Bajo las luces de Miami

Capítulo 28

Sarah

Cuando terminamos de desayunar, Noah me lleva a casa.

Al llegar, se baja del coche y me abre la puerta.

—Gracias por traerme —digo, todavía con una sonrisa tonta.

Antes de que pueda apartarme, me agarra de la cintura y me acerca a él.

Demasiado.

—¿Quedamos esta noche?

Asiento sin pensarlo mucho y le rodeo el cuello.

Me besa.

Y yo me pierdo en él.

Mis dedos se enredan en su pelo, atrayéndolo más hacia mí, como si no quisiera soltarlo nunca.

Esa sensación… de no cansarme.

De querer más incluso cuando ya tengo demasiado.

—Tengo que entrar —murmuro contra sus labios.

Me separo un poco, pero él vuelve a acercarme y me besa otra vez, rápido, como si no le bastara.

Suelto una risa.

—Nos vemos esta noche.

—Estoy deseándolo —dice, sonriendo.

Doy un paso hacia atrás para irme.

—Espera… solo uno más —murmura.

Y me roba otro beso antes de que pueda responder.

Esta vez sí me suelta.

Entro en casa con el corazón desordenado y la sonrisa imposible de esconder.

Me muevo en silencio, intentando no hacer ruido al subir a mi cuarto.

Estar enamorada…

Es peligroso.

Pero también es una de las mejores sensaciones que existen.

Felicidad.

Nervios.

Éxtasis.

Con Noah siento paz.

Como si, por fin, pudiera ser yo misma sin miedo.

Por la tarde quedo con Lola.

Va a enseñarme a patinar.

—Vamos, intenta mantener el equilibrio —dice mientras me sujeta.

—No estoy muy segura de que esto sea buena idea…

Intento sostenerme, pero perdemos el control las dos y acabamos en el suelo.

Nos miramos un segundo.

Y explotamos en carcajadas.

—Definitivamente esto no es lo tuyo —dice entre risas.

—Para nada —respondo, sin poder parar de reír.

Cuando recuperamos el aire, Lola me mira con una sonrisa curiosa.

—Entonces… tú y Noah. ¿Ya es oficial?

Me pongo roja al instante.

—No lo sé. Vamos a tener una cita… todavía no es nada “oficial”.

—Ya… —me empuja ligeramente con el hombro—. Pero tú te mueres de ganas.

—Solo un poco —admito.

Ella se ríe, pero luego se pone seria.

—Escúchame bien. Si vuelve a hacerte daño, me encargo yo.

La miro, segura.

—No lo va a hacer. Confío en él.

En casa me ducho sin prisas… o al menos lo intento.

Me pruebo ropa una y otra vez hasta que encuentro algo que me convence.

Estoy nerviosa.

Como si fuera a verlo por primera vez.

Me miro al espejo.

Respiro.

Me obligo a calmarme.

No ahora.

No hoy.

Cuando salgo, él ya está esperándome junto a su coche.

Traje.

Camisa.

Perfecto de una forma casi injusta.

Me quedo quieta un segundo, sin aire.

Y luego me acerco despacio.

—¿Qué pasa? —se ríe, cogiendo mis manos.

—Yo… —me río nerviosa—. Perdón, es que… quizá debería haberme cambiado.

Me miro a mí misma como si de repente todo estuviera mal.

Él sonríe.

—Estás perfecta.

Pausa.

—Aunque te falta algo.

—¿Qué? —pregunto, preocupada.

Sin responder, me acerca hacia él y me besa.

Corto.

Seguro.

—Esto —susurra.

Suelto una risa, ahora más tranquila.

Y subimos al coche.

—¿Y cuál es el plan? —pregunto mientras me pongo el cinturón.

—Cenar por ahí… y luego, si te apetece, una peli.

Sonrío.

—Me parece perfecto.




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