Noah
Estoy tirado en el sofá de casa con un cigarrillo entre los labios. La música retumba por todas partes. Hay gente bailando en el salón, otros jugando al billar, alguien ha abierto otra botella y las carcajadas llenan la casa. Es la típica fiesta de siempre. La que normalmente disfruto. La que hoy me importa una mierda. Doy otra calada al cigarro y cierro los ojos. Error. Porque vuelve a aparecer ella. Su vestido y las Converse. Creo que es la primera chica que no lleva tacones con un vestido así. La forma en que baja la mirada nerviosa.
Las mejillas completamente rojas.
Y esa sonrisa tan pequeña que intentaba esconder como si sonreír delante de mí fuera un delito.
Joder...
¿Qué demonios me pasa?
—Tío...
Uno de mis amigos se deja caer en el sofá a mi lado y me tiende un vaso.
—La próxima vez que subas a una chica al escenario, acuérdate de que también tienes público.
Acepto el vaso sin dejar de mirar al techo.
—¿Se ha notado mucho?
Se echa a reír.
—¿Mucho? Casi parecía que os ibais a liar ahí arriba delante de todos...
Le doy un codazo.
—No exageres.
—¿Era esa chica de la que me hablaste?
Asiento despacio.
Él silba por lo bajo.
—Vaya...
Da un trago antes de mirarme de nuevo.
—Pues sí que te ha dado fuerte.
Resoplo.
—Es una paranoia.
Me paso una mano por la cara.
—Ayer podría haber acabado en mi cama.
Hago una pausa.
—Y prefirió quedarse dormida en el sofá.
Mi amigo arquea una ceja.
—Eso ya es raro.
—Hoy ni siquiera me ha pedido que la llevara conmigo.
Me río sin ganas.
—Simplemente se fue.
Como si nada. Como si yo fuera un tío cualquiera. Sacudo la cabeza.
—Y ni siquiera sé cómo se llama.
Mi amigo se queda unos segundos en silencio.
Después sonríe con malicia.
—¿Estaremos ante la primera mujer del planeta que ha dejado a Noah Walker con ganas de más?
Lo fulmino con la mirada.
—No me ha rechazado.
Sonrío de lado.
—Le gusto.
—¿Ah, sí?
—Lo sé.
Recuerdo cómo le temblaba la respiración cada vez que me acercaba demasiado.
Cómo evitaba tocarme.
Cómo se mordía el labio intentando disimular los nervios.
No.
No era indiferencia.
Pero tampoco era como las demás.
—Entonces, ¿qué ha pasado?
Me encojo de hombros.
—Que ha desaparecido otra vez.
Mi amigo suelta una carcajada.
—Te han hecho un fantasma en toda regla.
—Que te jodan.
Los dos nos reímos.
Pero, en cuanto vuelve el silencio, ella regresa también a mi cabeza. Y eso empieza a preocuparme. No dejo de pensar en alguien de quien no sé absolutamente nada. No sé dónde vive. No tengo su teléfono. Ni siquiera conozco su nombre. Y, aun así… No consigo quitármela de encima. Quizá sea porque fue la primera persona en mucho tiempo que no me trató como a Noah Walker. Solo como a Noah. No intentó impresionarme. No me pidió una foto. Ni un autógrafo. Ni siquiera pareció impresionarle demasiado quién era. Solo estaba... nerviosa. Tan condenadamente tímida que parecía querer salir corriendo cada vez que me acercaba. Y eso me vuelve loco. Porque no consigo entenderla. Y cuanto menos la entiendo… Más ganas tengo de volver a verla.
—¡Noah!
Levanto la cabeza.
Dos chicas me hacen señas desde la escalera.
Las conozco.
No recuerdo sus nombres.
—¿Te vienes con nosotras?
Las dos sonríen de esa forma que deja muy claras sus intenciones.
Miro el vaso que tengo entre las manos. Después vuelvo a pensar en ella. En cómo me habría mirado si me hubiera visto subir esas escaleras. Aprieto la mandíbula. Necesito dejar de pensar en ella.
—Claro.
Me levanto del sofá.
—Ahora mismo.
Mi amigo sonríe mientras me ve marchar.
—Podrías compartir, ¿no?
Me río sin girarme.
—Ni en tus mejores sueños.