Sarah
Miro la dirección del chat con Noah y las puertas que tengo delante. Dudo. Un segundo. Dos. Tres.
Al final, respiro hondo y entro.
El guardia de seguridad me recibe con una sonrisa profesional. Le enseño la foto del pase que Noah me envió y, tras comprobarla, me guía hasta un enorme plató completamente blanco, inundado por focos tan intensos que casi tengo que entrecerrar los ojos.
Hay maquilladores, fotógrafos, asistentes corriendo de un lado a otro...
Y en el centro está Noah.
Se me corta la respiración.
Lleva la camisa desabrochada, el pelo perfectamente despeinado y esa sonrisa confiada que parece salirle sin esfuerzo mientras posa para la cámara.
Entonces la veo.
Una modelo espectacular, con muy poca ropa, que no deja de rozarlo, acomodarle la camisa, apoyarse en su brazo y sonreírle como si fueran viejos amigos.
Él también sonríe.
Siento un pinchazo extraño en el pecho.
Ridículo.
Ni siquiera tengo derecho a sentirlo.
La sesión termina unos minutos después. Espero intentando parecer tranquila, aunque llevo varios minutos desbloqueando el móvil sin llegar a leer una sola palabra.
Cuando Noah se acerca, finjo estar muy concentrada en la pantalla.
—Has venido. —Su sonrisa parece todavía más grande al verme.
—No sabía que el sitio iba a ser... así. —Evito mirarlo para que no note lo roja que estoy.
Él suelta una risa baja.
—Solo quería que quedáramos aquí porque estaba trabajando. Pero ya he terminado. Nos vamos enseguida, ¿vale? Dame un minuto.
Asiento.
Lo veo alejarse.
Y, cómo no, la modelo tarda apenas unos segundos en seguirlo.
Aprieto los labios.
No pienso quedarme mirando eso.
Salgo del edificio antes de que puedan verme.
Al respirar el aire de la calle siento que por fin puedo llenar los pulmones.
Camino un poco hasta encontrar una zona tranquila y me siento en el bordillo. Cierro los ojos mientras dejo que la brisa me calme.
—Estás aquí...
Su voz hace que vuelva a incorporarme de golpe.
Noah se deja caer a mi lado y me ofrece un vaso de café.
—Gracias...
—Parecías muy ocupada escapándote.
—Parecías muy ocupado ahí dentro... —remuevo el café sin mirarlo.
—Te dije que no tardaba nada. ¿Por qué has salido?
—Claro... Pensé que tardarías un poco más en despedirte de la top model.
Él se queda unos segundos mirándome.
Después sonríe de lado.
—Espera...
Entrecierra los ojos.
—¿Estás celosa?
Me atraganto con el café y empiezo a toser.
—¿Qué? ¡No!
—Sarah...
Niega con la cabeza riéndose.
—Te has puesto roja.
—No me he puesto roja.
—Muchísimo.
—No.
—Pareces un tomate.
—Eres idiota.
—Así que sí estabas celosa.
Con cuidado, me sujeta la barbilla entre los dedos y consigue que lo mire.
Tiene esa expresión divertida que tanto odio...
Porque siempre acaba haciéndome sonreír.
—Si quieres puedo contarte exactamente qué estábamos haciendo.
Lo dice casi en un susurro.
Siento que el calor vuelve a subir por mi cuello.
Me aparto unos centímetros.
Él sonríe todavía más.
—No hace falta... —carraspeo—. Veo tus redes sociales. Sé que sales con muchas chicas... que estás siempre de fiesta... y... y no me importa.
—Mientes fatal, bella.
—No miento.
Sí miento.
—Solo... no entiendo por qué estás aquí conmigo pudiendo seguir con todo eso.
Él me observa unos segundos.
Esta vez ya no sonríe tanto.
—Porque prefiero estar aquí contigo.
Las palabras me golpean más fuerte de lo que esperaba.
—Pero yo no me parezco en nada a las chicas con las que sales. Ni siquiera me gusta salir. Solo con hacer cola en el supermercado ya me agobio...
Él vuelve a sujetarme la barbilla.
—Y ahora también te estás agobiando.