Bajo la sombra de la Luna

✿ La luna que nadie ve ✿

Aylin se encontraba en la biblioteca, sumida entre documentos, prácticamente esa era su oficina y lugar seguro en la casa del Alfa. Ese era el lugar al que ella podría llamar como suyo. Estaba tan concentrada qué no sintió el olor ni la presencia de su compañero.

Marcus entró a la biblioteca buscando con la mirada a Aylin. La vio en una esquina escribiendo algo. Hizo una mueca de desagrado.

Verla siempre rodeada de informes y responsabilidades le provocaba una incomodidad difícil de explicar. Cada vez que la miraba recordaba el vínculo que nunca había querido aceptar.

Sino hubiera sido por su lobo Kendrick él nunca la hubiera llevado a su casa.

—Aquí estas —promulgó con enfado.

Aylin levanto la mirada, lo miro por un segundo y luego bajo la mirada.

Algo que le causó más molestia a Marcus.

—Necesitas algo —dijo con temblor en la voz.

Si Marcus la buscaba era para pedirle algo, humillarlo o darle alguna noticia.

Marcus se preguntó porque debía notificarle lo que iba hacer.

—Partiré esta noche con Stella a la ciudad del norte, supongo tienes todo organizado.

Para eso era lo único que Aylin le servía. Hacer reportes de la manada, preparar discursos para convencer aliados y a alfas,

—Ni se te ocurra salir de la casa —continuo con desden.

Aylin dejo escapar una mueca de sonrisa, porque mientras ella preparaba todo ellos gozaban como la pareja proclamado qué eran, nadie de fuera de la manada la reconocía a ella como la luna, o la pareja de Marcus.

Para el mundo Stella era la luna de la manda y la que se llevaba los elogios por ser la compañera perfecta.

—No quiero quejas tuyas volveré en dos días.

Aylin no dijo nada solo saco tres carpetas, la primera de los puntos que trataría en la reunión con los alfas del norte. La segunda las propuestas que haría para seguir afianzando el pacto entre manadas y la tercera las proyecciones a futuro.

Extendió las carpetas cada una con un nombre, Marcus las tomo y reviso, las leyó por encima y las cerro.

Se dio la media vuelta pero no avanzó solo se quedo parado.

Algún día te lo recompensaré —murmuró.

El murmullo apenas se escuchó. Pero Aylin lo escucho, su audición era más desarrollada incluso podía escuchar la brisa como soplaba y chocaba contra las paredes.

Pero ella sabía que el que había dicho aquello no era Marcus sino su lobo, ese que la reclamó cuando la encontró.

Los ojos de Marcus estaban de un color Plateado, su lobo era el que estaba presente. Marcus sacudió la cabeza tomando el control.

Avanzó sin decir una palabra. Cerro con un portazo que resonó en todo el pasillo.

Aylin permaneció inmóvil durante varios segundos.

El silencio regresó a la biblioteca.

Lento.

Pesado.

Familiar.

Finalmente soltó un suspiro y volvió a los documentos que tenía frente a ella.

Era lo que siempre hacía.

Trabajar.

Organizar.

Resolver.

Mientras otros recibían el reconocimiento.

Sus dedos se detuvieron sobre una de las hojas.

A veces se preguntaba qué habría sido de su vida si hubiera luchado contra el vínculo.

Si hubiera huido cuando Kendrick la encontró.

Si hubiera soportado el dolor de rechazar la marca.

Quizás habría sufrido.

Pero no más que ahora.

Porque vivir al lado de Marcus durante cuatro años había sido como morir un poco cada día.

Y lo peor era que ya ni siquiera estaba segura de seguir amándolo.

Aylin intentó concentrarse nuevamente en los documentos.

Intentó.

Pero las palabras comenzaron a mezclarse frente a sus ojos.

Cerró la carpeta y apoyó la frente sobre una mano.

El agotamiento se estaba volviendo insoportable.

Un golpe suave en la puerta la sacó de sus pensamientos.

—Adelante.

La puerta se abrió apenas.

—¿Luna?

Aylin levantó la vista.

Era Nora, una de las omegas encargadas de las cocina.

La mujer sonrió con timidez.

—Lo siento por interrumpir.

—Está bien. ¿Qué sucede?

—Vinieron los proveedores de la región este. Dijeron que necesitan la aprobación para los suministros de invierno.

Aylin cerró los ojos durante un segundo.

Otro problema más.

—Déjalos pasar en una hora. Revisaré primero los inventarios.

—Sí, Luna.

Nora se marchó.

Aylin apenas tuvo tiempo de volver a sentarse cuando alguien más tocó la puerta.

Esta vez era uno de los guerreros.

—Luna, necesitamos revisar la distribución de las patrullas.

—Déjalo sobre el escritorio.

—Sí, Luna.

Cuando él se fue, otro llegó.

Y después otro.

Y otro más.

Para el mediodía, su escritorio estaba cubierto de informes.

Disputas territoriales.

Cuentas.

Inventarios.

Solicitudes.

Reparaciones.

Quejas.

Todo terminaba sobre su mesa.

Todo.

Aylin observó la montaña de documentos.

Una risa amarga escapó de sus labios.

Resultaba curioso.

Nadie la reconocía como la compañera del Alfa.

Nadie la presentaba en reuniones.

Nadie la invitaba a ceremonias.

Pero cuando había trabajo...

Todos sabían exactamente dónde encontrarla.

La puerta volvió a abrirse.

Esta vez sin llamar.

Aylin reconoció el perfume antes de levantar la vista.

Stella.

La mujer entró sonriendo.

Hermosa.

Impecable.

Vestida para el viaje que realizaría junto a Marcus esa noche.

—Vaya —comentó observando las carpetas—. ¿Todavía sigues trabajando?

Aylin volvió la vista a los documentos.

—¿Necesitas algo?

—Solo vine a despedirme.

El tono dulce de Stella hizo que la respuesta sonara aún más falsa.

—Marcus y yo estaremos fuera varios días.

Aylin no respondió.

—La ciudad del norte es preciosa. Dicen que las vistas desde el hotel son increíbles.




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