Bajo La Tinta

Capítulo 2

—Toma, se te cayó esto allá adentro. —Le entregó la libreta que Elena solía llevar consigo.

—Gracias —exclamó Elena tomando la libreta con ambas manos temblorosas.

Julián tomó a Elena del hombro y la acercó a el.
—Muchas gracias —dijo Julián.

El joven se quedó en el lugar, un silencio pesaba en el aire.
Julián tomó la mano temblorosa de Elena y se alejaron rápidamente. A tan solo una cuadras del lugar Elena se detiene.

—¡Espera! ¿Y si leyó algo? —preguntó Elena con la mirada fija en Julián—. ¿Que voy a hacer?

Julián tomó a Elena de los hombros, busco su mirada y trato de tranquilizarla.

—Mirame, el no leyó nada. Su reacción lo hubiera delatado y tú lo sabes mejor que nadie —Julián abrazo a Elena aún temblando—. Tranquila...

Elena se quedó un momento así, hundió su rostro en el pecho de Julián. Apretó los brazos alrededor de el, su respiración se controlo y dejó de temblar.

—¿Ya te sientes mejor? —preguntó Julián.

Elena asintió con la cabeza sin decir nada.
Elena sostuvo la libreta con ambas manos y la observó detenidamente, marco un trazo en el con el pulgar, estaba a punto de abrirla.

—Dame eso —dijo Julián tomando la libreta—. Yo la cuido.

—¡Ey Julián! Tengo que revisar que este todo en orden —exclamò Elena mientras intentaba quitarle la libreta de la mano.

—Yo la reviso. Mejor vayamos al parque un rato —dijo mientras guardaba la libreta.

—¿Pero si me la vas a dar? —preguntó Elena.

—Claro que sí —respondió Julián con una sonrisa.

Elena se dejó caer en la primera banca de madera que encontraron.
Julián finalmente soltó un suspiro de alivió, aunque seguía aferrado a la libreta. Julián, quien estaba sentado junto a Elena se acercó lentamente a ella.

—Oye, ¿Y cuando podré tener un autógrafo de esa tal Valtier? —Le susurró Julián al oído.

Elena observó a su alrededor y miró a Julián con una pequeña sonrisa.
Elena sacó un bolígrafo y tomó la mano de Julián.

—¿Aquí está bien? —preguntó Elena.

—Sí, está bien ahí —respondió Julián observando los trazos de Elena.

Julián sintió un pequeño cosquillo recorrer la palma de su mano.

—No te muevas mucho —exclamó Elena.

—Lo siento pero me dan cosquillas —expresó Julián mientras intentaba no reír.

—Listo —dijo Elena mientras hacía pequeñas correcciones.

Julián observó el trazo en su mano y no dudó en sonreír.

—Pero que lindo... —exclamó Julián acercándose más a Elena—. ¿Que más sabes hacer?

Elena se acercó a pocos centímetros de su rostro y lo miró a los ojos.

—¿No te gustaría descubrirlo tu mismo? —susurró Elena.

Julián nervio apartó la mirada y se levantó de golpe.

—¿Qué, ya te vas? —dijo Elena con tono burlón.

Julián, quien había estado evitando mirar a Elena al fin se decidió a sostenerle la mirada, aunque no por mucho tiempo.

—Ya tengo hambre. ¿Vamos a comer? —preguntó Julián tratando de mantener el contacto visual con Elena.

Caminaron un par de calles en un silencio cargado, hasta que se refugiaron en un pequeño bistró.
El ruido de los platos apenas lograba disimular el silencio sepulcral en su mesa.

Julián no despega la vista del menú, como si estuviera leyendo una novela de misterio en lugar de una lista de sandwiches.

—¿Ya sabes que vas a ordenar? —preguntó Elena buscando la mirada de Julián que se escondía—. ¿O quieres que te ayude a elegir?

—No, no. Ya se que voy a ordenar —dijo Julián sin apartar la mirada del menú.

El mesero tomó la orden y recogió las cartas. Julián ya no tenía en donde esconderse, así que se cruzó de brazos sobre la mesa y comenzó a jugar con una servilleta. Evitando la mirada de Elena en todo momento.
Elena observaba cada expresión en el, cada mirada, cada suspiro. Lo miraba con media sonrisa. Julián al verla se ponía nervioso y desvíaba la mirada hacia otro lado.

Julián se enderezó y tomó aire, se puso a observar los cuadros que adornaban la pared, pero la mirada de Elena no se apartaba.

—Ya... No me veas así —exclamó Julián.

—¿Así como? —preguntó Elena con la barbilla apoyada sobre ambas manos.

—Pues así... —susurró Julián—. Iré por algo de beber.

—Le puedes pedir al mesero —dijo Elena observando a Julián levantarse de su asiento.

—No, prefiero ir yo mismo. ¿Quieres que te traiga algo? —añadió Julián.

—Un jugo está bien —respondió Elena.

Julián se alejó y Elena se quedó sola en la mesa. No pudo evitar sentirse satisfecha. Sabía que su mirada lo había desarmado por completo.

«Vaya, realmente salió huyendo, pero es bastante lindo cuando se esconde así», pensó Elena mientras veía a Julián en la barra.

Al poco rato Julián se acercó con sendos vasos en las manos.

—Toma, no había jugo del que te gusta así que te traje este. —Julián tomó asiento, ya se había calmado un poco. Tomo un trago de sidra, era la bebida que más solía tomar.

—¿Entonces no quieres descubrir nada? —preguntó Elena con media sonrisa.

Julián casi se atragantaba al escuchar su pregunta tan directa.
Se encogió de hombros y se deslizó en su asiento.

—No habíamos dejado ya ese tema? —exclamó Julián, nervioso y con un fuerte rubor.

—Ya, no te pongas así, solo estoy bromeando. —Elena soltó una carcajada observando a Julián nervioso e inquieto.

—No me provoques... —advirtió Julián ocultando su cara con la mano.

Elena se quedó callada pensando en aquellas palabras, pero decidió seguir su juego.

—¿Ah sí? —dijo Elena con una pequeña sonrisa—. ¿Qué me vas a hacer?

Julián se quedó callado por unos segundos, miro a Elena a los ojos un momento y después de un rato se levantó, se acercó a ella y la tomó de la mano.
La llevó consigo rápidamente a un lugar más alejado y sin tanta luz.

Julián la empujó suavemente contra la pared, tomó ambas manos y las sostuvo por encima de su cabeza, la otra mano se encontraba en su cintura.
La respiración de Elena comenzó a ser entrecortada, sus mejillas se tornaron de un rojo intenso.




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