—¿Sabes? Me gustas mucho... No, así no es.
Evelynee suspiró y dejó la pluma sobre el escritorio.
—Ni siquiera sé cómo decirlo. Alex, me enamoré de ti cuando te vi por primera vez, en aquel baile donde ambos fuimos presentados ante la sociedad como nuevos nobles. Fue en ese momento... o quizás cuando interpretaste aquella hermosa melodía en el piano. Sabía que los Braidon eran conocidos por ser grandes pianistas, pero tu interpretación fue única.
Miró la hoja y negó con la cabeza.
—No puedo escribirle algo así. ¿Qué hago, Nora? Realmente no sé qué hacer.
Nora sonrió con ternura.
—Mi niña, deja que los sentimientos fluyan. Ustedes dos están hechos el uno para el otro. Desde que se conocieron han sido inseparables. Siempre se llevan bien. Espero que se comprometan pronto.
—¿Qué? ¿Qué cosas dices, Nora? Apenas tenemos dieciséis años.
Aun así, Evelynee no pudo evitar sonreír.
Habían sido años maravillosos para ella, y se alegraba de haber conocido a Alex. Tal vez el matrimonio que le esperaba no sería uno sin amor. Quería una vida llena de felicidad y cariño.
—Bueno, Evelynee, es hora de arreglarte. Tienes que ir a tus clases.
—Claro, Nora.
Evelynee se levantó y salió de la habitación. La carta quedó sobre el escritorio, todavía incompleta.
Mientras tanto, en otra parte de la mansión...
—Mi niña...
—Cariño, ¿por qué estás tan preocupado?
—No lo sé. Mientras más se acerca la fecha del compromiso, más inquietud siento. Sé que, cuando Evelynee se case, ya no podremos intervenir en su nueva familia. Dejará de ser nuestra responsabilidad.
—Lo sé —respondió su esposa con suavidad—. Pero debemos dejar que resuelva sus propios conflictos. Ella sabrá hacerlo bien.
—Tienes razón.
—Sabes que lo hará bien. Nuestra hija es fuerte.
Aun así, la preocupación no desapareció del corazón de su padre.
—Evelynee, ven. Tengo algo que mostrarte.
—¿Qué ocurre? ¿Qué es lo que quieres enseñarme?
Alex sonrió.
—Tengo un regalo para ti.
—¿Un regalo? ¿Qué es?
—Mira.
Alex le mostró un ramo de rosas azules.
Los ojos de Evelynee se iluminaron.
—¡Qué hermosas! Son rosas azules.
—Sí. Descubrí un método para teñirlas. Me tomó bastante tiempo, pero quería darte algo especial.
—No me lo esperaba. Me encantan.
—Además, tengo otro regalo.
—¿Otro regalo?
—Sí. Mira esto.
Alex sacó una pequeña caja.
—¿Qué es eso?
—Una cajita.
—Eso ya lo veo —respondió Evelynee entre risas.
—Pero dentro hay algo muy importante.
Alex abrió la caja con cuidado.
—¿Anillos? —preguntó Evelynee, sorprendida.
—Sí.
Por un instante, Alex guardó silencio. Luego tomó aire y reunió el valor para hablar.
—Evelynee, te prometo protección, cuidado y lealtad. Te amo más de lo que puedo expresar con palabras.
Ella lo observó sin apartar la mirada.
—No sé si tú sientes lo mismo, pero me enamoré de ti desde el primer momento en que te vi. Desde aquel día en que nos conocimos.
Su voz se volvió más suave.
—Han pasado muchos años desde entonces, pero mis sentimientos nunca cambiaron. Cada día a tu lado solo hizo que te quisiera más.
Alex tomó una de sus manos.
—Si algún día debes elegir a alguien como tu futuro esposo, me gustaría que me eligieras a mí. No solo porque soy tu mejor amigo, sino porque deseo pasar el resto de mi vida a tu lado.
La miró con nerviosismo y esperanza.
—Por favor, Evelynee... no me descartes.
—Muy bien, es hora de practicar las clases de danza. ¿Les parece?
Los alumnos asintieron.
—Primero, Evelynee, por favor, acércate.
El maestro estaba a punto de continuar cuando una voz lo interrumpió.
—Maestro, disculpe la interrupción. ¿Puedo bailar con Evelynee?
El maestro sonrió.
—Por supuesto. Me alegra que alguien tome la iniciativa.
—Gracias.
—De nada.
La música comenzó a sonar y ambos ocuparon sus posiciones.
Practicaron durante toda la tarde. Sus movimientos se coordinaban con naturalidad, como si hubieran ensayado juntos durante años. Mientras giraban al compás de la melodía, parecía que compartían una sola alma.
Cuando la clase terminó, Evelynee recogió sus cosas.
—Hola, Evelynee.
Evelyn se giró al escuchar una voz desconocida.
—Hola.
Frente a ella se encontraba una joven de sonrisa amable.
—Mucho gusto. Mi nombre es Liam Ansmil.
—Mucho gusto, Liam. Soy Evelynee Valmont .
—Lo sé —respondió Liamm con una sonrisa nerviosa—. En realidad, quería invitarte a la fiesta de té que organizará mi famlia.
—¿De verdad? Me encantaría asistir.
Antes de que pudieran seguir hablando, alguien chocó accidentalmente con Liam.
—¡Oh! Lo siento mucho —dijo Alex.
Todo ocurrió tan rápido que nadie pareció darse cuenta de cómo había sucedido.
—No te preocupes —respondió Liam.
Luego volvió a mirar a Evelynee.
—Bueno, Evelyn, espero verte en la fiesta.
—Claro. Allí nos veremos.
Liam se despidió y se alejó.
Evelyn observó a Alex con sospecha.
—Alex, ¿de verdad la empujaste?
—¿Qué? Claro que no. ¿Cómo puedes pensar eso?
—Pues...
Alex se llevó una mano al pecho de forma dramática.
—Qué decepción, Evelyn. Has dudado de mí.
—Lo siento. No era mi intención.
—No tienes que preocuparte por nada.
Los días pasaron rápidamente y finalmente llegó la fiesta de té.
—Bienvenidos. Es un honor recibirlos.
La residencia de la familia de Liam estaba llena de invitados.
—Evelynee, te ves tan deslumbrante como siempre.
—Gracias, Liam. Tú también luces muy bien.
—Me alegra que hayas venido.
Liam le ofreció una taza de té.
—Mi padre ha estado ampliando sus rutas comerciales. Gracias a eso hemos conseguido nuevas variedades de hierbas. Quiero que las pruebes.
Editado: 22.06.2026