Bajo la sombra de la Luna

✿ Las grietas del equilibrio ✿

La casa del Alfa estaba extrañamente silenciosa.

Aylin levantó la vista del último informe cuando escuchó el sonido de un vehículo alejándose por el camino principal.

Marcus y Stella acababan de partir.

Por alguna razón, el aire parecía más ligero.

O tal vez era solo su imaginación.

Se levantó de la silla y caminó hasta la ventana.

Los vehículos ya habían desaparecido.

Antes, habría sentido aquel dolor familiar en el pecho.

La sensación de estar siendo reemplazada una vez más.

Pero esta vez no.

Solo sintió cansancio.

Un cansancio tan profundo que parecía haberse instalado en sus huesos.

Regresó al escritorio y continuó trabajando.

Una hora después llegaron los proveedores.

Dos horas después aparecieron los encargados de las patrullas.

Luego los responsables de los almacenes.

Después los líderes de los grupos de caza.

Todos tenían preguntas.

Todos necesitaban respuestas.

Y todos acudían a ella.

Como siempre.

Luna, necesitamos autorización para ampliar el depósito de alimentos.

—Luna, hay problemas con la frontera este.

—Luna, los registros de nacimientos necesitan su firma.

Aylin atendió cada asunto sin quejarse.

Sin embargo, conforme avanzaba el día, algo comenzó a molestarla.

No era el trabajo.

Era el dolor.

Una presión extraña se instaló en su pecho.

Al principio fue apenas una molestia.

Luego una punzada.

Y después otra.

Aylin llevó una mano a su esternón.

Su respiración se volvió irregular.

—¿Luna?

La voz preocupada de Nora llegó desde la puerta.

—¿Se encuentra bien?

—Sí.

La mentira salió demasiado rápido.

Porque ni siquiera ella estaba segura de que fuera verdad.

Algo estaba cambiando.

Marcus ni siquiera miró atrás al marcharse.

Simplemente tomó la mano de Stella entre las suyas, la llevó hasta sus labios y depositó un beso sobre sus nudillos.

—Te prometo que te encantará este viaje —dijo mientras la ayudaba a subir al vehículo.

Stella sonrió.

—Mientras esté contigo, me gustará cualquier lugar.

Marcus correspondió la sonrisa.

Por un instante, todo parecía perfecto.

La mujer que amaba estaba a su lado.

El viaje estaba planeado.

Los acuerdos con las manadas del norte prácticamente estaban cerrados.

No había razón para preocuparse.

Sin embargo, una extraña incomodidad se instaló en su pecho.

Fue apenas un segundo.

Una sensación fugaz.

Como si algo estuviera fuera de lugar.

Marcus frunció el ceño.

—¿Sucede algo? —preguntó Stella.

—No.

Sacudió la cabeza.

Probablemente era el estrés.

Nada más.

Pero dentro de él, Kendrick comenzó a caminar inquieto.

El enorme lobo negro recorría su conciencia de un lado a otro.

Molesto.

Irritado.

Ansioso.

¿Qué te pasa ahora? —gruñó Marcus mentalmente.

Kendrick respondió con otro gruñido.

—Aylin.

Marcus puso los ojos en blanco.

—Otra vez no.

Aylin.

Está perfectamente bien.

—No lo sabes.

Claro que lo sé.

No la has mirado

Marcus apretó la mandibula.

Aquella discusión era tan vieja como su propio vínculo.

—No empieces.

—La estás rompiendo.

Ella sabía exactamente lo que podía esperar de mí cuando aceptó la marca.

Kendrick soltó un rugido que hizo vibrar cada rincón de su mente.

No, ella no aceptó la marca, nosotros la impusimos.

Marcus endureció el gesto.

—Ya la tienes que más quieres.

Y ella se quedó por ti.

Aquellas palabras lograron algo poco habitual.

Lo dejaron sin respuesta.

Solo por un instante.

Solo un segundo.

Pero fue suficiente para que una sensación incómoda se instalara en su pecho.

Porque, por primera vez en mucho tiempo, Marcus se preguntó si su lobo tenía razón.

Y no le gustó la respuesta que encontró.

Por eso la enterró.

Como siempre hacía.

Y ordenó al conductor avanzar.

Sin saber que, mientras el vehículo abandonaba la manada, algo estaba comenzando a romperse.

Y esta vez no podría arreglarse con promesas vacías.

—¿Sucede algo?

La voz de Stella sacó a Marcus de sus pensamientos.

Él apartó la vista de la ventana.

—Nada.

—Mentira.

Stella sonrió ligeramente mientras acomodaba una mano sobre su brazo.

—Te conozco demasiado bien.

Marcus dejó escapar un suspiro.

—Kendrick está siendo molesto.

La sonrisa de Stella se tensó apenas.

Solo apenas.

Pero Marcus no lo notó.

—¿Otra vez por ella?

—Sí.

Stella apartó la mirada hacia la carretera.

Durante un instante, algo oscuro cruzó por sus ojos.

—Pensé que ya había aceptado la situación.

Kendrick gruñó.

Un gruñido tan fuerte que resonó dentro de la cabeza de Marcus.

—Nunca la aceptaré.

Marcus ignoró a su lobo.

—Sabes cómo es.

—Lo sé.

La respuesta salió demasiado rápida.

Stella volvió a sonreír.

La sonrisa perfecta que todos veían.

—A veces creo que tu lobo me odia.

—No te odia.

—Entonces tampoco le agrado.

Marcus no respondió.

Porque esa vez Stella tenía razón.

Kendrick jamás había ocultado su rechazo.

Desde el momento en que encontró a Aylin, había dejado claro quién era su compañera.

Y aunque respetaba a Stella por ser importante para Marcus, nunca la reconocería como algo más.




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