Sarah
Hoy Noah tiene cosas que hacer.
Estudio. Entrevistas. Sesiones de fotos.
Y yo llevo toda la mañana sintiendo que las paredes se me vienen encima. Intento leer. Intento ver una serie. Incluso trato de distraerme paseando por la casa, pero nada funciona. Mi mente vuelve una y otra vez a él. Ni siquiera hemos hablado. No me ha escrito.
Miro el móvil cada pocos minutos, como si eso fuera a hacer aparecer un mensaje. Cuando finalmente vibra entre mis manos, el corazón me da un vuelco. Es Noah y me está esperando en la playa.
Una sonrisa se dibuja en mis labios al instante.
Me calzo a toda prisa y salgo prácticamente corriendo de casa.
El viento me golpea el rostro cuando llego a la orilla.
Lo encuentro apoyado contra una palmera.
Está exactamente donde dijo que estaría.
Mi corazón se acelera y me acerco y le doy un beso suave en los labios.
—Hola.
—Hola.
Algo va mal. Lo noto al instante. Su voz no tiene ese tono juguetón que siempre utiliza conmigo. No sonríe. No me mira igual. Me separo lentamente.
—¿Qué pasa?
Su mandíbula se tensa.
—Tenemos que hablar.
Y siento cómo algo dentro de mí empieza a romperse.
—No podemos seguir con esto.
Parpadeo.
Estoy segura de haber escuchado mal.
—¿Qué...?
La palabra apenas sale de mi garganta.
—Mira, te mentí.
Su voz es fría.
Demasiado fría.
—Te utilicé, ¿vale? Solo quería experimentar un poco. Tú estabas ahí y... bueno, te pusiste en el punto de mira.
Lo miro sin comprender.
Como si estuviera hablando en otro idioma.
—No...
—Pero me lo has puesto tan fácil que ya me he cansado.
Siento que el aire desaparece de mis pulmones.
Mis ojos comienzan a llenarse de lágrimas.
—¿Por qué me estás diciendo esto?
—Porque nunca podrías encajar en mi mundo.
Su mirada recorre mi rostro.
—Y yo no puedo estar con alguien tan... simple.
Simple.
La palabra me golpea con más fuerza que cualquier otra cosa.
Simple.
Como si todo lo que soy pudiera resumirse en una sola palabra.
Como si no valiera nada.
Las lágrimas empiezan a caer sin control.
—Eres un capullo.
Lo empujo con rabia.
—¿Y lo de ayer? ¿Y todo lo que ha pasado?
Mi voz se quiebra.
—Te he dado momentos importantes de mi vida...
Lo vuelvo a empujar.
—No es justo.
Le golpeo el pecho con los puños, ni siquiera intento hacerle daño, solo necesito que duela menos.
—Te odio.
Y echo a correr.
No miro atrás, porque si lo hago, sé que me derrumbaré allí mismo. Cuando llego a casa ni siquiera recuerdo cómo. Las horas pasan sin que sea consciente de ello. Estoy sentada en el sofá con las rodillas contra el pecho y la mirada perdida en la televisión. No estoy viendo nada. Solo intento no pensar. Intento no recordar. Intento no llorar más. Entonces escucho una voz familiar. Levanto la cabeza, y mi corazón se detiene.
Es Noah. Aparece en la pantalla durante una entrevista. Subo el volumen y una fotografía nuestra aparece detrás de él. La de la cancha de baloncesto, dónde estamos muy juntos. Demasiado juntos.
El presentador sonríe.
—Y quién es esta chica.
Noah mira la imagen.
Y se ríe.
Se ríe.
—No es nadie. Solo una fan.
Siento que el estómago se me revuelve.
—¿Una fan?
—Sí. Solo le cumplí el sueño de acercarse a mí. La hice feliz, ya sabes cómo soy, Mike.
Bromea.
Como si yo fuera una anécdota, como si no hubiera significado nada, como si las noches, los besos y las promesas nunca hubieran existido. Y algo dentro de mí vuelve a romperse.
El presentador cambia de tema.
—Entonces, ¿lo tuyo con Dafne sigue adelante?
Noah sonríe.
—Estamos juntos.
Pum.
No hay otra forma de describirlo. Es el sonido de mi corazón haciéndose añicos. Empiezo a llorar. Primero en silencio. Luego incapaz de contener los sollozos. Me cubro la cara con las manos y no sé cuánto tiempo pasa hasta que escucho la puerta abrirse.