoyó su frente en la de ella.

—Si sigo… no voy a parar.
Cielo tragó saliva.
Su corazón latía tan fuerte que le dolía.

—Entonces… no pares.
Los ojos de Alessandro se clavaron en los de ella.
Y algo en su expresión cambió.
No era solo deseo.
Era devoción.
Era necesidad.
Era amor mezclado con peligro.
Él la besó de nuevo.
Más lento esta vez.
Más profundo.
Como si la estuviera probando.
Como si quisiera memorizarla.

Cielo deslizó sus manos por el cuello de él, sintiendo su piel caliente, sus músculos tensos.
Alessandro se apartó apenas, respirando fuerte.

—Te voy a cuidar… aunque tenga que encerrar el mundo entero para hacerlo.
Cielo sonrió apenas, nerviosa.

—¿Me vas a encerrar?
Alessandro soltó una risa baja.

—Si es necesario.
Cielo le tocó el pecho.

—No quiero una jaula… quiero estar contigo porque lo elijo.
Alessandro la miró con algo parecido a orgullo.

—Eso es lo que me vuelve loco de ti.
Se inclinó y besó su cuello.
Cielo se estremeció.
Su respiración se cortó.
Alessandro murmuró contra su piel:

—Eres demasiado pura para mí.
Cielo lo miró, con el rostro rojo.

—No me digas eso.
Alessandro levantó la cabeza.

—¿Por qué?
Cielo tragó saliva.

—Porque no quiero que pienses que soy frágil.
Alessandro se quedó quieto.
Luego tomó su rostro con ambas manos.

—No eres frágil, Cielo.
Sus ojos ardían.

—Eres valiente… y me estás destruyendo de la mejor manera.
Cielo sintió un calor recorrerle el cuerpo.
Alessandro la besó otra vez, y esta vez sus manos se deslizaron por sus piernas, subiendo lentamente.
Cielo cerró los ojos, sintiendo cómo su piel se encendía con cada roce.
Pero Alessandro se detuvo de golpe.
Cielo abrió los ojos, confundida.

—¿Qué pasa?
Alessandro respiró hondo.
Se apartó.
Y su expresión cambió completamente.
De deseo… a furia.
Cielo se incorporó rápido.

—¿Qué?
Alessandro se levantó de la cama y caminó hacia la ventana.
Miró hacia abajo, al patio principal.

—Marco —dijo con voz fría.
Cielo sintió el corazón acelerarse.
Alessandro abrió la puerta del cuarto.
Marco apareció de inmediato.



#5700 en Novela romántica

En el texto hay: romance y mafia

Editado: 13.02.2026

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