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Aylin observó al director del hospital alejarse por el pasillo.
Esperó hasta que desapareció de su vista antes de continuar caminando.
Cinco pasos después, alguien más la interceptó.
—Luna.
Aylin reconoció al instante la voz.
Era Owen, el jefe de las patrullas fronterizas.
Por supuesto.
Otro problema.
—¿Qué sucede?
—Tuvimos un incidente esta mañana en la frontera oeste.
Aylin se detuvo.
—¿Con qué manada?
—Roca Gris.
Aquello llamó su atención.
La manada Roca Gris era una de las aliadas más importantes de Marcus.
—¿Qué ocurrió?
—Nuestros guerreros encontraron a dos lobos dentro del territorio. Dicen que estaban siguiendo un venado, pero los nuestros creen que estaban espiando.
Aylin suspiró.
Si aquello se manejaba mal podía convertirse en un conflicto innecesario.
—¿Informaste al Alfa?
Owen bajó la mirada.
Y esa respuesta fue suficiente.
—Lo intenté.
Aylin cerró los ojos un instante.
Marcus ya debía estar a mitad de camino hacia el norte.
—De acuerdo. Envíame los reportes completos.
—Ya están en tu escritorio.
Claro que estaban en su escritorio.
Todo terminaba allí.
Absolutamente todo.
—Hablaré con el Alfa de Roca Gris esta misma noche.
Owen pareció relajarse.
—Gracias, Luna.
Cuando él se marchó, Aylin permaneció inmóvil durante unos segundos.
El pasillo estaba vacío.
Silencioso.
Y entonces comprendió algo.
Marcus llevaba apenas unas horas fuera.
Solo unas horas.
Y ya había tres asuntos importantes esperando ser resueltos.
El hospital.
Las patrullas.
Los suministros de invierno.
Ella era quien sostenía cada una de esas piezas.
No Marcus.
No Stella.
Ella.
Aquella verdad no la hizo sentir orgullosa.
La hizo sentir agotada.
Porque durante cuatro años había cargado una manada entera sobre sus hombros.
Y nadie parecía darse cuenta.
Una punzada atravesó nuevamente su pecho.
Más fuerte esta vez.
Aylin se llevó una mano al corazón.
El dolor desapareció tan rápido como llegó.
Pero el escalofrío que recorrió su cuerpo permaneció.
—Esto solo significa que Marcus…
Murmuró para sí misma dejando la oración suspendida.
Sin embargo, decidió ignorarlo.
Como ignoraba tantas otras cosas.
Aylin regresó a la biblioteca.
Dejó las carpetas sobre el escritorio y tomó asiento.
El silencio la envolvió de inmediato.
Era una de las pocas cosas que agradecía cuando Marcus no estaba en la residencia.
No tener que escuchar las risas de Stella en los pasillos.
No tener que verla entrar y salir del despacho del Alfa como si fuera la dueña de todo.
No tener que presenciar cómo Marcus la miraba.
Aylin cerró los ojos durante un instante.
El cansancio comenzaba a instalarse en cada músculo de su cuerpo.
Tomó el teléfono interno.
—¿Nora?
—¿Sí, Luna?
—¿Podrías traerme la cena a la biblioteca?
—Por supuesto.
—Gracias.
Colgó.
Ni siquiera tenía fuerzas para caminar hasta el comedor.
Mientras esperaba, abrió uno de los informes pendientes.
El trabajo siempre era más fácil que pensar.
Porque pensar significaba recordar.
Y recordar siempre terminaba doliendo.
Por un momento pensó en dejar el informe para la mañana siguiente.
Pero descartó la idea casi de inmediato.
Los problemas no desaparecían por ignorarlos.
Tomó la carpeta que Owen había dejado sobre su escritorio y la abrió.
Su ceño se frunció conforme avanzaba por las páginas.
Los reportes de ambas patrullas no coincidían.
Los guerreros de su manada afirmaban que los lobos de Roca Gris habían cruzado la frontera varias veces durante la última semana.
Sin embargo, la declaración de los intrusos aseguraba que todo había sido un accidente mientras seguían el rastro de un venado.
Aylin apoyó la espalda contra la silla.
Algo no encajaba.
La manada Roca Gris llevaba años siendo aliada de Marcus.
Nunca habían tenido problemas territoriales importantes.
¿Por qué arriesgarían una alianza por algo tan insignificante?
Volvió a leer los informes.
Una vez.
Dos veces.
Tres.
Entonces encontró algo.
Uno de los centinelas había anotado una observación adicional.
"Los lobos parecían nerviosos. Uno de ellos preguntó varias veces si habíamos visto a una mujer joven cruzar la frontera."
Aylin parpadeó.
Aquello no figuraba en el informe principal.
Volvió a leer la nota.
Una mujer joven.
No un guerrero.
No un espía.
No un grupo armado.
Una mujer.
Su intuición comenzó a inquietarse.
Tomó una hoja en blanco y anotó algunas observaciones.
Necesitaba hablar directamente con el Alfa de Roca Gris antes de tomar cualquier decisión.
Si aquello era un malentendido, debía solucionarse cuanto antes.
Y si no lo era...
Necesitaba descubrir qué estaba ocurriendo realmente.
Un golpe suave en la puerta la sacó de sus pensamientos.
—Adelante.
Nora entró empujando un pequeño carrito.
—Le traje la cena, Luna.
Aylin sonrió con agradecimiento.
—Gracias, Nora.
La omega acomodó los platos sobre una mesa cercana.
Sin embargo, antes de marcharse, se quedó observándola.
—¿Ocurre algo?
preguntó Aylin.
Nora dudó.
—No es asunto mío, pero...
La joven bajó la mirada.
—Debería descansar un poco.
Aylin soltó una pequeña risa.
—¿Tú también?
—El doctor Harris me pidió que estuviera pendiente de usted.
—Eso explica muchas cosas.
Nora sonrió.
Pero la preocupación no desapareció de su rostro.
—Buenas noches, Luna.
—Buenas noches.
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alfa y luna, luna hermosa inteligente y guerrera, hermanos alfas rivales
Editado: 13.06.2026