Bajo las luces de Miami

Capítulo 7

Sarah

—Tal vez no debería ir.

Me observo por enésima vez en el espejo. Aliso una arruga inexistente de mi vestido y vuelvo a colocarme un mechón de pelo detrás de la oreja.

Lola suspira dramáticamente desde la cama y se acerca a mi tocador.

—Sarah, llevas veinte minutos buscando defectos que no existen.

—No estoy buscando defectos.

—Claro que sí.

Se coloca detrás de mí y apoya las manos sobre mis hombros.

—Estás preciosa.

—No exageres.

—Y Noah se va a derretir cuando te vea.

Giro los ojos.

—Solo somos amigos, Lola.

Ella me dedica una sonrisa llena de malas intenciones.

—Sí, sí. Amigos.

Empieza a lanzarme besitos al aire.

No puedo evitar reírme.

—Eres una payasa.

La empujo suavemente.

—Y tú una negadora profesional.

—Lola...

—¿Qué? Solo digo la verdad.

Niego con la cabeza, incapaz de borrar la sonrisa.

—Gracias por venir conmigo.

Su expresión se suaviza.

—Para eso están las amigas.

Cuando bajamos, Kate y Sophia nos esperan en el salón.

Mi hermana nos observa de arriba abajo y sonríe.

—Vale, admito que estáis guapísimas.

—Gracias —dice Lola haciendo una reverencia exagerada.

Kate levanta un dedo.

—Primera norma: nada de alcohol.

Levanta otro.

—Segunda norma: no lleguéis demasiado tarde.

—¿Sabes que no vamos a hacerte caso, ¿verdad? —pregunta Lola.

—Lo sé.

Kate suspira.

—Pero llevo años esperando poder decir eso como hermana mayor responsable.

Me echo a reír.

—Por favor, no hagas un drama.

Ella me abraza inmediatamente.

—No prometo nada.

Después de otro discurso de Jerry sobre la prudencia, los desconocidos y los horarios, por fin conseguimos salir.

Incluso antes de llegar puedo escuchar la música.

Las luces iluminan la enorme casa desde el exterior y los graves retumban en el aire.

Mi estómago se encoge.

Hay muchísima gente.

Demasiada.

—Respira —dice Lola al verme paralizada.

Asiento.

Intento hacerlo.

Entramos.

Y es todavía peor de lo que imaginaba.

Personas bailando.

Risas.

Música.

Gente entrando y saliendo constantemente.

Mi cabeza tarda apenas unos segundos en sentirse saturada.

—Voy a buscar algo de beber.

Lola ya empieza a alejarse.

—Tú ve a buscar a tu chico.

—No es mi...

Pero ya ha desaparecido entre la multitud.

—... chico.

Suspiro.

Empiezo a caminar entre la gente.

Y entonces lo veo.

Noah está sentado en uno de los sofás del salón rodeado de varios amigos.

Mi corazón da ese salto absurdo que últimamente parece haberse acostumbrado a dar cuando aparece.

Sonrío.

Estoy a punto de acercarme cuando una chica se sienta junto a él.

Es alta.

Muy guapa.

Demasiado guapa.

Lo hace reír.

Después se inclina hacia él y le susurra algo al oído.

Mi sonrisa desaparece poco a poco.

No sé por qué.

Ni siquiera tengo derecho a sentirme así.

Pero siento algo desagradable apretándome el pecho.

Antes de que Noah pueda verme, me doy la vuelta.

Y justo entonces alguien me agarra suavemente de la muñeca.

Me sobresalto.

—Ey.

Levanto la vista.

Noah.

Con esa sonrisa capaz de aparecer siempre en el peor momento para mi corazón.

—Ah... hola.

—Has venido.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.