Sarah
En casa me encierro en mi habitación el resto de la noche.
Lola viene un par de veces a intentar hablar conmigo, pero no le abro.
Sigo demasiado enfadada.
Al cabo de un rato escucho unos golpecitos en la ventana.
Intento ignorarlos.
Vuelven a sonar.
Y otra vez.
Resoplo, me levanto de mala gana y aparto la cortina.
Noah.
Abro la ventana solo lo suficiente para mirarlo.
—Lárgate.
—No.
—Noah...
—Voy a entrar.
—Ni lo sueñes.
Se apoya en el marco con total tranquilidad.
—Tengo dos opciones: entro por aquí... o entro por la puerta principal despertando a toda la casa.
Lo fulmino con la mirada.
Él sonríe.
Como siempre.
Resignada, termino haciéndome a un lado.
Nada más entrar empieza a curiosearlo todo.
—¿Qué quieres? Ya me iba a dormir.
No responde.
Primero me mira a mí.
Luego baja lentamente la vista.
Solo entonces caigo en la cuenta de cómo voy vestida.
Mi pijama de verano.
Demasiado corto.
Demasiado ligero.
Cruzo los brazos instintivamente.
Él levanta una ceja.
—Ya veo...
—No mires tanto.
—¿Y si no puedo evitarlo?
—Pues haces un esfuerzo.
Sonríe otra vez.
—Solo venía a decirte que no te enfades con Lola. Solo me estaba haciendo un favor.
—Pues parece que ninguno de los dos ha entendido que quiero que te alejes de mí.
—Pero es que yo no quiero alejarme de ti.
Da un paso.
—Y sé que tú tampoco.
Se acerca despacio y juega distraídamente con el lazo de mi pantalón corto.
Solo ese roce hace que note el calor subir hasta mis mejillas.
—Mira cómo te pones cuando me acerco...
Lo dice casi al oído.
Después, como si no acabara de provocar un pequeño caos dentro de mí, se aleja y empieza a inspeccionar la habitación.
Va cogiendo cosas.
Yo voy detrás devolviéndolas a su sitio.
—Noah, tienes que irte.
—Pues a mí me apetece quedarme un rato.
Abre el armario.
Antes de que pueda detenerlo, una caja cae al suelo.
Mi sangre se congela.
No.
Justo esa no.
Él mira mi expresión y enseguida comprende que ha encontrado algo importante.
Se agacha, recoge la caja y, cuando intento arrebatársela, la levanta por encima de su cabeza.
—Noah...
Intento alcanzarla.
Imposible.
—Dámela, por favor.
—¿Qué hay aquí dentro para que te pongas así?
Se ríe.
—Noah, en serio...
Con una facilidad desesperante me aparta con un brazo y deja la caja sobre la cama.
La abre.
Y yo solo quiero que la tierra me trague.
CD, fotografías, revistas, entrevistas...
Todo.
Absolutamente todo relacionado con él.
Levanta una fotografía y después me mira con una sonrisa imposible de borrar.
—Vaya...
La diversión en sus ojos es insoportable.
—¿Tan enamorada estás de mí, Bella Durmiente?
—No...
Noto cómo me arden las mejillas.
—Eso no es mío.
—¿Ah, no?
Mira alrededor.
—Qué casualidad que esté en tu habitación.
—Bueno... sí es mío... pero es de hace mucho tiempo.
—Claro.
Coge otra fotografía.
—Esta es de hace apenas unos meses.
Levanto las manos derrotada.
Él niega con la cabeza entre risas.
—Definitivamente no servirías como actriz.
Me tapo la cara unos segundos.