Bajo las luces de Miami

Capítulo 24

Sarah

Llegamos al pequeño local y, nada más cruzar la entrada, nos piden que dejemos los móviles en unas taquillas.

—Es un evento privado —me explica Lola mientras guarda el suyo—. Quiero que te distraigas un poco después de estos días.

La miro con desconfianza.

—¿Y quién se supone que va a actuar?

Se encoge de hombros con una sonrisa demasiado inocente para resultar creíble.

—Pues... ni idea. Pero lo pasaremos bien, ya verás.

No termino de creerla, pero tampoco tengo fuerzas para discutir.

Nos acomodamos en nuestros asientos y las luces se apagan. Un foco ilumina el escenario y dos artistas que reconozco al instante aparecen entre los aplausos. Los escucho desde hace años.

—¡Buenas noches! Gracias por venir —saluda Jay León con una enorme sonrisa—. Hoy tengo conmigo a Rian K para presentar nuestra nueva colaboración... pero tenemos una sorpresa más. Hay otro artista que también participa en esta canción.

El local estalla en gritos. Yo permanezco sentada, expectante, intentando adivinar quién puede ser.

—¡Noah Walker!

El mundo se detiene.

Mi corazón deja de latir durante un segundo.

A mi lado, noto cómo Lola se pone rígida y se hunde un poco en el asiento.

Frunzo el ceño y la miro de reojo.

—¿Lola...?

Ella evita mi mirada.

No necesito que responda.

Lo sabía.

Todo esto estaba preparado.

Levanto la vista justo cuando Noah aparece entre las luces. El público enloquece, pero yo solo quiero desaparecer.

En cuanto empieza a cantar, me pongo de pie con la intención de salir de allí.

Mala idea.

La gente comienza a acercarse al escenario, empujándose entre risas y gritos. Intento avanzar hacia la salida, pero cada paso me arrastra justo en la dirección contraria.

Hacia él.

Empiezan a abrir un pasillo entre la multitud.

No.

Por favor, no.

Me giro lentamente.

Noah está frente a mí.

Sigue cantando, pero sus ojos no abandonan los míos ni un solo instante.

Retrocedo un paso.

Él avanza otro.

Intento esquivarlo, pero parece conocer cada uno de mis movimientos. Siempre termina cortándome el paso con esa maldita sonrisa ladeada que tanto odio… Y tanto recuerdo.

Cuando intento escapar una vez más, sus dedos encuentran los míos.

Su mano envuelve la mía con firmeza.

Me canta como si el resto del mundo hubiera dejado de existir.

Su pulgar acaricia el dorso de mi mano.

Después mi mejilla.

Mi respiración se acelera.

Quiero apartarme.

De verdad quiero hacerlo.

Pero mi cuerpo no responde.

En un momento me rodea desde atrás, apoyando apenas la barbilla cerca de mi hombro mientras sigue cantando. Siento todas las miradas sobre nosotros y solo consigo ponerme aún más nerviosa.

Cuando termina la canción, vuelve a colocarse frente a mí.

Sus manos descansan con suavidad sobre mi cintura.

Nos quedamos inmóviles.

El público sigue aplaudiendo, gritando, pidiendo otra canción... pero todo suena lejano.

Solo existimos él y yo.

—Tengo que hablar contigo —susurra junto a mi oído para que pueda escucharlo entre el ruido.

Trago saliva.

—Pero yo no quiero hablar contigo...

Su sonrisa desaparece apenas un instante.

La chispa divertida de sus ojos deja paso a una mirada mucho más seria.

Entrelaza sus dedos con los míos antes de que pueda reaccionar.

—Pues vas a tener que hacer una excepción.

Empieza a tirar suavemente de mí.

—¡Noah! ¡Suéltame!

Intento liberar mi mano, pero es inútil. No me está haciendo daño, aunque tampoco me deja marcharme.

—Cinco minutos, Sarah.

—No.

—Tres.

—He dicho que no.

Él sonríe de lado.

—Entonces serán cinco.

Pongo los ojos en blanco, completamente frustrada.

—Sigues siendo igual de insoportable.

—Y tú sigues huyendo cuando tienes miedo.

La frase me golpea más de lo que debería.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.