KIAN HARRINGTON
Era el momento de cerrar este capítulo para siempre.
En el pasillo me encontré con Aurora, caminaba de un lado a otro con una carpeta apretada contra las costillas, con la cara pálida y los ojos desorbitados por los nervios. Llevaba un traje formal impecable, pero la angustia en su rostro era evidente.
—Kian... —murmuró al verme, tragando saliva—. Dicen que los ancianos del Consejo están en el salón de la biblioteca. Tienen caras de pocos amigos. ¿Seguro que esto es buena idea?
—Es la única idea que va a funcionar, Aurora. Camina conmigo.
Las puertas de roble de la biblioteca privada se abrieron de par en par. Los miembros del Gran Consejo de Zarien estaban de pie alrededor de la mesa de caoba. Hombres mayores, observando la silla del monarca que permanecía vacía en la cabecera.
Cuando me vieron entrar, sus rostros reflejaron una mezcla de alivio y expectativa. Esperaban al heredero victorioso, al hombre que había aplastado la rebelión de Axel y que venía a reclamar la corona que su abuelo Benjamín le había exigido asumir.
—Señor Harrington —dijo el consejero de mayor edad, dando un paso al frente y acomodándose los anteojos—. Es un alivio verlo de pie tras los eventos en el calabozo. Por fin podemos hablar acerca de su futuro como rey y de la fecha formal en que asumirá el trono para traer estabilidad a la dinastía.
Caminé hacia el centro de la sala sin prisa, deteniéndome justo al lado de la gran silla vacía. Aurora se quedó dos pasos por detrás de mí, conteniendo el aliento.
—No habrá ningún futuro como rey —declaré.
Un murmullo lleno de estupor recorrió a los consejeros.
—¿De qué está hablando, Kian? —intervino otro de los miembros, frunciendo el ceño con indignación—. ¡Es su deber de sangre! El mandato de su abuelo Benjamín es contundente: casarse, asegurar la línea de sucesión y asumir la corona para evitar que todo se desmorone. ¡El trono no puede quedar vacío!
—Mi abuelo Benjamín quiere garantizar la estabilidad de la familia, no atarme a un trono medieval —repliqué, apoyando la mano sobre el borde de la mesa y mirando a cada uno de los ancianos—. Cumplí con cada una de las condiciones que me impuso. Estoy casado con Nyssa, el linaje está asegurado con el hijo que lleva en su vientre y erradiqué a los traidores que amenazaban nuestra seguridad. Mi deuda con el apellido Harrington está saldada.
—¡Esto es absurdo! —exclamó, alzando las manos—. La dinastía no se maneja sola. Se necesita un soberano que gestione las tierras, los tratados con las otras Casas aristocráticas y la administración diaria de nuestros recursos. Si usted no acepta la corona, ¿quién se va a hacer cargo de mantener el control de todo?
Sonreí de lado.
—Yo no voy a perder mi tiempo firmando decretos arcaicos o asistiendo a banquetes ridículos. Soy el CEO de una de las corporaciones tecnológicas más grandes del mundo. Mi imperio financiero factura más dinero que el presupuesto anual de las tres Casas juntas, y mi tiempo vale demasiado como para gastarlo en sus intrigas de palacio.
—¡Alguien tiene que sentarse a administrar este lugar!
Me giré despacio y miré a Aurora.
—Ella lo hará —dije con una serenidad pasmosa, señalándola directamente.
El silencio que cayó sobre la biblioteca fue tan denso que pareció detener el tiempo.
Aurora se quedó completamente petrificada. La vi abrir la boca sin que saliera una sola gota de aire, señalándose a sí misma con un dedo tembloroso mientras sus ojos iban de mi cara a la de los consejeros con absoluto pánico.
—¿¡Yo qué!? —susurró entre dientes, acercándose medio paso a mí para que solo yo la escuchara, apretando los nudillos contra la carpeta—. ¿¡Yo qué tengo que ver en esto, Kian!? ¡Yo estudio administración, no cómo gobernar a un grupo de ancianos amargados!
Mantuve la vista fija en los lores, ignorando su susurro cargado de pánico.
—Estudia administración y gestión organizativa —corregí en voz alta, mirando fijamente a lord Vane—. Tiene la mente limpia, no está contaminada por las mafias ni por las conspiraciones internas de esta familia, es de mi entera confianza. Aurora asumirá el cargo, tendrá el control operativo, financiero y la representación civil. El Consejo responderá directamente ante ella en la gestión diaria.
Los consejeros comenzaron a hablar al mismo tiempo, indignados.
—¡Es una jovencita! —gritó uno de ellos—. ¿Qué autoridad va a tener sobre los lores de esta mesa?
—Tendrá toda la autoridad que mi dinero, mis abogados y mi ejército le otorguen —sentencié, dando un golpe seco sobre la mesa que hizo callar a todos de golpe—. Yo no seré rey, pero sigo siendo el patriarca y el hombre más poderoso de este linaje. Quien intente pasar por encima de la Aurora o intente faltarle al respeto, estará desafiándome a mí directamente. Mi empresa financiará la modernización de las tierras y la seguridad de la dinastía. Y mi esposa, la Sra. Harrington, mantendrá la supervisión de la fundación y el patronato de Zarien. ¿Alguien tiene alguna objeción que quiera discutir conmigo a solas?
Nadie abrió la boca.
—Si esa es la decisión del Patriarca... —murmuró el anciano, inclinando la cabeza con pesadez—, el Consejo aceptará la regencia administrativa de la señorita D'Aubigny bajo el amparo de la firma Harrington.
Veinte minutos después, caminábamos por el pasillo de mármol que conducía hacia la terraza privada. Aurora venía a mi lado, respirando con agitación y con las mejillas encendidas.
—¿Te volviste loco, Kian? —exclamó, deteniéndose en seco y encarándome sin temor—. ¡Me acabas de tirar a los leones! ¡Esos viejos me van a querer comer viva en la primera reunión!
Me detuve y la miré a los ojos, dejando ver una sombra de genuina aprobación.
—No te van a comer viva porque sabes perfectamente cómo manejar presupuestos y porque tienes el carácter suficiente para no dejarte pisotear por nadie —dije serenamente—. Además, no vas a estar sola. El equipo legal y financiero de mi empresa va a estar a tu disposición las veinticuatro horas. Vas a tener un sueldo corporativo de siete cifras y el poder real de cambiar las cosas. ¿Aceptas o prefieres que elija a un consejero corrupto que vuelva a intentar matarnos?
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Editado: 22.09.2026