Bajo La Tinta

Capítulo 1

«Se encontraba en el corazón de un bosque donde el silencio pesaba tanto como la niebla. El hombre, sentado frente a un riachuelo, no buscaba su rostro en el agua, sino la sombra que la luna proyectaba a sus pies. Era lo único que sentía suyo.
Algunos animales pequeños se acercaron con curiosidad, pero él, asustado por la proximidad de lo vivo, los ahuyentó de un golpe. Entonces escuchó el crujido. No era un lobo ni un león; era una bestia sin nombre que lo acechaba desde la bruma. Quiso correr, pero el miedo a lo que hubiera más allá de la niebla lo mantuvo clavado al suelo. Cuando el aliento de la criatura estuvo cerca, el instinto venció al pánico: se levantó y huyó. Corrió con la vista fija en la tierra, temiendo que, si levantaba la mirada, el mundo se acabaría.
Al detenerse, exhausto, descubrió que la bestia se había quedado atrás. Se hallaba en un campo abierto. La niebla se disipó y, sobre él, el cielo estalló en estrellas; eran más que todos los granos de arena de una hectárea infinita. Por primera vez, no se sentó para ver su sombra, sino para contemplar lo que siempre estuvo ahí, por encima del miedo».

—Oye, ¿Que es lo que tanto miras? —La voz de Julián la trajo de vuelta mientras dejaba la taza sobre la mesa.

Elena ni siquiera lo miró. Sus ojos seguían fijos en el desconocido de la mesa de enfrente.

—"Mas allá de la niebla" —susurró ella—. Página 94.

—¿Te lo sabes de memoria, ¿Eh? —Julián soltó una carcajada mientras se sentaba frente a ella—. De seguro eres fan número uno de esa tal Valtier.

Elena desvío la mirada hacia su café, ocultando una pequeña sonrisa detrás de su fleco.

—Si, claro... —respondió Elena con un tono cargado de sarcasmo—. Una fan.

—Pues no eres la única fan —añadió Julián—. Mira a ese hombre, ya lleva dos tazas de café y aún no puede apartar la mirada de esa página.

Elena lo observó por un momento. El hombre leía detenidamente, analizando cada palabra. El ambiente de la cafetería era perfecto para leer, no había mucho ruido, solo Jazz y el sonido de los cubiertos.
El olor a café tostado inundaba el lugar. Era uno de los lugares preferido de Elena, el lugar donde podía soltar sus ideas.

Elena sacó una pequeña libreta de su bolso. Tenía la cubierta desgastada y dentro ya no había espacio para una sola palabra más.

—¿Aún conservas esa libreta vieja? —preguntó Julián sin apartar la vista.

—No la pienso tirar —dijo Elena—. Esto guarda muchos secretos...

Elena sacó una pluma y comenzó a escribir.

—... Y es especial. —Elena tomó un sorbo de café y miró a Julián—. ¿Tu no tienes algo especial?

—A ti —dijó Julián con una sonrisa.

Elena se quedó callada por unos segundos sin saber que decir.

—Eso no vale —susurró Elena.

—Oye, ¿Quieres ir a la biblioteca? —Se levantó Julián y tomó el último trago de café.

Elena se terminó el café y se levantó del lugar.
—Bien, vayamos —exclamó Elena.

Al salir de la cafetería, Elena sintió un frío envolvente, llevaba un abrigo y una bufanda gris que Julián me había regalado.
El invierno se acercaba, era la temporada que Elena amaba.
Se sentía cálido.

Entraron a la biblioteca. Estaba lleno de cajas cerca de la entrada.
Adentro hacía calor y de fondo sonaban notas de una hermosa melodía de piano.

—Buen día —Elena se acercó a los primeros estantes—. ¿Te llegó mucho material hoy?

—Así es —dijo la joven mientras sostenía una caja.

Elena tomó un libro y con cuidado pasó las primeras páginas, de el emanaba un olor fresco que Elena amaba.
La campanilla de la puerta sonó pero Elena no prestó atención.

—Buenos días. ¿Ya tiene el libro "Más allá de la niebla"? —preguntó el joven acercándose al mostrador.

—No, aún no llega. Al parecer mañana sí —avisó la joven.

Elena escuchó la conversación y voltio a ver a la joven de la biblioteca.

—¿Cómo que ya no hay? —preguntó Elena sorprendida—. Ayer aún había.

El joven se acercó a Elena, a tan solo unos pocos centímetros de ella.

—El nuevo libro de Valtier... —exclamó el joven mientras tocaba el lomo de un libro—. Dicen que habla del miedo y la soledad de una manera diferente.

Elena agachó un poco la mirada y se alejo unos centímetros del joven. Julián estaba a su lado escuchando.

—Si supiera que escribiste eso cuando te tuvieron en cuarentena —susurró Julián apenas perceptible.

Elena le lanzó una mitad de advertencia mientras le pegaba suavemente con el codo.

—¿Tu ya compraste el libro? —preguntó el joven sin apartar la mirada de los libros—. ¿O no te gusta lo que escribe Valtier?

Elena se quedó callada procesando las palabras que aquel joven le había dicho.

—Oye, ya es la hora de tu entrada al trabajo. Debemos irnos —exclamó Julián—. Fue un gusto hablar con usted pero ya debemos irnos.

Julián tomó a Elena de la mano y la llevó consigo mismo.

—¡Hasta luego! —dijo Elena antes de salir de la biblioteca.

—Ya deberías saber cómo actuar en estas situaciones —insinuó Julián.

—Lo sé... —admitió Elena.

Elena se alejaba de la biblioteca junto con Julián pero algo la detuvo.
El joven de la biblioteca estaba detrás de ella con una mano sobre el hombro de Elena.

¡Hola! Espero que hayan disfrutado leer este capitulo así como yo disfruté escribirlo. Soy nueva aquí, así que me gustaría saber que opinan. ¡Gracias!




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