Bajo las luces de Miami

Capítulo 11

Sarah

—Lo tuyo parece sacado de una película. —Lola no puede dejar de reírse después de escuchar todo lo que pasó la noche anterior.

Me tapo la cara con las manos.

—No... Quiero morirme. Y que me entierren muy hondo. No puedo volver a verlo. No sé qué decirle... y encima me ha mandado un montón de mensajes.

—Eres tonta, tía. Muchísimas matarían por estar en tu lugar y tú estás huyendo.

—No voy a hacer nada con él...

Bajo la vista.

—Quiero que, cuando pase... sea especial.

Lola arquea una ceja.

—¿Más especial que hacerlo con tu amor platónico? Sarah, eso ya parece el final de una comedia romántica.

Sonrío apenas.

—Ya... pero seguro que yo no soy diferente a las demás chicas. Lo que está haciendo conmigo también lo habrá hecho con ellas.

Mi voz suena más triste de lo que pretendía.

— Pero ¿quieres? O sea ¿te gustaría?

— Yo… -digo nerviosa – si, no dejo de pensarlo, como sería si me dejara llevar, y luego surge el miedo y me acobardo. Por que pienso en toda la experiencia que tiene él y yo no estar a la altura…

— Y de que tus sentimientos se conviertan en mucho más.

Ahí tiene razón. Por que Noah me gusta, me gusta mucho, y siento mariposas cuando estoy con él. Y si fuera más allá, tal vez… tal vez eso se convirtiera en algo más.

En ese momento un coche pita junto a la acera.

Lola se gira.

—Anda... hablando del rey de Roma.

Todo mi cuerpo se tensa.

La fulmino con la mirada haciéndole gestos para que no diga nada.

La ventanilla baja.

—Hola, Lola.

Después me mira a mí.

—Sarah.

Me quedo completamente quieta.

Ni siquiera soy capaz de girarme.

Hasta que Lola me da un pequeño codazo.

—Saluda.

—H-hola...

Mi voz sale demasiado aguda.

Noah sonríe.

—¿Me prestas a tu amiga un momento?

—Por supuesto.

—No.

Respondemos las dos a la vez.

—Lola... —susurro entre dientes.

Ella me ignora por completo.

—Justo me iba a casa. Si quieres puedes acercarme de camino.

—Encantado.

—¡Lola!

—Gracias, Noah.

Voy a abrir la puerta de atrás, pero Noah se baja antes y me abre la del copiloto.

—Tú aquí.

Trago saliva.

Perfecto.

Qué forma tan bonita de morir.

Me siento intentando que no se note lo muchísimo que estoy sudando mientras me pongo el cinturón.

Después de dejar a Lola en su casa, el coche continúa avanzando.

Noah no dice nada.

Y, sorprendentemente, lo agradezco.

Aunque de vez en cuando noto que me observa por encima de las gafas de sol.

Levanto la vista cuando el coche atraviesa un portón automático.

Reconozco la casa.

Mi corazón vuelve a acelerarse.

—¿Qué hacemos aquí?

—Aquí nadie va a molestarnos.

Lo dice con total naturalidad.

Se baja del coche y yo lo sigo.

Entramos en la casa.

Él camina como si estuviera completamente relajado.

Yo, en cambio, no sé dónde mirar ni qué hacer con las manos.

—Igual Kate se preocupa si no me encuentra...

—Sarah.

Se gira hacia mí.

—Solo vamos a comer algo. Después, si te apetece, podemos darnos un baño en la piscina.

—Es que Kate...

—Basta.

Se acerca despacio.

No parece enfadado.

Solo decidido.

Me guía hasta el sofá y hace que me siente.

Después se sienta frente a mí.

—Vamos a solucionar esto antes de que explotes de los nervios.

Me toma las manos para impedir que siga retorciéndome los dedos.

—Llevas evitándome desde anoche.

Intento sonreír.

—No te estoy evitando.

Él levanta una ceja.

—¿Ah, no?




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