Bajo La Tinta

Capítulo 4

La mirada de Elena permaneció quieta, estaba callada y nerviosa por el pequeño acto de Julián.

—Tenias una pequeña mancha —exclamó Julián, apartando la mano rapidamente.

—Ah sí... —dijo Elena nerviosa, mientras abría el archivo que habia terminado de cargar.

Julian se enderezó y miró a su alrededor, los movimientos de sus manos mostraban ansiedad.
Caminó hacia aquel pequeño sofá y tomo asiento.
Miró hacia el techo con los brazos cruzados, el silencio ya no era algo agradable, era uno del cuál se quería escapar.
Era tenso.

«¿Me tocó así por una simple mancha?», pensó Elena pasando el pulgar lentamente por su labio inferior.

«¿Por qué hice eso? ¡Ya contrólate Julián! No es la primera vez que estamos a solas...», pensó mientras observaba la ventana.

Julian no podia evitar desviar la mirada hacia Elena, así que tomo el cojín que estaba a su lado y lo llevo a su cara.

Despues de un rato Julián miró la hora «23:30 ya es tarde...», pensó Julián. Suspiro y sin apartar la mirada del reloj le hablo a Elena.

—Oye Elena. Lo de hace rato... —dijo Julián sin mirarla, espero a que dijera algo pero no obtuvo respuesta—. ¿Elena?

Julián se puso de pie y se acercó lentamente a ella.
Elena estaba recargada en su escritorio apoyada sobre ambos brazos. Su rostro estaba apuntando hacia la ventana.
La luz tenue de la luna iluminaba su rostro.

—¿Se quedó dormida? —susurró Julián, deteniéndose frente a ella.

Se puso de cuclillas y se apoyó sobre sus brazos. La admiraba detenidamente, observando su rostro iluminado, su cabello lo aparto del rostro lentamente, llevándolo atrás de la oreja. Su mirada se detuvo en sus labios. Lo pensó un momento, y sin apartar la mirada de ellos llevó su dedo indice hacia sus labios, toco suavemente, memorizando el trazo que marcaba en ellos.

—¿Por qué aun no me atrevo? —susurró—. Eres tan hermosa.

Después de unos minutos Julián se puso de pie y miró de nuevo la hora.

—¿Y ahora que hago contigo pequeña? —susurró mientras la observaba—. Su casa esta algo retirada y aquí no parece ser un lugar muy cómodo para dormir.

Al día siguiente la luz del sol se filtró por la ventana, Elena se despertó por un rayo de luz que le encandilaba. Se cubrió rápidamente con las cobijas. Después de un rato las bajo detenidamente y observo el lugar.

«¿Por qué estoy aquí? Es la habitación de Julián», pensó Elena, mientras observaba la ropa que llevaba puesta, una camisa grande y un pantalón de pijama flojo.

Elena estaba ruborizada, salió de las cobijas, abrió la puerta de la habitación y salió de ella. Bajando las escaleras percibió un agradable olor dulce.

—Buenos días —exclamó Julián mientras ponía la mesa—. ¿Ya tienes hambre?

Julián observo bajar a Elena y en cuanto llegó se acercó a ella.

—¿Te sientes bien? Tienes el rostro ardiendo —Julián tocó la frente de Elena con el dorso de su mano.

—Sí, estoy bien. No te preocupes —respondió Elena.

—Toma asiento —dijo Julián mientras la llevaba a la silla—. ¿Estas segura de que no te sientes mal?

—Si... —exclamó Elena aún sonrojada—. ¿Lo hiciste tú solo?

—Si. Espero que te guste —respondió Julián con una sonrisa—. ¿Dormiste bien?

—Eh... Si —respondió Elena—. Oye...

—Dime —dijo Julián antes de tomar un trago de Jugo de naranja.

—Tu... ¿Tú me cambiaste la ropa? —preguntó Elena nerviosa.

Julián casi se atragantaba por la pregunta tan directa de Elena.

—¿Qué? —exclamó Julián ruborizado, se enderezó, suspiró y procedió a hablar.

—Bien... traías otra ropa y no podia dejar que durmieras así. Te despertaste
somnolienta y te cambiaste sola. Yo solo te di la ropa —confesó Julián, intentando no mirar a Elena a los ojos.

—Ah, entiendo —murmuró Elena.

«¡Dios! No me siento bien mintiendo. ¿Cómo se lo puedo decir?». Julián se quedó perdido en sus pensamientos por un rato.

Elena lo observaba con curiosidad.
—¿En que tanto piensas? —preguntó confundida.

—¡Ah! No es nada... —exclamó Julián nervioso.

—Claro, está bien —dijo Elena.

«¿Por qué? No se si este siendo sincero. Pero ni siquiera bebí tanto ayer... ¿Por qué no logro recordar nada?», pensó Elena.

—¿Entonces solo fue la ropa? —preguntó Elena.

—¿Por qué lo preguntas? ¿De verdad no lo recuerdas?

—No... Realmente no lo recuerdo —confesó Elena.

Julián suspiró y miró a Elena aliviado.

—¿No recuerdas que te despertaste a media noche a vestirte? —preguntó Julián.

—No... —murmuró Elena—. Ayer vino Cas y fuimos a beber algo antes de ir a la oficina. Pero no recuerdo haber tomado mucho. Tal vez un poco más de lo normal.

«¿Pero qué hiciste Julián? Te aprovechaste de ella en estado ebrio. ¿Qué diría si supiera la verdad?», pensó Julián, jugando con el borde del mantel.

—¿Y ya se fue Cas? Hace tiempo que no lo veo —preguntó Julián.

—No, sigue aquí, se quedo en un hotel —respondió Elena.

—¡Vaya! Que bien, espero poder verlo más al rato. —Julián se levanto y se dirigió a la cocina por un vaso de agua.

«¿Por que tiene los labios tan agrietados? Y esa marca que tiene en el labio inferior... Parece que se mordió, ¿Pero tan fuerte? Será que... ¡No! Yo no los tengo así», pensó Elena, tocandose los labios con el pulgar.

Julián se acercó a Elena con un vaso de agua y lo puso frente a ella.

—Toma algo de agua. Ah, y te dejé la ropa sobre la mesita de la habitación —añadió Julián—. Te puedes bañar si quieres, ahí están las toallas sobre la repisa del baño.

—Sí, gracias —respondió Elena.

—Estaré en la sala por si necesitas algo —exclamó Julián, mientras se dirigía al estante a tomar un libro.

Elena tomó un trago de agua, se levantó y subió las escaleras hacia la habitación.

Julián estaba sentado en el sofá, leía tranquilamente un libro, escuchando música y olvidándose por un momento de lo que pasaba a su alrededor.




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