Bajo las luces de Miami

Capítulo 21

Sarah

Nuevo día.

Me despierto y me estiro en la cama, intentando despejar la cabeza.

Hoy no hay margen para distracciones.

Es el cumpleaños de Lola.

Y tengo un plan.

Uno perfecto.

O al menos eso quiero creer.

Paso la mañana de un lado a otro, organizando todo mientras Jerry mantiene a Lola ocupada fuera de casa.

—Vale, voy a por la tarta —digo finalmente.

Le lanzo un beso a Kate y a Sophia antes de salir.

La tarta está en mis manos.

La llevo con cuidado, como si cualquier movimiento en falso pudiera arruinarlo todo.

Estoy contenta.

Nerviosa.

Y, aun así… hay algo raro en el pecho.

Como si faltara una pieza.

Cruzo la calle sin mirar demasiado.

Y entonces sucede.

Un coche frena demasiado cerca.

Demasiado rápido.

Me sobresalto.

La tarta sale volando de mis manos.

—No… no, no, no…

Me agacho de inmediato.

Está destrozada.

Irreconocible.

—¡Eres un idiota! —estallo, levantándome de golpe.

La rabia me sube por el pecho.

Y entonces lo veo.

El conductor ya se ha bajado del coche.

Noah.

Se acerca rápido.

—Sarah… ¿estás bien?

Me aparto antes de que me toque.

—No, idiota —digo, mirando los restos de la tarta—. No estoy bien.

Él baja la mirada.

—Solo es una tarta. Puedo comprarte otra.

Suelto una risa incrédula.

—Tardan un día entero en hacerla. No voy a arruinarle el cumpleaños a Lola porque tú hayas decidido aparecer y estropearlo todo.

El aire cambia.

Demasiado rápido.

Sus ojos se quedan fijos en mí.

—No te pongas así —dice más bajo—. Dime qué quieres que haga.

Parpadeo.

—¿Qué?

—Haré lo que quieras. Solo… cálmate.

Me quedo quieta.

—¿Lo que quiera?

Asiente.

Una hora después estamos en la cocina.

Con ingredientes por todas partes.

Y Noah… en mi cocina.

No debería tener sentido.

Pero lo tiene.

Al menos ahora.

—Vale —dice mientras se remanga—. ¿Qué quieres que haga?

Le paso un bol.

—Rompe los huevos.

—¿Romper huevos? Eso sí lo sé hacer.

Lo observo mientras empieza a trabajar como si realmente supiera lo que hace.

Y, sin darme cuenta… me río.

—¿Te acabas de reír? —pregunta él al instante.

—No —carraspeo—. No.

—Claro.

Sigue moviéndose por la cocina con una seguridad absurda.

Demasiada.

Pasa detrás de mí para coger el chocolate y su mano roza mi cintura.

Un segundo.

Solo un segundo.

Pero suficiente.

Siento un escalofrío.

—Deja de hacer el payaso —digo intentando mantener la compostura.

—Estoy siendo totalmente profesional.

—No estás siendo nada profesional.

Se ríe.

—¿Y si no? ¿Me vas a castigar?

No debería.

Pero le tiro harina a la cara.

Silencio.

Un segundo.

Y luego…

—Dime que no has hecho eso.

Me muerdo el labio.

Y fallo.

Me río.

Él me devuelve el golpe sin pensarlo.

Y en segundos la cocina deja de ser una cocina.

Harina.

Huevos.

Chocolate.

Fresas.

Risas.

Demasiadas risas.

—¡Ya basta! —digo entre carcajadas.

—Pide perdón —responde él.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.