Bajo la sombra de la Luna

PRÓLOGO

Hace casi cuatro años, Aylin se unió al Alfa Marcus Draven.

Aunque Marcus ya tenía a alguien ocupando su corazón, no pudo negarse al destino que la luna había impuesto sobre él. Mucho menos enfrentarse a su propio lobo.

Así que tomó la única decisión que consideró lógica:

llevarla consigo a su manada.

La marcó.

La convirtió en su luna.

Pero jamás la reclamó verdaderamente como suya.

Para Marcus, Aylin no era más que un vínculo impuesto por el destino. No había amor de por medio. No había deseo real. Solo obligación.

Al principio, Aylin creyó que aquello sería temporal.

Pensó que, con el tiempo, él terminaría viéndola.

Que algún día dejaría de mirar a otra mujer.

Pero los años pasaron… y Marcus jamás le dio el lugar que realmente le pertenecía.

Siempre la mantuvo bajo la sombra de Stella.

La única mujer a la que había amado de verdad.

Y Aylin lo soportó todo.

Las miradas.

Los murmullos.

La humillación silenciosa.

Porque todos hablaban a sus espaldas.

—¿Cómo puede la luna soportar tanta crueldad?

—Es una ciega. No se da cuenta de que el Alfa no la quiere.

—Se conforma con migajas.

—Yo ya me habría marchado.

Y quizás tenían razón.

Porque mientras Aylin permanecía encerrada en un amor que nunca fue correspondido, Marcus se paseaba orgullosamente junto a Stella.

En cada celebración.

En cada evento.

En cada mirada importante.

Era a Stella a quien presentaba.

Era Stella quien ocupaba el lugar que debía pertenecerle a su luna.

Y esa noche, tirada sobre el suelo frío mientras el pecho le punzaba y el dolor le quemaba hasta los huesos, Aylin finalmente entendió algo:

Si permanecía allí…

terminaría destruyéndose a sí misma.

Debía marcharse.

Debía dejar de vivir bajo la sombra de Marcus.

Y, sobre todo, bajo la sombra de Stella.

Marcus como siempre se la pasaba con Stella entre sus brazos, ignorando por completo el dolor que le causaba a la mujer a la que realmente debía entregarse.

Su lobo se inquietaba cada vez más.

Caminando de un lado a otro dentro de su cabeza, irritado, incómodo… furioso.

Pero Marcus lo ignoraba.

Llevaba años haciéndolo.

Desde el momento en que Aylin llegó a su vida, le dejó algo claro a su lobo:

—La traje conmigo por ti, no porque realmente la quiera. ¿Estamos?

Su lobo gruño ante aquellas palabras.

Nunca estuvo de acuerdo.

Porque mientras Marcus amaba a Stella, su lobo había reconocido a Aylin desde el primer instante como su verdadera luna.

Y jamás le agradó la mujer que su humano había elegido.

Porque no era ella a quien pertenecían.

Por su parte, Stella disfrutaba del sufrimiento que le causaba a Aylin.

Cada día se paseaba frente a ella como si fuera la verdadera dueña de todo.

Y, en realidad, lo era.

Porque así lo había establecido Marcus.

Era Stella quien ocupaba su tiempo.

Su atención.

Su orgullo.

Mientras Aylin quedaba relegada a las sombras.

Cada vez que ella estaba cerca, Stella aprovechaba para lanzar comentarios disfrazados de inocencia.

Hablaba sobre los regalos que Marcus le daba.

Sobre cuánto se amaban.

Sobre los viajes que harían juntos para celebrar su noveno aniversario.

Cada palabra era una herida cuidadosamente calculada.

Y aunque a Aylin le dolía…

nunca respondía.

Solo bajaba la mirada y se marchaba en silencio.

Porque, aun si quisiera enfrentarse a Stella, sabía perfectamente que jamás podría ganar contra la mujer que poseía el corazón del Alfa.

Desde esa noche, se marcó un antes y un después.

Aylin tomó una decisión:

dejar de vivir bajo la sombra de un hombre que jamás la amaría y de una mujer que ocupaba el lugar que realmente le pertenecía.

Había sido la compañera perfecta:

leal, paciente y silenciosa.

La mujer que sostenía la manada mientras Marcus prefería permanecer al lado de Stella.

La que calmaba la furia del Alfa, organizaba el caos y mantenía unidos a quienes lo seguían.

Y fue entonces cuando todo comenzó a derrumbarse.

La manada perdió estabilidad.

Los conflictos comenzaron a multiplicarse.

Y el Alfa empezó a perder el control de sí mismo.

Porque Marcus finalmente descubrió una verdad devastadora:

la mujer que amaba podía acelerar su corazón…

pero era su luna quien sostenía su alma.

Ahora que ella se había ido, el caos amenazaba con destruirlo todo.

Y recuperar a la única mujer que realmente necesitaba podría ser mucho más difícil que enfrentarse a sus propios enemigos.

Porque cuando destruyen a una mujer por dentro…

ella jamás regresa siendo la misma.




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