Bajo las espinas

Un Futuro Prometido

¿Cómo acabé así? Abandonada por quien amé y rechazada por la sociedad. Incluso perdí todo lo que tenía: mi familia, mi hogar, mi hijo y todo aquello que alguna vez amé.

Bajo el umbral de espinas, donde la nieve cubre todo lo que las demás estaciones dejaron atrás, una historia olvidada permanece enterrada bajo el invierno.

Nací en el seno de una familia noble y adinerada. Mi madre era una mujer dulce que me crió con amor y paciencia. Mi padre era un hombre sabio y amable. Ambos me amaron más que a nada en el mundo.

Tuve una vida tranquila.

-Evelyne, hija, ¿dónde estás?

-¡Mamá, aquí estoy!

-¿Dónde habías estado? Hoy llegó Edmund. ¿No querías verlo?

Mis ojos se abrieron de inmediato.

-¿Ya está aquí? ¡Madre, no me he arreglado! ¿Me veo bien?

Mi madre soltó una pequeña risa.

-Claro que sí, mi niña.

Durante años estuve enamorada de Edmund Alexander Braidon, el hijo de una influyente familia de comerciantes y políticos.

Cuando entré en el salón, lo encontré sentado junto a una ventana. Parecía aburrido hasta que me vio entrar.

Se puso de pie de inmediato.

-Hola, Evelyne.

-Hola.

Durante unos segundos nos quedamos mirándonos sin saber qué decir.

Entonces sacó una pequeña caja.

-Toma. Te traje esto.

La abrí con cuidado.

Dentro había un delicado collar.

-Es hermoso.

-Sabía que te gustaría.

-Gracias.

A unos metros, nuestros padres observaban la escena.

-Los niños se ven tan lindos juntos.

-Deberíamos tomarles una fotografía.

-Sí, tomémosles una.

-Niños, sonrían.

Después de la fotografía, Edmund tomó mi mano.

-Evelyne, mi amor, juro que cuando sea grande me casaré contigo y te haré muy feliz.

Mis mejillas se pusieron rojas.

-Entonces tendrás que esforzarte mucho.

-Lo haré.

-¿Lo prometes?

-Lo prometo.

Corrimos hacia el jardín entre risas.

Desde una de las ventanas, nuestros padres nos observaban.

-Se divierten mucho.

-Me alegra verlos así.

El padre de Edmund guardó silencio unos segundos antes de hablar.

-Respecto al compromiso...

Mi padre asintió.

-Sí, debemos llegar a un acuerdo.

-¿Lo estás rechazando?

-No. Solo creo que son demasiado pequeños. Apenas tienen diez años.

Mi madre intervino.

-Será mejor que conozcan esa decisión cuando sean mayores.

El padre de Edmund terminó asintiendo.

-De acuerdo. Nadie hablará del compromiso hasta que ambos cumplan la mayoría de edad.

Los adultos volvieron a mirar hacia el jardín.

-Por ahora dejemos que sigan siendo niños.

-Y que el cariño que se tienen florezca por sí solo.

Mientras tanto, Edmund y yo jugábamos cerca de un pequeño arroyo.

-¡Evelyne, mira esto!

Corrí hasta donde estaba.

En su mano sostenía una piedra con forma de corazón.

-Vaya...

-La encontré para ti.

Me la entregó con una sonrisa orgullosa.

Tomé la piedra con cuidado.

-Gracias, Alex.

Edmund soltó una pequeña risa.

-Solo tú me llamas así.

-Porque Edmund suena demasiado serio.

-Y tú eres demasiado terca.

-No soy terca.

-Claro que sí, Eve.

-Mentiroso.

Los dos terminamos riendo.

En aquel momento creí que nada podría separarnos.

Creí que siempre estaríamos juntos.

Creí que los sueños de una niña podían durar para siempre.

Qué equivocada estaba.



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En el texto hay: romance, trageida, lovers to enemies

Editado: 22.06.2026

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