Noah
Llevo días intentando convencerme de que debo respetar su decisión de no querer verme. Pero me resulta imposible. Y ella se empeña tanto en fingir, en alejarse de mí...
Ayer la tenía. Casi la tenía. Y volvió a alejarse. Siempre vuelve a alejarse.
Pero, por mucho que trate de engañarme y de engañarse a sí misma, hay cosas que no se pueden fingir.
Y aquel día, en el ascensor, dejó de hacerlo. Aunque solo fuera por un instante. Inconscientemente.
Pudo haberme apartado, pero se aferró a mí, impidiendo que me separara de sus labios.
Fue entonces cuando comprendí que todo lo que había entre nosotros seguía ahí.
Por mucho que intente evitarlo, sé que le gusto, que la atraigo y que sigue deseando que pruebe con ella todas esas cosas que nunca ha querido probar con nadie.
La recuperaré. Lo sé.
—Eh, Noah —Jason entra en el estudio—. ¿Ya has terminado?
—Sí. Estaba recogiendo. —Salgo del estudio y me dejo caer en el sofá.
—Estás pensando en ella otra vez... —dice con una sonrisa.
—Siempre pienso en ella... —respondo con derrota.
Jason niega con la cabeza antes de sentarse a mi lado.
—Se le pasará, ya lo verás. Seguro que todo esto es una tontería.
—Solo me gustaría estar con ella a solas cinco minutos. Solo cinco. Que me mirara a la cara y me dijera que ya no quiere volver a verme.
Jason suspira y se pone en pie.
—No te rayes tanto, tío. Nos vemos en el concierto.
—Claro.
Jason se marcha y, en cuanto recuerdo lo del concierto, una idea empieza a tomar forma en mi cabeza.
Cojo el móvil, hago un par de llamadas y, por último, marco un número que tengo apuntado en un papel.
Un tono.
Dos.
Tres.
Empiezo a desesperarme.
—Como seas un vendedor, pienso colgarte ahora mismo.
—Lola... —digo aliviado.
—¿Noah? ¿Cómo has conseguido mi número?
—Soy famoso. Tengo contactos. Escucha, necesito pedirte un favor...
—¿Sabes que los favores se pagan, verdad?
—Y te daré lo que quieras. Estoy desesperado.
Escucho cómo suspira al otro lado del teléfono.
—¿Qué quieres?
—Hoy voy a actuar en un concierto. Es algo pequeño, privado. No habrá mucha gente.
Es uno de esos conciertos que hacemos para la discográfica cuando queremos presentar canciones nuevas. Nadie puede hacer fotos ni grabar para evitar filtraciones antes del lanzamiento oficial. Solo unos pocos fans invitados para ver cómo funcionan los temas en directo.
—Quiero que lleves a Sarah. —Hago una breve pausa—. Pero no le digas que yo voy a estar allí.
Lola suelta una risa incrédula.
—Eso te va a costar muy caro. ¿Lo sabes, no?
—Lo sé. Tú solo consigue que venga.
—Lo intentaré.
—Hay algo más...
La oigo suspirar otra vez.
—Dime.
—Después del concierto me la llevaré conmigo. Quiero que nos sigas... y que nos encierres.
Hay unos segundos de silencio.
—Perdona, ¿qué? ¿Tú quieres que Sarah me odie para siempre?
—Es la única forma de poder hablar con ella sin que salga corriendo como siempre. Te lo compensaré, Lola. Te lo prometo. Pero, por favor...
La escucho debatirse consigo misma antes de responder.
—Si pierdo mi amistad con Sarah por esto, te buscaré y te asesinaré. Sarah es una de las personas más increíbles que existen y, además, es mi amiga.
—Lo sé.
Claro que lo sé.
No hace falta que me lo recuerde. Precisamente por eso me gusta tanto.
—Te mandaré la entrada y la ubicación para que podáis pasar sin problemas.
—Gracias. De verdad, gracias.
La llamada termina y solo puedo esperar que nada se complique más y que consiga convencerla para ir.
Horas después llego al local donde se celebrará el evento.
Desde detrás del escenario observo cómo la gente empieza a entrar poco a poco.
Pero yo solo espero ver a una persona.
—Ey. —Jay León aparece detrás de mí—. No me dirás que estás nervioso.
—Para nada. Solo estoy esperando a alguien.
—¿A alguien? Más bien a una chica.
No puedo evitar sonreír como un idiota al oírlo. Incluso me río de mí mismo.
Porque, si alguien me hubiera dicho hace unas semanas que iba a sonreír así por una chica, me habría echado a reír.