Sarah
Mientras vamos en el coche, apenas podemos apartar la vista el uno del otro. Apoyo la mano en su nuca y le acaricio el pelo con los dedos mientras conduce. Él, por su parte, descansa la mano libre sobre mi muslo. Con solo sentir nuestro contacto y cruzar nuestras miradas, basta para que el resto del mundo desaparezca.
Cuando llegamos al restaurante, me quedo quieta al darme cuenta de que está completamente vacío.
Solo nos reciben los camareros.
Lo miro, confundida.
—Prefiero mantener cierta intimidad... ya sabes —dice mientras toma mi mano—. Los paparazzi.
Me guía hasta la planta superior, donde nos espera una mesa iluminada por velas en la azotea.
Nos sentamos y enseguida nos sirven la cena.
Me siento un poco incómoda.
Nunca he tenido una cita de verdad y, después de todo lo que hemos vivido estos días, siento que la intimidad entre nosotros es aún mayor.
—Estás tensa —observa con una sonrisa divertida.
—Para nada —respondo antes de dar un sorbo a mi copa de agua.
—Sí que lo estás. Pensaba que después de todo ya había conseguido que se te quitara un poco la timidez.
Lo miro nerviosa y termino bajando la vista.
—Solo... intento procesar todo esto.
Su expresión se vuelve curiosa.
—¿Todo esto?
—Tú, yo... —titubeo—. Es como si mi sueño se hubiera hecho realidad de golpe. O quizá lo más lógico sería pensar que sigo soñando. Un sueño demasiado largo.
Él se ríe y se inclina ligeramente sobre la mesa.
—¿Así que un sueño hecho realidad, eh? ¿Me estás diciendo que ya estabas enamorada de mí antes de conocerme y me entero ahora?
Arquea las cejas con gesto divertido.
No puedo evitar reírme.
—Vamos... todas las chicas están locas por ti. Eres Noah Walker. Además, llevas coqueteando conmigo desde que nos conocimos.
Mi sonrisa se vuelve un poco más triste.
—Y sigo intentando entender por qué...
—Porque eres diferente. Diferente a todas esas chicas que están locas por mí —responde con naturalidad—. Porque no me trataste como los demás. Porque no intentaste aprovecharte de mí cuando tuviste la oportunidad. Y porque, por la forma en que me miras... por cómo me has mirado desde aquella noche, sé que lo que sientes es mucho más fuerte que una simple admiración.
Se queda observándome unos segundos.
—Así que explícame tú por qué alguien que no me conocía de nada podría sentir algo así.
La pregunta me deja sin aire.
Ha acertado en todo.
Aclaro la garganta y trato de sostener la intensidad de su mirada.
—Porque tú... tu música siempre ha sido mi refugio —confieso—. Y sé que siempre has estado rodeado de chicas impresionantes, fiestas y lujos. Yo no soy nada de eso. Pero incluso cuando solo podía verte a través de una pantalla, hacías que mi corazón se acelerara. Deseaba que me miraras, que me tocaras, como en tus videoclips. Ya sentía algo muy fuerte por ti. Y cuando te conocí y me besaste... por un momento sentí que todo podía hacerse realidad.
—¿Por un momento? —repite, humedeciéndose los labios con una sonrisa—. Llevo intentando tener esta cita contigo desde aquel día, bella durmiente. Pero siempre que parecía que avanzábamos un paso, era como si volvieras a echarte atrás.
Nuestras miradas se encuentran y ambos sonreímos.
Terminamos de cenar y después regresamos a su casa.
En la azotea ha preparado una sesión de cine al aire libre.
Me quito los tacones y me acerco a la montaña de cojines repartidos por el suelo.
—He preparado una selección de un poco de todo. Aunque espero que, si eliges una romántica, tus expectativas sobre mí no cambien.
Se acerca para dejarme un pequeño beso en los labios.
—Eso sería imposible... a menos que me pongas a Ian Somerhalder.
Noah suelta una carcajada.
—Vaya. ¿Tengo competencia?
—Mucha.
—Entonces tendré que esforzarme más.
Nos acomodamos entre los cojines.
Comemos palomitas mientras él me rodea con los brazos y yo me recuesto contra su pecho.
Al cabo de un rato noto su mirada clavada en mí.
—Te estás perdiendo la película —comento con una sonrisa.
—Es que estas vistas son bastante más interesantes.
Levanto la cabeza para mirarlo.
Nuestros ojos se encuentran.
El calor me sube por el pecho y siento cómo mi corazón se acelera.
Me inclino para besarlo y él me corresponde al instante.
Durante un segundo se aparta apenas lo suficiente para buscar mis ojos.