Bajo las luces de Miami

Capítulo 4

Sarah

UNOS DÍAS DESPUÉS

Estoy tumbada en el sofá, absorta en la lectura de un libro, cuando escucho pasos bajando las escaleras. Levanto la vista y veo a mi hermana con Sophia.

—Vamos, levanta. Tenemos que hacer algo —dice Kate, dándome unos golpecitos en el hombro.

—Ya estoy haciendo algo.

—Me refiero fuera de casa —señala la ventana con impaciencia—. Podemos ir de compras, dar una vuelta por el centro... cualquier cosa.

Cierro el libro de golpe, me pongo en pie y camino hacia la puerta.

—¿Adónde vas? —pregunta ella, desconcertada.

—A dar una vuelta. ¿No querías que saliera?

No espero respuesta. Salgo antes de que pueda protestar.

Termino caminando por la playa. El día es precioso: el cielo está despejado, la brisa es suave y la arena tibia bajo mis pies descalzos resulta extrañamente reconfortante. Voy leyendo mientras avanzo despacio, intentando pasar desapercibida entre la gente.

Estoy tan concentrada que apenas tengo tiempo de reaccionar cuando una pelota sale disparada hacia mí.

Golpe.

El impacto me alcanza de lleno en la cabeza.

Todo da vueltas durante un segundo. Pierdo el equilibrio y caigo sobre la arena.

—¡Dios mío! ¿Estás bien?

Parpadeo varias veces para enfocar la vista.

Y entonces lo veo.

Noah.

Está inclinado frente a mí, con expresión preocupada.

Por un instante me pregunto si sigo mareada o si simplemente estoy soñando.

—¿Estás bien?

Su voz termina de devolverme a la realidad.

Me tiende una mano y me ayuda a levantarme, pero el mundo vuelve a girar a mi alrededor. Tropiezo y estoy a punto de caer otra vez.

Noah me sujeta por la cintura antes de que ocurra.

—Creo que será mejor que nos sentemos.

Asiento sin protestar.

Me acompaña hasta unas tumbonas cercanas y me ayuda a sentarme. Después desaparece durante unos minutos. Cuando regresa, lleva algo en la mano.

Se acerca a mí y levanta el brazo.

Instintivamente me aparto.

—Tranquila —dice entre risas—. Solo es hielo.

Me siento un poco ridícula.

Lo dejo acercarse y noto el frío en la sien mientras aplica pequeños toques con cuidado.

Lo observo en silencio.

Está ahí, cuidando de mí.

Y, sin querer, vuelvo a recordar aquella noche.

—¿Te encuentras mejor?

—Un poco... —murmuro.

—No imaginaba que volveríamos a encontrarnos de esta manera.

Lo miro sorprendida.

—¿Te acuerdas de mí?

Una sonrisa aparece en sus labios.

—Sería difícil olvidarte.

Siento cómo mi corazón se acelera.

Bajo la vista durante un instante, incapaz de sostenerle la mirada demasiado tiempo.

Noah aparta el hielo y me observa directamente a los ojos.

—¿Por qué te fuiste así el otro día?

Intento encontrar una respuesta convincente.

Una que no suene tan patética como la verdad.

—No quería molestarte más.

Él arquea una ceja.

—Espero que no se te den tan mal otras cosas como mentir.

No puedo evitar sonreír.

—Ya...

El silencio se instala entre nosotros durante unos segundos.

Demasiados.

—Tengo que irme —digo finalmente, poniéndome de pie.

—Espera.

Noah se levanta también y me sujeta suavemente por el brazo.

—Siempre sales corriendo, bella durmiente.

Parpadeo, confundida.

—¿Bella durmiente?

Su sonrisa se vuelve aún más amplia.

—No puedo quitarme de la cabeza lo adorable que te veías dormida en mi sofá.

Noto cómo las mejillas empiezan a arderme.

—Estabas tan tranquila... tan cómoda... que podría acostumbrarme a despertarme así todas las mañanas.

Mi corazón se detiene.

O al menos eso parece.

Lo miro sin saber qué decir.

Las palabras se mezclan en mi cabeza hasta convertirse en un completo desastre.

Él sigue observándome, esperando una reacción.

Pero yo solo soy capaz de apartar suavemente su mano de mi brazo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.