Bajo las luces de Miami

Capítulo 6

Sarah

Noto el calor del sol sobre mi rostro. Cierro los ojos durante unos segundos y estiro los brazos por encima de la cabeza, dejando que cada músculo de mi cuerpo se relaje.

Nunca pensé que pudiera disfrutar tanto de algo tan simple como una mañana tranquila.

Me coloco los auriculares y empiezo a caminar sin un destino concreto. La música llena mis oídos mientras avanzo por el paseo marítimo. No tengo prisa. Por una vez, no estoy pensando demasiado. Simplemente dejo que mis pies me guíen y disfruto de la brisa cálida y del sonido lejano de las olas.

Entonces algo llama mi atención.

A unos metros hay una pequeña cancha de baloncesto. Varias personas observan el partido desde las gradas mientras un grupo de chicos juega bajo el sol.

No les presto demasiada atención al principio. Hasta que lo veo. Mi corazón da un pequeño vuelco.

Lleva una camiseta azul de tirantes y su apellido estampado en la espalda. Incluso desde la distancia lo reconozco al instante.

Noah. Y, como siempre, no puedo evitar sonreír. Intento actuar con normalidad.

Intento convencerme de que mi respiración no acaba de acelerarse.

Intento fingir que no me importa. Pero termino acercándome igualmente. Subo a las gradas y me siento en uno de los extremos.

Noah me ve enseguida.

Su rostro se ilumina.

Levanta una mano para saludarme y yo le devuelvo el gesto con una pequeña sonrisa tímida.

Apago la música.

De repente, todo mi mundo parece reducirse a él.

A su sonrisa.

A la forma en que se mueve.

A esos tatuajes que recorren su brazo desde la muñeca hasta el hombro.

A esa mezcla imposible entre chico despreocupado y hombre seguro de sí mismo.

Dios.

Es ridículamente guapo.

Y yo estoy observándolo como una auténtica idiota.

Cuando se dirige hacia las gradas me doy cuenta de que llevo demasiado tiempo mirándolo.

Aparto la vista de golpe.

Demasiado tarde.

—Cualquiera diría que me estabas vigilando.

Su voz está cargada de diversión.

Levanto la cabeza.

—No estaba vigilándote.

—¿Ah, no?

—Solo pasaba por aquí y te vi...

Odio lo nerviosa que sueno.

Noah se ríe.

—Estoy bromeando, tonta.

Me da un suave golpe con el puño en el hombro.

—Aunque admito que me gusta la idea de que no puedas dejar de pensar en mí.

Noto cómo mis mejillas empiezan a calentarse.

Por suerte, él cambia rápidamente de tema.

—¿Te apetece echar unas canastas?

Hace girar el balón sobre la punta de un dedo.

Miro alrededor.

Los demás ya se han marchado.

—Yo... no creo que sea buena idea.

—¿Por qué?

—Porque soy horrible jugando.

—Perfecto.

Arquea una ceja.

—Así tendré alguna oportunidad de ganarte.

Lo miro incrédula.

—Noah.

—¿Qué?

—Eres tú quien juega al baloncesto.

—Detalles.

No puedo evitar reírme.

—En serio, soy malísima.

—Entonces intentaré no humillarte demasiado.

Le lanzo una mirada asesina.

Él sonríe satisfecho.

Y, contra todo pronóstico, termino aceptando.

Bajamos a la cancha.

Me recojo el pelo en una coleta mientras él hace botar el balón con una sonrisa confiada.

Cinco minutos después confirmo lo que ya sabía.

Soy un desastre.

Un absoluto desastre.

Intento quitarle el balón una y otra vez.

Fracaso una y otra vez.

Y Noah parece divertirse demasiado con ello.

—Vamos, Bella Durmiente. Tienes que correr más rápido.

—¡Estoy corriendo!

—¿Eso era correr?

—¡Cállate!

Su carcajada resuena por toda la pista.

Consigo rozar el balón.

—¡Lo ves! ¡Casi lo tenía!

—"Casi" no cuenta.

—Odio jugar contigo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.